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Anal Trio Casero Inolvidable

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Anal Trio Casero Inolvidable

Era una noche calurosa en la casa, de esas que te hacen sudar hasta el alma en el DF. Yo, Ricardo, acababa de llegar del trabajo, con el cuerpo pesado pero el ánimo arriba porque sabía que Ana, mi vieja, había invitado a su compa Luisa. Las dos eran carnales desde la uni, y Luisa siempre traía esa vibra picosita que me ponía a mil.

Ana me recibió con un beso que sabía a tequila y a ganas contenidas. Órale, carnal, qué chido que llegaste, me dijo con esa sonrisa que me derrite. Luisa ya estaba en la sala, con un shortcito que le marcaba el culazo y una blusa escotada que dejaba ver sus chichotas firmes. Nos sentamos a platicar con unas chelas frías, el aire del ventilador zumbando bajito y el olor a limón y sal del barrio flotando por la ventana.

La plática fluyó rápido. Ana, con sus ojos cafés brillando, soltó: Neta, Luisa, siempre hemos hablado de experimentar, ¿no? Ricardo es un padre en la cama, pero ¿y si le damos vuelo a la hilacha? Luisa se rió, juguetona, y me miró de reojo. Pos sí, wey, un trío sonaría chingón. ¿Tú qué dices, Ric? Sentí un cosquilleo en el estómago, el corazón latiéndome fuerte contra las costillas. ¿De veras va a pasar esto?, pensé, mientras el calor subía por mi verga, que ya se empezaba a poner dura bajo los jeans.

Bebimos más, las risas se volvieron susurros calientes. Ana se acercó a mí, su mano tibia rozándome el muslo, y Luisa no se quedó atrás, acomodándose en el sofá con las piernas abiertas un poquito, dejando ver el encaje de su calzón. El aire se cargó de ese olor dulce a hembra excitada, mezclado con el sudor ligero de la noche.

Esto es lo que siempre quise, un anal trio casero con las dos morras que me traen loco. Pero ¿y si no sale bien? Nah, carnal, relájate, van con todo.

Acto seguido, Ana me jaló de la playera y me plantó un beso profundo, su lengua saboreando a cerveza y deseo. Luisa se unió, besándome el cuello, sus labios suaves como terciopelo, mordisqueando mi oreja. Te vamos a volver loco, pendejo, murmuró Luisa, y yo solo atiné a gemir bajito.

Nos fuimos al cuarto, el colchón king size esperando como un altar. Ana prendió la luz tenue, esa lámpara que pinta todo de rojo suave, y el cuarto se llenó de sombras que bailaban con nosotros. Me quitaron la ropa entre risas y besos, sus manos explorando mi pecho, mi abdomen, hasta llegar a mi verga tiesa como fierro. ¡Mira qué pingota, Ana! Esto va a estar de locura, dijo Luisa, lamiéndola despacio desde la base hasta la punta, su saliva tibia resbalando y el sabor salado de mi piel en su boca.

Ana se desvistió primero, su cuerpo curvilíneo brillando con un poco de sudor, pechos redondos con pezones duros como piedras. Se recostó y abrió las piernas, su panocha ya mojada, reluciente. Vengan, cabrones, no se queden ahí. Yo me tiré sobre ella, chupando sus tetas, el olor a su perfume mezclado con su aroma natural me mareaba. Luisa se unió, lamiendo el clítoris de Ana mientras yo la besaba, nuestras lenguas enredándose en un baile húmedo.

La tensión crecía como tormenta. Sentía los pulsos acelerados de Ana contra mi pecho, sus gemidos roncos llenando el cuarto: ¡Ay, sí, así, Ric! Más duro. Luisa metió un dedo en la panocha de Ana, luego dos, el sonido chapoteante de la humedad era música pura. Yo no aguanté y le comí el culo a Luisa, que se puso a cuatro patas al lado. Su ano rosadito, apretadito, olía a jabón y a ella, limpio y tentador. Lo lamí despacio, círculos con la lengua, sintiendo cómo se contraía y se abría con cada roce.

Esto es el paraíso, wey. Su culo sabe a miel prohibida, y Ana mirándome con ojos de fuego. Vamos por el anal, neta que sí.

Ana sacó el lubricante de la mesita, ese casero que compramos en la farmacia del barrio, con olor a fresa. Para el anal trio casero de esta noche, mis amores, dijo guiñando. Se lo untó en el culo primero, gimiendo al sentir el frescor resbaloso. Yo me puse de rodillas detrás de ella, mi verga palpitante lista. Luisa se acostó debajo, lamiendo la panocha de Ana mientras yo empujaba despacio.

El primer centímetro fue eléctrico: su ano caliente envolviéndome, apretado como guante de terciopelo húmedo. ¡Despacio, carnal, pero no pares!, jadeó Ana. Empujé más, el sonido de piel contra piel empezando suave, el lubricante chasqueando. Luisa chupaba sus labios vaginales, metiendo la lengua profundo, y Ana se retorcía entre nosdos, sudando, el cuarto oliendo a sexo puro, a lubricante y a nuestros jugos mezclados.

El ritmo subió. Yo la cogía anal más fuerte, mis huevos golpeando su piel suave, el calor de su interior ordeñándome la verga. ¡Chingao, qué rico tu culo, Ana! Tan apretado, gruñí, sintiendo el sudor resbalar por mi espalda. Luisa se levantó y se sentó en la cara de Ana, que la comía con ganas, lamiendo su clítoris hinchado mientras yo la taladraba. Luisa gemía alto, ¡Sí, muerde mi clítoris, pinche puta deliciosa!, sus jugos goteando en la boca de Ana.

Cambié de posición: ahora Luisa a cuatro patas, su culazo meneándose invitador. Ana le untó más lubricante, metiendo dos dedos primero, abriéndola con ternura. Relájate, compa, va a estar chingón. Entré en ella despacio, su ano más virgen, resistiéndose al principio pero cediendo con un pop húmedo. ¡Ay, verga, qué grande estás!, chilló Luisa, pero empujó hacia atrás, queriendo más. Ana se masturbaba viéndonos, luego metió la cara entre mis nalgas, lamiéndome el culo mientras yo follaba a su amiga.

La intensidad era brutal. Sentía el pulso en mi verga, hinchada al límite, el ano de Luisa ordeñándome con cada embestida. Sonidos de plaf plaf llenaban el aire, gemidos roncos, el olor almizclado de ano lubricado y panochas calientes. No aguanto más, voy a reventar, pensé, el orgasmo subiendo como lava.

Este anal trio casero es lo máximo, carnales conectados en puro placer. No hay vuelta atrás.

Ana se unió de nuevo, frotando su clítoris contra el de Luisa mientras yo alternaba entre sus culos, metiendo y sacando, lubricante chorreando por sus muslos. Ellas se besaban encima de mí, lenguas enredadas, pechos rozándose sudorosos. ¡Córrete adentro, Ric! Lléname el culo, suplicó Luisa. Ana gritó: Yo también, cabrón, haznos tuyas.

Exploté primero en Luisa, chorros calientes llenando su ano, el placer cegador, piernas temblando. Salí y metí en Ana, descargando lo que quedaba, su culo apretándome hasta la última gota. Ellas corrieron juntas, cuerpos convulsionando, chorros de squirt mojando las sábanas, gritos ahogados en besos. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, el cuarto en silencio roto solo por respiraciones jadeantes.

Nos quedamos así, abrazados, el olor a sexo persistiendo como recuerdo. Ana me besó la frente: Te amo, wey. Esto fue épico. Luisa, acurrucada: Repetimos cuando quieran, neta. Sentí una paz profunda, el corazón latiendo tranquilo ahora. Un anal trio casero que nos unió más, sin dramas, puro amor y vicio compartido.

La noche terminó con risas suaves, cervezas recalentas y promesas de más. Afuera, el DF seguía su ritmo, pero adentro, habíamos creado nuestro propio paraíso.

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