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Nutrilite Tri Iron Folic Despertar Pasional

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Nutrilite Tri Iron Folic Despertar Pasional

Me sentía como un trapo viejo, pendeja yo por no cuidarme más. Trabajando todo el día en la oficina, con el pinche tráfico de la Ciudad de México que me chingaba los nervios, y encima esa fatiga que no me dejaba ni disfrutar la noche con mi carnal, Jorge. Él llegaba del gym, todo sudado y guapo, con esos músculos que me ponían a mil, pero yo nomás quería dormir. Hasta que mi compa Lupita me dijo: "Óyeme, Ana, prueba el Nutrilite Tri Iron Folic. Es puro hierro y ácido fólico, te va a dar un chingón de energía, como si te hubieran inyectado vida". No lo pensé dos veces, lo compré en la tienda naturista de la esquina y empecé a tomarlo religiosamente.

Al principio no noté nada, pero a la tercera semana, ¡órale! Sentí el cambio. Despertaba con el sol colándose por las cortinas, oliendo el café que Jorge preparaba abajo, y mi cuerpo respondía diferente. Ya no pesaba como plomo; era ligera, vibrante. Ese día, viernes, me miré en el espejo del baño: mis pechos se veían más firmes bajo la blusa delgada, mis caderas curvas me guiñaban un ojo. Me toqué la piel del vientre, suave y cálida, y un cosquilleo subió por mi espina.

¿Qué pedo con esto? El Nutrilite Tri Iron Folic me está volviendo una diosa.
Sonreí pícara, imaginando las manos de Jorge explorándome.

Jorge llegó temprano, con su sonrisa de galán que me derrite. "¡Hola, mi reina!", gritó desde la puerta, y su voz grave me erizó la piel. Lo abracé fuerte, presionando mi cuerpo contra el suyo. Olía a sudor fresco del ejercicio y a ese desodorante masculino que me vuelve loca. Sus brazos me envolvieron, duros como rocas, y sentí su calor filtrándose por mi ropa. "Estás rarísima hoy, ¿no? ¿Qué te traes?", me dijo riendo, besándome el cuello. Su aliento caliente me hizo jadear bajito. "Nada, amor, solo que me siento chida total. Gracias a ese suplemento que me recomendó Lupita". Él arqueó la ceja, curioso, mientras sus manos bajaban a mis nalgas, apretándolas suave. "Pues se nota, estás on fire".

Nos sentamos a cenar tacos de suadero que pedimos de la taquería de don Raúl, con cebollita y cilantro fresco que crujía en la boca. Cada bocado era jugoso, picante, y el limón chorreaba por mis dedos. Jorge me miraba fijo, sus ojos oscuros devorándome. Bajo la mesa, su pie rozaba mi pantorrilla, subiendo lento, provocador. Mi corazón latía fuerte, como tambor en fiesta. Ya valió, este güey me va a matar de anticipación, pensé, mientras el calor entre mis piernas crecía. Terminamos de comer rápido, riendo como pendejos, y él me jaló al sillón. "Ven pa'cá, mi vida". Me sentó en su regazo, mis muslos abriéndose sobre los suyos. Sentí su verga endureciéndose contra mí, gruesa y caliente a través del pantalón. Gemí bajito, frotándome despacio.

Sus labios capturaron los míos, beso profundo, lengua danzando con la mía, sabor a salsa verde y deseo puro. Sus manos subieron por mi espalda, desabrochando el bra, liberando mis tetas. Las amasó suave, pulgares rozando mis pezones que se pusieron duros como piedras. "Qué ricas estás, Ana, más que nunca", murmuró contra mi piel, lamiendo mi clavícula. El sonido de su respiración agitada llenaba la sala, mezclado con el tráfico lejano de la avenida. Mi piel ardía donde me tocaba, cosquilleos eléctricos bajando directo a mi clítoris hinchado. Me quité la blusa, quedando en brassiere y falda corta. Él se la bajó, exponiendo su pecho velludo, pectorales firmes que besé con hambre, saboreando la sal de su sudor.

Lo empujé al sillón, montándolo como reina. Mis manos exploraron su abdomen marcado, bajando al cierre de su jeans. Lo abrí lento, torturándolo. "Paciencia, cabrón", le dije juguetona, y él gruñó, agarrándome las caderas. Saqué su polla, venosa y palpitante, goteando pre-semen que lamí de la punta. Sabor salado, masculino, adictivo. La chupé despacio, lengua girando alrededor del glande, oyendo sus gemidos roncos: "¡Ay, wey, qué chingón!". Mi boca se llenaba de él, succionando hasta la garganta, mientras mis dedos jugaban con sus huevos pesados. Él jadeaba, manos en mi pelo, guiándome sin forzar.

Pero quería más. Me paré, quitándome la falda y las calzones de encaje rojo. Mi coño depilado brillaba húmedo, olor a excitación flotando en el aire. Jorge se lamió los labios, ojos hambrientos. "Siéntate en mi cara, mi amor". Obedecí, bajando sobre su boca. Su lengua me abrió como flor, lamiendo mi clítoris con maestría, chupando mis labios hinchados. Gemí fuerte, caderas moviéndose solas, el sonido húmedo de su lamida mezclándose con mis gritos: "¡Sí, así, no pares!". Sentía su nariz rozando mi monte, barba raspando mis muslos sensibles. El orgasmo se acercaba, tensión en mi vientre, pero lo frené. "No aún, quiero sentirte dentro".

Me giré, en reversa, guiando su verga a mi entrada. Entró de un jalón, llenándome completa, estirándome delicioso. "¡Carajo, qué apretada!", rugió él, manos en mis nalgas abofeteándolas suave. Cabalgaba fuerte, tetas rebotando, sudor chorreando por mi espalda. El slap-slap de piel contra piel resonaba, mi jugo lubricando todo. Él se sentaba, mordisqueándome el hombro, dedos pellizcando mis pezones.

Esto es el cielo, el Nutrilite me dio esta energía de fiera en celo.
Cambiamos: él encima, misionero intenso, piernas en sus hombros, embistiéndome profundo. Cada thrust tocaba mi punto G, placer punzante. Olía a sexo puro, nuestros fluidos mezclados.

La tensión crecía, mis uñas clavadas en su espalda, su aliento en mi oreja: "Vente conmigo, Ana, déjate ir". Aceleró, bolas golpeando mi culo, y exploté. El orgasmo me sacudió como terremoto, coño contrayéndose alrededor de su polla, chorros de placer mojando las sábanas. Él gruñó animal, llenándome de semen caliente, pulsos interminables. Colapsamos, jadeando, cuerpos pegajosos entrelazados. Su peso sobre mí era perfecto, corazón latiendo contra el mío.

Después, en la cama, con sábanas revueltas y el ventilador zumbando suave, me acurruqué en su pecho. Olía a nosotros, a satisfacción. "Gracias por el Nutrilite Tri Iron Folic, amor. Me hizo renacer", le susurré. Él rio bajito, besándome la frente. "Siempre serás mi fuego, con o sin vitaminas". Sentí paz profunda, el cuerpo relajado pero vivo, lista para más noches así. Mañana pediré otro frasco. Chido total esta vida.

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