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Tri Logo Erótico

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Tri Logo Erótico

Era una noche calurosa en mi depa de la Condesa, con el skyline de la Ciudad de México brillando por la ventana. Yo, Ana, acababa de invitar a mi carnala Carla y al vecino Marco para una chela y platicar pendejadas. Carla, con su melena negra suelta y ese vestido rojo que le marcaba las curvas, siempre tan pinche sexy sin esfuerzo. Marco, alto, moreno, con esa barba recortada y ojos que te desnudan con la mirada. Neta, los dos me prendían desde el primer día que los conocí.

Estábamos tirados en el sofá de cuero, con una botella de tequila reposado en la mesa y vasos con sal y limón. La música de Natalia Lafourcade sonaba bajito, esa rola suave que te pone romántico. Órale, pensé, esta noche va a estar chida. Empezamos platicando de la chamba, del tráfico culero, pero pronto Carla sacó el tema de los juegos.

¿Y si jugamos algo nuevo? Algo que nos suelte la lengua...
dijo ella, guiñándome el ojo. Marco se rio, su voz grave retumbando en el cuarto. ¿Qué traes en mente, reina? le contestó.

Ahí nació el Tri Logo. Lo inventamos en el momento: un juego para tres, donde cada quien dice tres palabras que arman una historia erótica. Nada de reglas pendejas, solo imaginación y lo que te salga del alma. El primero que se rinda o se ponga nervioso, paga la siguiente ronda. Neta, sonaba inocente, pero el aire ya se sentía cargado, como antes de la lluvia en verano.

Empecé yo. Manos suaves rozando piel. Carla siguió: Labios húmedos besando cuello. Marco remató: Cuerpos entrelazados sudando juntos. Nos reímos, pero sentí un cosquilleo en el estómago. El olor a tequila mezclado con el perfume de Carla, floral y dulce, me invadió las fosas nasales. Su pierna rozó la mía accidentalmente, y el calor de su piel me erizó los vellos.

Segunda ronda. Yo: Dedos explorando curvas ocultas. Carla, con voz más ronca: Lengua lamiendo pezones duros. Marco, mirándome fijo: Verga palpitante lista para entrar. No mames, el ambiente se puso espeso. Mi corazón latía fuerte, como tamborazo en una fiesta. Imaginé su verga, gruesa y venosa, y mi panocha se humedeció al instante.

¿Esto es real o sueño? Quiero más...

Bebimos otro trago, el limón ácido en la lengua, la sal picando. Las luces tenues del depa pintaban sombras en sus cuerpos. Carla se acercó más, su mano en mi muslo ahora intencional, masajeando suave. Sigue, Ana, no te rajes, me dijo, su aliento cálido en mi oreja. Tercera ronda. Yo: Clítoris hinchado rogando roce. Carla: Chupada profunda tragando saliva. Marco: Empuje rítmico gimiendo placer.

Ya no había vuelta atrás. El Tri Logo nos había desatado. Marco se paró, nos tomó de las manos y nos jaló al piso, sobre la alfombra mullida. Esto es mejor que palabras, murmuró, mientras me besaba. Sus labios firmes, barba raspando mi barbilla, lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila. Carla se pegó por detrás, besando mi cuello, sus tetas suaves presionando mi espalda. Sentí sus pezones erectos como piedritas.

Nos quitamos la ropa con urgencia, pero sin prisa. Mi blusa voló, el bra negro cayendo. Marco chupó mis tetas, succionando fuerte, haciendo que jadee. ¡Qué rico, cabrón! grité. Carla metió la mano en mi calzón, dedos resbalosos en mi humedad. Estás empapada, amiga, susurró, mientras frotaba mi clítoris en círculos. El sonido de su dedo chapoteando en mis jugos era obsceno, excitante. Olía a sexo, a sudor fresco y deseo puro.

Su piel sabe a sal y aventura, no quiero que pare nunca.
Marco se bajó los pantalones, su verga saltando libre, dura como fierro, cabeza morada brillando de precum. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre músculo rígido, latiendo en mi palma. Carla se arrodilló y la lamió desde la base hasta la punta, lengua plana y lenta. Mmm, sabe a hombre, dijo, y me jaló para que la chupáramos juntas.

Nuestras lenguas se enredaron en su verga, rozándonos la boca. Él gemía bajito, manos en nuestras cabezas, guiando sin forzar. Chínguen, qué mamadas tan chingonas. Mi coño ardía, vacío queriendo ser llenado. Me recosté, abriendo las piernas. Carla se subió encima, su panocha depilada rozando la mía, clítoris contra clítoris, frotando en tijeras. El roce eléctrico, húmedo, resbaloso. Gritos ahogados llenaban el aire.

Marco nos miró, pajeadose lento. Quiero las dos. Se posicionó detrás de Carla primero, escupiendo en su mano para lubricar. La punta entró despacio en su chocha, ella arqueando la espalda. ¡Ay, sí, métela toda! Marco empujaba rítmico, sus huevos golpeando suave. Yo lamía donde se unían, probando su mezcla: salado, dulce, almizclado. Luego se movió a mí, su verga caliente abriéndome, llenándome hasta el fondo. Estás apretada, Ana, qué delicia.

Cambiábamos posiciones como en el Tri Logo, fluidos y perfectos. Carla encima de mí, 69 glorioso: su lengua en mi clítoris, chupando como diosa, mientras yo devoraba su panocha goteante. Marco nos cogía alternando, primero a una, luego la otra. Sudor corría por espaldas, pechos rebotando, gemidos convirtiéndose en gritos. ¡Más fuerte, pendejo! ¡Cógeme! El olor a sexo impregnaba todo, pieles chocando con palmadas húmedas.

El clímax se acercaba. Sentí el orgasmo construyéndose, como ola en la playa de Puerto Escondido. Marco aceleró, gruñendo. Me vengo... Carla temblaba sobre mi cara, chorro caliente en mi lengua. Yo exploté, coño contrayéndose alrededor de su verga, visión borrosa de placer. Él se sacó y nos pintó las tetas con chorros espesos, calientes.

Caímos exhaustos, respiraciones jadeantes, cuerpos pegajosos. Carla me besó suave, Marco nos abrazó. El cuarto olía a nosotros, a satisfacción.

Neta, el Tri Logo fue lo mejor que inventamos. ¿Repetimos?
Nos reímos bajito, pieles aún sensibles al toque. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero aquí, en nuestro mundo, todo era perfecto. El afterglow duró horas, platicando susurros, caricias perezosas. Sabía que esto no acababa aquí; el deseo se había multiplicado por tres.

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