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Dibujos Tra Tre Tri Tro Tru

5996 palabras

Dibujos Tra Tre Tri Tro Tru

El sol de la tarde se colaba por las ventanas del taller en Polanco, bañando todo con una luz dorada que hacía brillar los óleos y los lápices esparcidos sobre la mesa de madera. Yo, Luis, un diseñador gráfico de treinta y tantos, siempre había soñado con capturar la esencia del deseo en papel. Pero ese día, cuando Sofia entró con su vestido ligero de algodón que se pegaba a sus curvas como una promesa, supe que mis dibujos tra tre tri tro tru iban a cobrar vida de verdad.

Órale, wey, ¿vas a dibujarme o nomás vas a babear? dijo ella con esa risa ronca que me erizaba la piel, quitándose el vestido sin pudor. Quedó en ropa interior, negra y ceñida, su piel morena reluciendo bajo el sol. El aroma de su perfume, jazmín mezclado con algo más salvaje, como el mar de Acapulco, invadió el cuarto. Me senté frente al caballete, lápiz en mano, pero mi pulso ya temblaba.

Empecé por sus hombros, trazando líneas suaves. Tra, murmuré, imaginando el roce de mi lengua ahí. Ella se recargó en la silla, arqueando la espalda, y sus pezones se marcaron contra la tela. Dibújame bien, carnal, que quiero verte sudar, provocó, mordiéndose el labio. El sonido de su voz, grave y juguetona, me aceleró el corazón. Sentí el calor subiendo por mi cuello, el lápiz rasgando el papel como si fuera su piel.

Avancé al pecho, tre, susurré más bajo, recordando cómo nos conocimos en esa expo de arte en la Roma. Ella modelando para un pintor pendejo, yo hipnotizado por sus caderas. Terminamos charlando hasta la madrugada, coqueteando con miradas que prometían más. Ahora, aquí estábamos, solos, con la tensión creciendo como una tormenta.

¿Y si la toco? No, primero el dibujo, no seas menso, Luis. Pero joder, huele tan rico, como a mango maduro y deseo puro.
Mi mente era un torbellino mientras delineaba sus muslos, gruesos y firmes. El aire se espesaba con su olor, ese almizcle sutil que empezaba a mezclarse con el mío. Ella cruzó las piernas, rozando una contra la otra, y dejó escapar un suspiro que sonó a invitación.

El medio del lienzo se llenaba de sombras sensuales. Tri, dije en voz alta esta vez, y ella rió. ¿Qué pedo con eso? Suena como un trabalenguas cabrón. Se levantó, caminando hacia mí con pasos felinos, sus tetas balanceándose libres al desprenderse del brasier. Enséñame tus dibujos tra tre tri tro tru, amor. Quiero ver cómo me ves. Me mostró el papel, y sus ojos se oscurecieron al ver las curvas exageradas, los trazos húmedos de pasión.

La tensión era eléctrica. Se paró detrás de mí, su aliento caliente en mi oreja, manos en mis hombros masajeando. Ahora yo te dibujo a ti, susurró, deslizando sus dedos por mi pecho, desabotonando mi camisa. Sentí sus uñas raspando mi piel, un cosquilleo que me puso la verga dura como piedra. El taller olía a lápiz, a sudor fresco y a ella, esa esencia femenina que me volvía loco.

Nos besamos entonces, lento al principio, sus labios suaves y salados como el mar. Lenguas danzando, tro, gemí contra su boca mientras mis manos exploraban su culo redondo, apretándolo. Ella jadeó, presionando su cuerpo contra el mío, sus pezones duros rozando mi torso. Qué rico, Luis, no pares, murmuró, su voz entrecortada. La cargué hasta la mesa, barriendo los pinceles al suelo con un estruendo que nos hizo reír.

La recosté, besando su cuello, bajando por el valle de sus senos. Lamí un pezón, rosado y erecto, saboreando su dulzor salado. Ella arqueó la espalda, gimiendo tri tro, jugando con nuestro trabalenguas. Mis dedos trazaron su vientre, bajando a su tanga empapada. El calor de su coño me quemaba la palma, húmedo y palpitante. Ya, cabrón, métemela, rogó, pero yo quería alargar el juego.

Neta, Sofia es fuego puro. Cada roce es un trazo perfecto, mejor que cualquier dibujo.
Le quité la tanga, oliendo su arousal intenso, almizclado y adictivo. Separé sus labios con los dedos, resbalosos de jugos, y lamí despacio. Su sabor, ácido y dulce como tamarindo, me enloqueció. Ella gritó, agarrando mi pelo, sus caderas moviéndose al ritmo de mi lengua. ¡Ay, wey, qué chingón! Tra tre..., balbuceó, perdida en el placer.

La intensidad subía. Me puse de pie, bajándome el pantalón. Mi verga saltó libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen. Ella la tomó, masturbándome con mano experta, su toque firme y caliente. Tru, gruñí, completando el trabalenguas mientras la penetraba de un solo empujón. Estrecha, caliente, envolviéndome como terciopelo mojado. Embestí lento, sintiendo cada centímetro, el slap de piel contra piel resonando en el taller.

Nos movíamos en sincronía, sudor perlando nuestros cuerpos. Sus uñas en mi espalda, mi boca en su cuello, mordisqueando. Más duro, pendejo, dame todo, exigió, y aceleré, el placer acumulándose como una ola. Olía a sexo crudo, a nosotros fusionados. Sus paredes se contraían, ordeñándome, llevándome al borde.

El clímax llegó como un trueno. Ella primero, gritando ¡Tra tre tri tro tru!, su coño convulsionando, jugos chorreando por mis bolas. Yo la seguí, eyaculando profundo, chorros calientes llenándola mientras rugía su nombre. Colapsamos, jadeantes, piel pegada a piel, el corazón martilleando al unísono.

Después, en la quietud, la abracé mientras el sol se ponía, tiñendo el cuarto de naranja. Besé su frente, oliendo su pelo revuelto. Esos dibujos tra tre tri tro tru fueron lo mejor que he hecho, susurré. Ella sonrió, trazando mi pecho con el dedo. Y lo que viene va a ser aún más chido, amor.

Nos quedamos así, envueltos en el afterglow, el papel olvidado en el suelo como testigo de nuestro arte vivo. El deseo no se acababa; solo se transformaba, listo para más trazos en la noche.

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