Xvideos Trio Bi Mi Primera Vez
Estaba en una peda chida en la playa de Cancún, con el sol ya metido y la luna iluminando el mar como si fuera plata líquida. El aire olía a sal, a coco de los tragos y a esa mezcla de sudor y perfume barato que pone caliente a cualquiera. Yo, Alex, un morro de veintiocho años que trabaja en una agencia de viajes, andaba platicando con unos cuates cuando vi a Carla. Esa morenaza con curvas que no acababan, pelo negro largo y una sonrisa que te derretía los huevos. A su lado, Luis, su novio, un vato alto, atlético, con tatuajes en los brazos y una mirada pícara que decía "yo sé lo que quiero".
Nos echamos la plática de volada. Resulta que eran de la CDMX, pero venían de vacaciones. "Órale, carnal, ¿has visto esos videos de xvideos trio bi?", me soltó Luis de repente, con una cerveza en la mano y los ojos brillando. Carla se rio, dándole un codazo juguetón. "
¿Y si lo ponemos en práctica, mi amor?", le dijo ella, mirándome fijo. Sentí un cosquilleo en la verga, como si el trago me hubiera pegado de golpe. Nunca había pensado en tríos, mucho menos bi, pero la idea me prendió. "¿En serio, wey?", les dije, tratando de sonar casual, pero mi pulso ya iba a mil.
Terminamos en su suite del hotel, un lugar con vista al mar, luces tenues y una cama king size que parecía gritar "aquí se arma el desmadre". El olor a sábanas frescas y a su perfume floral me envolvió. Pusieron su laptop en la mesita, y Luis abrió xvideos. "Mira este trio bi, carnal. Es de locos", dijo mientras el video empezaba. En la pantalla, dos vatos y una chava se comían vivos: besos, manos por todos lados, vergas duras rozándose. El sonido de gemidos ahogados y piel chocando me puso la piel chinita. Carla se acurrucó contra mí, su mano rozando mi muslo. "¿Te late?", susurró, su aliento caliente en mi oreja. Asentí, la boca seca, el corazón latiéndome en la garganta.
El deseo empezó lento, como una ola que se arma en el horizonte. Luis apagó el video y nos miró. "Vamos a hacer lo nuestro mejor que ese xvideos trio bi". Se acercó, besó a Carla profundo, sus lenguas danzando visiblemente. Yo los veía, hipnotizado, oliendo su excitación que ya flotaba en el aire como un perfume almizclado. Carla se giró hacia mí, sus labios suaves y carnosos presionando los míos. Sabían a tequila y a miel, dulces y ardientes. Su lengua exploró mi boca mientras su mano bajaba a mi pantalón, sintiendo mi verga ya tiesa como fierro.
¿Qué chingados estoy haciendo? Nunca he tocado a un vato así, pero se ve tan natural, tan rico, pensé, mientras Luis se ponía detrás de ella, besándole el cuello. Ella gimió bajito, un sonido ronco que me erizó los vellos. Me quité la playera, sintiendo el aire fresco en mi piel sudada. Luis hizo lo mismo, sus músculos brillando bajo la luz de la luna que entraba por la ventana. Se acercó a mí, vacilante al principio, pero con una sonrisa confiada. "Relájate, carnal. Es puro placer". Sus labios rozaron los míos, ásperos, con barba de tres días que raspaba delicioso. Sabía a cerveza y hombre, un sabor nuevo que me aceleró el pulso.
Carla nos empujó a la cama, riendo. "¡Ya, pendejos, quítense todo!". Nos desnudamos rápido, el sonido de telas cayendo como un preludio. Su cuerpo desnudo era una obra de arte: pechos firmes con pezones oscuros duros, caderas anchas y una panocha depilada que brillaba húmeda. Luis tenía una verga gruesa, venosa, apuntando al techo. La mía no se quedaba atrás, palpitando. Ella se arrodilló entre nosotros, tomando una verga en cada mano. El tacto de sus dedos calientes, suaves, me hizo jadear. Empezó a mamarme, chupando la cabeza con labios sellados, la lengua girando como un remolino. Olía a su saliva mezclada con mi pre-semen, salado y adictivo.
Luis gemía a mi lado, su mano en mi hombro apretando. "Qué rico, wey", murmuró. Extendí la mano, curioso, y toqué su verga. Era dura, caliente, latiendo bajo mi palma. Un escalofrío me recorrió la espalda.
Esto está cañón, pero se siente chingón. No hay pedo, puro flow. Carla nos miró con ojos lujuriosos, masturbándonos mutuamente mientras ella alternaba mamadas. El sonido de succión, húmedo y obsceno, llenaba la habitación junto con nuestros jadeos. Sudábamos, el olor a macho y hembra empapando las sábanas.
La tensión subía como la marea. Carla se subió a horcajadas sobre mí, guiando mi verga a su entrada. Estaba empapada, resbalosa, envolviéndome centímetro a centímetro. "¡Ay, cabrón, qué gruesa!", gritó, clavándome las uñas en el pecho. Empezó a cabalgar, sus nalgas rebotando contra mis muslos con un plaf plaf rítmico. Luis se puso detrás de ella, escupiendo en su mano para lubricar su ano. Ella asintió ansiosa. "Sí, mi amor, métemela". Él empujó lento, y ella aulló de placer, atrapada entre nosotros dos. Sentía su calor apretándome, sus paredes contrayéndose con cada embestida de Luis.
Nos movíamos en sincronía, como si hubiéramos ensayado. El sudor nos unía, piel resbalosa chocando. Olía a sexo puro: almizcle, semen, jugos de ella. Luis se inclinó sobre Carla para besarme, su lengua invadiendo mi boca mientras follábamos.
Esto es otro nivel, carnal. Me encanta sentirlo tan cerca, su verga rozando la mía separadas solo por su carne. Carla temblaba, al borde. "¡Me vengo, pinches cabrones!", rugió, su coño apretándome como un puño, chorros calientes mojándonos. Eso me mandó al clímax: eyaculé dentro de ella, chorros potentes que sentía saliendo de mí, mientras Luis gruñía y se vaciaba en su culo.
Pero no paró ahí. Nos corrimos los tres, pero el fuego seguía. Carla se apartó jadeante, besándonos a los dos. "Ahora ustedes dos, como en ese xvideos trio bi". Luis y yo nos miramos, sonriendo pícaros. Me puse de rodillas, corazón retumbando. Tomé su verga aún dura, brillosa de semen y jugos. La metí a la boca, saboreando el mix salado, terroso. Él gimió fuerte, mano en mi cabeza guiándome. Carla se masturbaba viéndonos, sus dedos chapoteando en su panocha hinchada.
Me chupó de vuelta, su boca experta tragándosela hasta la garganta. El sonido gutural, las arcadas suaves, me volvían loco. Nos pusimos en 69, vergas en bocas, bolas lamiéndose, anos rozados con dedos curiosos. El olor intenso de nuestras entrepiernas, sudor y semen viejo, era embriagador. Carla se unió, lamiendo donde podía, su lengua en mis bolas mientras yo mamaba a Luis.
La intensidad creció hasta explotar de nuevo. Luis se corrió primero, inundándome la boca con leche espesa, caliente, que tragué con gusto, un sabor amargo-dulce que me marcó. Yo seguí, eyaculando en su cara mientras Carla lamía el resto. Ella se vino frotándose contra nosotros, gritando en éxtasis.
Caímos exhaustos en la cama, cuerpos entrelazados, piel pegajosa y palpitante. El mar rugía afuera, como aplaudiendo. Carla suspiró, besándonos. "Eso fue mejor que cualquier xvideos trio bi, ¿verdad?". Luis rio, abrazándome. "Chido, carnal. Eres bienvenido cuando quieras". Yo asentí, el cuerpo pesado de placer, la mente flotando en una nube de satisfacción.
Quién iba a decir que mi primera vez bi sería así de épica. Ya quiero más.
Nos quedamos así hasta el amanecer, charlando pendejadas, riendo, tocándonos suaves. El sol salió tiñendo el cielo de rosa, y con él, una promesa de más noches locas. Salí de ahí cambiado, con el sabor de ellos en la piel y el alma en llamas.