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Tríos Sexuales Dos Mujeres y un Hombre Inolvidables

6997 palabras

Tríos Sexuales Dos Mujeres y un Hombre Inolvidables

La noche en Polanco estaba chida como siempre, con las luces de los antros parpadeando y el aire cargado de ese olor a tequila y perfume caro. Yo, Alejandro, había salido con unos cuates a echar desmadre, pero lo último que esperaba era toparme con Sofia y Daniela. Sofia era una morra de esas que te miran fijo y te hacen sudar, con curvas que gritaban ven por más, pelo negro largo y labios pintados de rojo fuego. Daniela, su amiga, era más delgada, con tetas firmes y una sonrisa pícara que prometía problemas del bueno.

Estábamos en la barra del club, platicando de pendejadas, cuando Sofia se acercó y me rozó el brazo con sus uñas largas. ¿Y tú qué, guapo? ¿Vienes solo o buscas compañía? dijo, con esa voz ronca que me erizó la piel. Daniela soltó una carcajada y se pegó a mi otro lado, su aliento cálido oliendo a margarita. Sí, wey, nosotras estamos de antojo de algo caliente. ¿Te late un trío sexual dos mujeres y un hombre? Neta, casi se me cae el trago de la mano. Mi verga dio un salto en los pantalones, pero traté de jugarla cool.

¿Qué chingados? ¿Esto de verdad está pasando? Dos mamacitas como ellas queriendo jalarme a la cama. Pinche suerte la mía.

Les seguí el rollo, pedimos otra ronda y la plática se puso cada vez más sucia. Sofia me contó que ellas ya habían probado tríos sexuales dos mujeres y un hombre antes, y que les encantaba ver al carnal perder el control. Daniela me susurró al oído: Imagínate nuestras lenguas en tu pito, chulo. Te vamos a hacer volar. El calor entre mis piernas era insoportable, y el corazón me latía como tamborazo en una fiesta de pueblo.

Salimos del antro sin pensarlo dos veces, subimos a un taxi rumbo al depa de Sofia en la Roma. En el camino, las manos no paraban quietas. Sofia me besaba el cuello, mordisqueando suave, mientras Daniela metía la mano por mi camisa, arañando mi pecho con las uñas. Olía a su perfume mezclado con sudor fresco, ese aroma que te pone a mil. Ya quiero verte desnudo, cabrón, murmuró Daniela, y yo solo pude gemir bajito.

Llegamos al depa, un lugar chulo con terraza y luces tenues. Sofia encendió velas que llenaron el aire de vainilla y jazmín, y pusieron música de reggaetón suave, de esas que te hacen mover las caderas. Nos quitamos la ropa despacio, como en un ritual. Primero las camisas, revelando los sostenes de encaje negro que apenas contenían esas chichotas. Sofia se desabrochó el bra, y sus pezones rosados se pararon duros al aire fresco. Daniela hizo lo mismo, y juro que su piel brillaba como miel bajo la luz.

Yo me quedé en calzones, mi verga marcada como fierro al rojo. Mira lo que le hicimos, amiga, rio Sofia, y las dos se arrodillaron frente a mí. Sus manos suaves me bajaron el calzón, y sentí el aire frío en la punta húmeda. Sofia lamió primero, un trago largo desde la base hasta la cabeza, saboreando el precum salado. Su boca era fuego líquido, pensé, mientras Daniela chupaba mis huevos, succionando con ternura juguetona.

No mames, esto es el paraíso. Dos lenguas expertas trabajando en equipo, sincronizadas como bailarinas. Mi cuerpo temblaba, el sudor me corría por la espalda.

Las subí a la cama king size, con sábanas de satén que se sentían como caricia de seda. Me tiré entre ellas, besando a Sofia profundo, mi lengua explorando su boca dulce de tequila. Daniela me lamía el pecho, bajando hasta mi ombligo, mordiendo suave. El sonido de sus respiraciones agitadas llenaba la habitación, mezclado con mis gruñidos roncos. Olía a sexo inminente, ese musk almizclado que te enloquece.

Sofia se montó en mi cara, su concha depilada rozando mis labios. La probé: jugosa, salada con un toque ácido, como mango maduro. La chupé con hambre, metiendo la lengua adentro mientras ella gemía ¡ay wey qué rico! Daniela se apoderó de mi verga, montándome despacio, su calor envolviéndome centímetro a centímetro. ¡Pinche verga gruesa!, te sientes cabrón adentro, jadeó, moviendo las caderas en círculos lentos.

El ritmo subió. Sofia se corría en mi boca, sus jugos empapándome la cara, gritando ¡sí cabrón no pares! mientras temblaba. Cambiamos posiciones: ahora Daniela en mi cara, su culo redondo sofocándome delicioso, y Sofia cabalgándome con furia, sus tetas rebotando al choque. Sentía sus paredes apretándome, lubricadas y calientes, el slap slap de piel contra piel resonando como aplausos.

Pero no querían que acabara rápido. Me pusieron de rodillas, una a cada lado. Sofia me mamaba la punta mientras Daniela lamía el tronco, sus lenguas chocando en un beso mojado alrededor de mi pito. ¿Te gusta nuestro trío sexual dos mujeres y un hombre, amor? preguntó Sofia con ojos lujuriosos. Neta, es lo mejor que me ha pasado, respondí, la voz quebrada.

El placer era una ola gigante construyéndose. Cada roce, cada chupada, me acercaba al borde. Sudor goteaba de sus cuerpos al mío, salado en mi lengua cuando las besaba.

Escalamos más. Sofia se acostó boca arriba, yo la penetré profundo, sintiendo su interior palpitar. Daniela se sentó en la cara de su amiga, frotándose mientras yo embestía. Los gemidos se volvieron gritos: ¡Más duro, pendejo! ¡Córrete con nosotras! El olor a sexo era espeso, sus pezones duros rozando mi piel, el sabor de sus besos entrecortados.

El clímax llegó como tormenta. Primero Daniela, arqueándose con un aullido, su concha chorreando en la boca de Sofia. Luego Sofia, clavándome las uñas en la espalda, ordeñándome con contracciones salvajes. Yo exploté dentro de ella, chorros calientes llenándola, el mundo volviéndose blanco por segundos. Nos corrimos los tres en cadena, cuerpos temblando en un enredo sudoroso.

Caímos exhaustos, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. Sofia me besó la frente, Daniela acurrucada en mi pecho. Eres un animal, wey. Eso fue épico, susurró Daniela, trazando círculos en mi piel con el dedo. Limpiamos el desmadre riendo, duchándonos juntos bajo agua caliente que lavaba el sudor pero no el recuerdo.

Desayudándonos en la terraza con tacos de la esquina y chelas frías, platicamos de todo. No era solo sexo; había conexión, risas, esa química que hace que quieras más. Tríos sexuales dos mujeres y un hombre como este cambian tu vida, te dejan con una sonrisa boba y el cuerpo satisfecho.

Mientras el sol salía tiñendo el cielo de rosa, supe que esto era solo el principio. Pinche noche inolvidable, carnal.

Nos despedimos con promesas de repetir, besos largos y miradas que decían te quiero de nuevo. Caminé a mi casa con las piernas flojas, el aroma de ellas aún en mi piel, saboreando el afterglow que duraría días.

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