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El Trio KFC Ardiente

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El Trio KFC Ardiente

Órale, wey, esa noche en el KFC de Insurgentes todo pintaba para ser una mamada épica. Tú, Karla y Fernanda, tus dos compas de la uni, habían salido de una peda en Polanco y de repente les dio un antojo cabrón por pollo frito. No mames, pensaste, ¿en serio? Pero con esas dos morras tan ricas, de curvas que te ponían la verga dura nomás de verlas caminar, no ibas a decir que no. Karla, la morocha con tetas grandes y culo de infarto, iba con su falda cortita que apenas tapaba nada. Fernanda, la güera fitness con labios carnosos y piercing en el ombligo, traía un top escotado que dejaba ver sus chichis perfectas. Y tú, el afortunado pendejo en medio.

Entraron al KFC casi a median noche, el olor a pollo crujiente y salsa picante te invadió las fosas nasales, mezclado con el perfume dulce de ellas dos. El lugar estaba casi vacío, solo un par de meseros aburridos y una pareja en una esquina. Se sentaron en una mesa al fondo, cerca de la ventana empañada por el frío de la noche capitalina. Pidieron un balde familiar de pollo, papas, refrescos y esa salsa secreta que tanto les gustaba. Mientras esperaban, Karla te rozó la pierna con la suya por debajo de la mesa, su piel suave y tibia enviando chispas directas a tu entrepierna.

¿Qué chingados está pasando aquí? pensaste, sintiendo cómo tu pulso se aceleraba. Estas dos están calientes como el infierno.

Fernanda se recargó en tu hombro, su aliento cálido oliendo a chicle de fresa. "Wey, ¿no te late este plan? Un trio KFC perfecto para cerrar la noche", dijo con voz ronca, guiñándote el ojo. Tú tragaste saliva, el corazón latiéndote como tambor en desfile. Karla soltó una risita pícara. "Simón, carnal, pollo y después... quién sabe". Sus dedos juguetearon con el borde de tu camisa, rozando tu pecho. El mesero trajo la orden, el vapor caliente subiendo del balde, y empezaron a devorar. El crujido del pollo al morderlo, el jugo salado explotando en tu boca, pero nada comparado con la tensión que crecía.

Por debajo de la mesa, las cosas se pusieron intensas. Karla deslizó su mano por tu muslo, subiendo despacio hasta apretar tu paquete ya tieso. "Uy, mira nomás qué duro está el wey", murmuró Fernanda, uniéndose al juego con su pie descalzo acariciándote la pantorrilla. Tú gemiste bajito, el sabor picante de la salsa en tus labios mientras las mirabas con ojos hambrientos. Ellas se metían trozos de pollo en la boca de forma sensual, lamiendo los dedos chorreantes de salsa, mirándote fijo. El olor a fritanga se mezclaba con el aroma almizclado de su excitación, que empezabas a oler tenue en el aire confinado.

No aguantaron mucho. "Vámonos de aquí, pinches cachondos", dijo Karla, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Pagaron rápido y salieron al estacionamiento, el frío de la noche erizando su piel. Fernanda te jaló a su coche, un Tsuru viejo pero chido, y Karla se subió atrás. En el camino a un motel cercano en la Narvarte, las manos no paraban. Tú ibas de copiloto, Fernanda manejando con una mano mientras la otra te masturbaba por encima del pantalón. "Siente cómo mojadita estoy ya, wey", susurró Karla desde atrás, metiendo tu mano bajo su falda. Su coño estaba empapado, resbaloso, caliente como lava. El roce de sus vellos púbicos contra tus dedos, el sonido húmedo de tus movimientos, te volvía loco.

Llegaron al motel, un lugar discreto con luces neón parpadeantes y olor a desinfectante barato mezclado con incienso. La habitación era sencilla: cama king size con sábanas blancas, espejo en el techo, aire acondicionado zumbando. Apenas cerraron la puerta, se lanzaron. Karla te besó primero, su lengua invadiendo tu boca con sabor a pollo picante y menta, sus tetas aplastándose contra tu pecho. Fernanda se pegó por detrás, mordisqueándote el cuello, sus manos desabrochándote el cinturón. "Quítate todo, cabrón", ordenó con voz juguetona.

Desnudos en segundos, sus cuerpos brillando bajo la luz tenue. Karla tenía las areolas oscuras y grandes, pezones duros como piedras. Fernanda, chichis firmes con pecas leves. Tú las admirabas, la verga palpitando. Se tumbaron en la cama, el colchón hundiéndose suave bajo su peso. Empezaron con juegos: Karla untó salsa KFC en sus tetas, invitándote a lamer. "Come de mí, como el pollo", dijo riendo. Tu lengua recorrió su piel salada, dulce por el sudor, chupando sus pezones hasta que gimió fuerte, "¡Ay, wey, qué rico!" Fernanda no se quedó atrás, metiendo un dedo en el balde de pollo que habían traído y untándolo en su coño depilado, ofreciéndotelo. El sabor era una locura: pollo frito mezclado con sus jugos almizclados, ácido y salado, mientras lamías su clítoris hinchado.

Neta, este trio KFC es lo mejor que me ha pasado, pensaste, el corazón retumbando en tus oídos, el olor a sexo y fritanga impregnando todo.

La intensidad subió. Karla se montó en tu cara, su culo redondo ahogándote en placer, mientras Fernanda te chupaba la verga con maestría. Su boca caliente, succionando profundo, lengua girando alrededor del glande, saliva goteando. Tú metías la lengua en Karla, saboreando su interior resbaloso, oliendo su esencia femenina pura. Gemidos llenaban la habitación: "¡Cógeme, pinche rico!", gritaba Fernanda cuando cambiaste posiciones. La penetraste primero a ella, de perrito, su coño apretado tragándote entero, el slap slap de carne contra carne resonando. Karla se masturbaba viéndolos, dedos hundidos en su humedad.

Cambiaron: tú de rodillas, Fernanda mamándote mientras Karla te montaba reverse cowgirl. Su coño más carnoso, velludo justo como te gustaba, apretando rítmicamente. Tocabas sus culos, suaves y firmes, sudados. El sudor corría por sus espaldas, goteando salado en tu piel. Fernanda levantó la vista, ojos vidriosos: "Quiero tu leche, wey". Pero aguantaste, volteando para un 69 con Karla mientras Fernanda lamía tus huevos. Lenguas por todos lados, dedos en culos, el aire espeso con jadeos y el squish de fluidos.

El clímax se acercaba como tormenta. "Voy a venirme", gruñiste. Ellas aceleraron: Karla cabalgándote salvaje, tetas rebotando hipnóticas, Fernanda lamiendo donde se unían. El calor en tus bolas explotó, chorros calientes llenando a Karla, quien chilló "¡Sí, lléname, cabrón!" Ella se corrió segundos después, coño convulsionando, jugos empapando tus muslos. Fernanda se frotó contra tu pierna hasta venirse, gritando, cuerpo temblando.

Se derrumbaron en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose. El olor a sexo intenso, pollo frío olvidado en la mesita, pieles pegajosas rozándose. Karla te besó suave: "Qué chingón estuvo nuestro trio KFC, ¿verdad?". Fernanda acurrucada en tu pecho: "Repetimos pronto, wey". Tú sonreíste, el cuerpo laxo, satisfecho hasta los huesos. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en esa cama, habían creado su propio paraíso picante y consensual. El afterglow los envolvió como sábana tibia, promesas de más noches locas flotando en el aire.

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