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Javier Solis Con Trio Ardiente

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Javier Solis Con Trio Ardiente

La noche en el bar de Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva. Javier Solís, no el cantante legendario sino un wey alto y moreno que llevaba su nombre con orgullo, se recargaba en la barra con un tequila reposado en la mano. El lugar vibraba con el sonido ronco de Javier Solís con trío, esas rancheras que salían de los bocinas como un susurro caliente, hablando de amores imposibles y cuerpos que se buscan en la oscuridad. El humo del tabaco se mezclaba con el aroma dulce de los perfumes caros y el sudor fresco de la gente que bailaba pegadito.

Javier dio un trago largo, sintiendo el fuego del tequila bajar por su garganta y encenderle el pecho. Tenía treinta y tantos, cuerpo de gimnasio y una sonrisa que derretía morras. Esa noche no buscaba nada serio, solo dejarse llevar por el ritmo. Ahí fue cuando las vio: Ana y Lupe, dos chavas que parecían sacadas de un sueño húmedo. Ana, con su pelo negro largo cayéndole por la espalda como una cascada de medianoche, vestido rojo ceñido que marcaba sus curvas generosas. Lupe, rubia teñida, ojos verdes felinos y un short que dejaba ver piernas interminables. Reían entre ellas, moviendo las caderas al son de "Payaso", la voz de Javier Solís con trío envolviéndolas como una caricia.

Órale, carnal, estas morras son puro fuego, pensó Javier, sintiendo un cosquilleo en la verga que ya empezaba a despertar.
Se acercó con paso seguro, ofreciéndoles un trago. "Buenas noches, reinas. ¿Les late Javier Solís con trío o qué? Esa rola siempre me pone a mil."

Ana lo miró de arriba abajo, lamiéndose los labios pintados de rojo. "Neta, wey, es lo máximo. Nosotras venimos a bailar y a sudar un rato." Lupe se pegó a su amiga, rozando su mano en el brazo de Javier. "Únete, guapo. Queremos compañía que sepa mover el culo."

El principio fue puro coqueteo: bailes pegados donde los cuerpos se rozaban accidentalmente al principio, pero con intención después. Javier sentía el calor de las tetas de Ana presionadas contra su pecho, el aroma de su perfume mezclado con sudor femenino que le llegaba directo al cerebro. Lupe le susurraba al oído, su aliento caliente oliendo a margarita: "Tienes manos que curan, Javier. Tócanos más." La música de Javier Solís con trío seguía sonando, ahora "Sombras", con esa guitarra que gemía como una amante desesperada. El deseo crecía lento, como el tequila que se calienta en el estómago.

Después de unos shots, terminaron en una mesa apartada. Ana se sentó en el regazo de Javier, su culo firme frotándose contra su entrepierna endurecida. "Sientes eso, amor? Es por ti", le dijo ella, mordiéndose el labio. Lupe besó el cuello de Ana primero, un beso juguetón que hizo que Javier jadeara.

Pinche trío de locos, esto va pa'l carajo bueno, se dijo Javier, el pulso latiéndole en las sienes y en la verga.
Las manos exploraban: las de él subiendo por los muslos de Lupe, suaves como seda caliente; las de ellas desabotonando su camisa para lamerle el pecho velludo.

La tensión era palpable, el aire espeso con el olor a excitación. Javier las miró a los ojos, oscuro el de Ana, felino el de Lupe. "¿Quieren seguir esto en otro lado? Mi depa está cerca, neta que quiero comérmelas enteras." Ambas asintieron, sonriendo con picardía. "Sí, Javier Solís, llévanos a tu mundo", dijo Lupe, apretando su paquete con disimulo.

En el taxi, el escaneo subió de nivel. Ana metió la mano por el pantalón de Javier, acariciando su verga gruesa que palpitaba como un corazón salvaje. "Está dura como piedra, Lupe, ven a sentir." Lupe se unió, sus dedos finos uniéndose al masaje lento. Javier gemía bajito, oliendo sus cabelleras mezcladas, el cuero del asiento crujiendo bajo sus cuerpos inquietos. Qué chingón, dos morras que saben lo que quieren, pensó, el deseo quemándole las venas.

Llegaron al depa de Javier en la Roma, un lugar chido con vista a la ciudad iluminada. Apenas cerraron la puerta, las luces bajas y el eco de Javier Solís con trío que él puso de fondo en el Spotify. Ana lo empujó al sofá, quitándole la camisa de un jalón. "Te vamos a devorar, rey." Lupe se desvistió primero, quedando en tanga negra que apenas cubría su concha depilada, tetas firmes con pezones rosados endurecidos. Ana siguió, su cuerpo voluptuoso brillando con sudor, areolas grandes oscuras invitando a morder.

El medio acto fue una escalada de sensaciones. Javier las besó alternadamente, lenguas danzando húmedas, sabor a tequila y saliva dulce. Sus manos everywhere: amasando las nalgas redondas de Ana, pellizcando los pezones de Lupe que gritaba de placer.

Mierda, esto es mejor que cualquier rola de Javier Solís con trío, puro sentimiento en la piel
. Lupe se arrodilló, bajándole el pantalón para sacar su verga venosa, gorda y lista. "Qué rica verga, Javier", dijo antes de chuparla profundo, garganta apretada succionando con maestría. Ana se unió, lamiendo las bolas pesadas, sus labios suaves rozando la piel sensible.

Javier las recostó en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio. Primero Ana: abrió sus piernas, oliendo su excitación almizclada, concha hinchada mojada reluciente. La lamió lento, lengua plana saboreando jugos salados dulces, clítoris endurecido bajo su presión. Ana arqueaba la espalda, uñas clavadas en su cabeza: "¡Ay, wey, no pares, me vengo!" Lupe observaba, masturbándose, dedos hundidos en su propio calor.

Cambiaron posiciones fluidas, como un baile perfecto. Javier penetró a Lupe de misionero, su verga abriéndose paso en esa concha apretada caliente, paredes vaginales pulsando. "¡Más duro, cabrón!", gritaba ella, piernas envolviéndolo. Ana se sentó en la cara de Lupe, frotando su concha contra la boca ansiosa, gemidos ahogados mezclándose con el slap slap de carne contra carne. Javier sentía el olor de sus sexos unidos, sudor goteando, corazones retumbando.

La intensidad creció: Javier sacó, entró en Ana por detrás, doggy style, nalgas rebotando contra su pubis, mano enredada en su pelo. Lupe debajo, lamiendo donde se unían, lengua en el clítoris de Ana y bolas de Javier.

Esto es el paraíso, pinches diosas, el clímax se acerca como tormenta
. Los jadeos llenaban la habitación, mezclados con la guitarra melancólica de Javier Solís con trío de fondo, ahora "Cielo", irónico y perfecto.

El final explotó en olas. Lupe se vino primero, temblando alrededor de la verga de Javier, chorro caliente mojando sábanas. "¡Me corro, chingado!" Ana siguió, gritando su nombre mientras él la martillaba profundo, concha contrayéndose ordeñándolo. Javier no aguantó más: sacó su verga palpitante, las dos morras arrodilladas abriendo bocas ansiosas. Chorros espesos de semen caliente salpicaron lenguas, caras, tetas, ellas lamiendo todo, besándose para compartir el sabor salado almizclado.

Se derrumbaron en la cama, cuerpos enredados sudorosos, respiraciones calmándose. Javier las abrazó, besando frentes húmedas. "Qué noche, reinas. Javier Solís con trío no se compara." Ana rió bajito, trazando círculos en su pecho. "Fue consensual y chingón, amor. Volvemos cuando quieras." Lupe bostezó satisfecha: "Neta, eres un semental."

En el afterglow, con la ciudad murmurando afuera y la música apagada, Javier sintió una paz profunda. No era solo sexo; era conexión, deseo mutuo que los había unido como en una rola eterna. Se durmieron así, piel con piel, sabiendo que el recuerdo ardiente perduraría.

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