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Tri Sorteo de Fuego

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Tri Sorteo de Fuego

La noche en el antro de Polanco estaba que ardía, con luces neón parpadeando como promesas calientes y el bajón del reggaetón retumbando en el pecho. Yo, Karla, de veintiocho pirulos, había llegado con mis cuates para desquitarme de la rutina de oficina que me tenía hasta la madre. Neta, necesitaba algo que me sacara el estrés, algo que me hiciera sentir viva, con el cuerpo en llamas. El aire olía a perfume caro mezclado con sudor fresco, y el trago de tequila en mi mano quemaba justo como quería.

¿Y si esta noche pasa algo chido? pensé mientras bailaba, sintiendo las miradas de los vatos posándose en mis curvas ceñidas por el vestido negro que apenas tapaba lo necesario. De repente, el DJ gritó por los parlantes: ¡Atención, carnales! ¡Llega el famoso Tri Sorteo! Tres boletos ganadores para una noche inolvidable de placer compartido. ¡Consensual, hot y sin límites con adultos que se arman! La gente enloqueció, y yo, sin pensarlo dos veces, metí mi boleto en la urna. ¿Por qué no? Mi corazón latió más fuerte, imaginando qué carajos significaría eso.

Los minutos se estiraron como chicle. El olor a pieles calientes y cigarros electrónicos flotaba alrededor. Anunciaron los números. El mío salió primero. ¡Karla López, al escenario! Subí con las piernas temblando de emoción, el piso vibrando bajo mis tacones. Luego, dos vatos guapísimos: Diego, alto, moreno, con brazos tatuados que pedían ser tocados, y Luis, rubio, ojos verdes, sonrisa pícara que derretía. Todos mayores de edad, solteros, y con esa vibra de quiero comerte entera. Nos dieron las reglas en privado: una suite en el hotel de al lado, todo consensual, sin presiones. Si alguien decía alto, paraba. Neta, el tri sorteo era legendario por eso, por empoderar el deseo puro.

En la suite, el aire acondicionado susurraba fresco contra mi piel arrebolada. Diego me ofreció un trago, su voz grave rozándome el oído: ¿Lista para ganar en grande, reina? Luis se acercó por detrás, su aliento cálido en mi cuello oliendo a menta y deseo.

Pinche suerte la mía. Estos dos son perfectos, como salidos de mis sueños más culeros. Mi cuerpo ya palpita, la concha se moja solo de verlos.
Empecé con besos suaves, probando labios carnosos, lenguas danzando con sabor a tequila y sal. Diego me desabrochó el vestido lento, sus dedos ásperos trazando mi espalda, enviando chispas hasta mis pezones que se endurecieron al instante.

Caímos en la cama king size, sábanas de seda fresca contra mi piel desnuda. Luis lamió mi cuello, bajando a mis chichis, succionando un pezón con hambre que me sacó gemidos roncos. ¡Órale, qué rica! murmuró, mientras Diego separaba mis muslos, besando el interior suave, inhalando mi aroma almizclado de excitación. Sentí su lengua en mi clítoris, círculos lentos que me hicieron arquear la espalda, el placer subiendo como ola. Touch: sus barbas raspando mis muslos tiernos, manos grandes amasando mis nalgas. El sonido de succiones húmedas mezclándose con mi respiración agitada, jadeos que llenaban la habitación.

La tensión crecía, mi mente un torbellino.

No mames, Karla, esto es real. Dos vergas duras presionando contra mí, listas para mí. ¿Puedo con esto? ¡Claro que sí, wey! Es mi noche.
Les pedí que se quitaran la ropa. Diego tenía una verga gruesa, venosa, palpitante; Luis más larga, curva perfecta. Me puse de rodillas, el piso alfombrado suave bajo ellas. Tomé a Diego en la boca primero, saboreando su piel salada, pre-semen dulce en la lengua. Luis se unió, frotando su pija contra mi mejilla, gimiendo ¡Qué chida mamada, mami! Alternaba, chupando una mientras manoseaba la otra, saliva goteando, el olor a macho invadiendo mis fosas nasales.

Escaló cuando me tumbaron boca arriba. Diego se hundió en mí despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. ¡Ay, cabrón! grité, el placer-punto quemando. Luis metió su verga en mi boca, follándome la garganta suave. Ritmo sincronizado: embestidas profundas de Diego haciendo chapoteos jugosos, mi concha apretándolo como guante. Sudor perlando sus pechos, goteando en mi piel, salado al lamerlo. Sonidos: piel contra piel, plaf plaf, mis mugidos ahogados, sus gruñidos roncos como animales.

Cambiaron posiciones, la intensidad subiendo. Ahora a cuatro patas, Luis en mi panocha desde atrás, bolas golpeando mi clítoris hinchado, Diego debajo lamiendo donde se unían, lengua en mi ano juguetona.

Me voy a venir como nunca. El tri sorteo es lo mejor que me pasó. Siento todo: su calor dentro, el roce, el olor a sexo puro.
Gemí más fuerte, ¡Más duro, pinches sementales! Luis aceleró, manos en mis caderas marcando moretones placenteros. Diego se levantó, ofreciendo su verga para que la chupara, sabor a mi propia esencia dulce-ácida.

El clímax se acercaba, pulsos acelerados latiendo en oídos. Me voltearon para un sándwich perfecto: yo encima de Diego, su verga en mi coño, Luis lubricando mi culo con saliva y jugos. Entró lento, el estirón ardiente pero exquisito, doble penetración llenándome total. Sight: sus caras de éxtasis, músculos tensos brillando sudorosos. Sound: gemidos triplicados, cama crujiendo. Touch: fricción intensa, nervios explotando. Smell: mezcla de semen, sudor, mi flujo. Taste: besos salados, lenguas enredadas.

Exploto primero, orgasmos en cadena. Mi concha y culo convulsionando, ordeñándolos. ¡Me vengo, weyes! ¡No paren! Ellos rugieron, Diego llenándome la panocha con chorros calientes, Luis en mi trasero, semen goteando tibio por mis muslos. Colapsamos en un enredo de cuerpos jadeantes, pieles pegajosas, risas roncas.

En el afterglow, recostada entre ellos, el aire ahora cargado de paz satisfecha. Diego me acarició el pelo, oliendo a mi champú de coco. Luis besó mi hombro: El mejor tri sorteo ever, ¿verdad? Asentí, sonriendo perezosa.

Neta, esto me cambió. No más noches aburridas. Soy dueña de mi placer, y qué chido saberlo.
Nos duchamos juntos, agua caliente lavando fluidos, manos explorando tiernas una última vez. Salí al amanecer, piernas flojas pero alma llena, el recuerdo del tri sorteo tatuado en mi piel como promesa de más aventuras.

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