Relatos Eroticos
Inicio Trío El Bad Tri Boy que me Enloqueció El Bad Tri Boy que me Enloqueció

El Bad Tri Boy que me Enloqueció

7403 palabras

El Bad Tri Boy que me Enloqueció

La noche en la playa de Playa del Carmen estaba cargada de ese calor pegajoso que se te pega a la piel como una promesa sucia. El sonido de las olas rompiendo contra la arena se mezclaba con el ritmo de la cumbia rebajada que retumbaba desde los altavoces de la fiesta privada. Yo, Ana, había llegado con unas amigas para desconectar del pinche estrés de la ciudad, vestida con un bikini diminuto cubierto por un pareo transparente que dejaba ver mis curvas bajo la luz de las fogatas. El aire olía a sal, humo de leña y a ese sudor dulce de cuerpos bailando cerca.

Ahí lo vi por primera vez. Alto, moreno, con tatuajes que le trepaban por los brazos como serpientes vivas, y una sonrisa de pendejo que gritaba problemas. Sus carnales lo llamaban el bad tri boy, porque según los chismes que corrían entre las morras, era el rey de los tríos calientes, el que siempre terminaba enredado con dos cuerpos ansiosos, dejando a todas con las piernas temblando y queriendo más. Neta, el wey exudaba ese peligro chido, con su camisa desabotonada mostrando el pecho marcado y unos jeans que marcaban justo lo que una quiere ver.

¿Y si me animo? –pensé, mientras mi pulso se aceleraba y sentía un cosquilleo entre las piernas–. Este bad tri boy parece el tipo que sabe exactamente cómo hacerte olvidar tu nombre.

Me acerqué al grupo con una cerveza en la mano, fingiendo casualidad. Él me miró de arriba abajo, sus ojos oscuros clavándose en mis tetas como si ya las estuviera chupando. "¿Qué onda, preciosa? ¿Vienes a bailar o a causar desmadre?" me dijo con esa voz ronca que vibraba directo en mi clítoris. Nos pusimos a platicar, tequila va, tequila viene, y pronto su mano rozaba mi cintura, enviando chispas por mi espina. Me contó anécdotas suaves de sus noches locas, sin entrar en detalles pesados, pero lo suficiente para que mi imaginación volara. Su amiga, Karla, una morra despampanante con labios carnosos y culo de infarto, se unió riendo. "Este bad tri boy es un peligro, nena. Pero neta, sabe lo que hace."

La tensión crecía con cada mirada, cada roce accidental que ya no era tan accidental. El calor de la noche se volvía insoportable, y yo sentía mi panocha palpitando, húmeda bajo el pareo. Ellos dos me miraban como si ya fuéramos un trío de fuego esperando explotar.

Nos alejamos de la fiesta caminando por la arena tibia, el sonido de las risas quedando atrás. Karla iba tomada de su brazo, yo del otro, y el bad tri boy en medio, guiándonos hacia una cabaña apartada que rentaban. El aire nocturno traía olor a coco y jazmín salvaje, y mi corazón latía como tambor en desfile. Adentro, la luz tenue de unas velas parpadeaba sobre una cama king size con sábanas blancas crujientes. "¿Estás segura, Ana? Todo a tu ritmo, carnala." me dijo él, su aliento cálido en mi cuello mientras Karla cerraba la puerta con un clic que sonó como el inicio de algo irreversible.

¡Qué chido! Esto es lo que necesitaba, dos cuerpos que me adoren sin pedir nada a cambio –me dije, mientras el deseo me nublaba la razón–.

Empezó lento, como debe ser. El bad tri boy me besó primero, sus labios firmes y con sabor a tequila y menta, su lengua explorando mi boca con maestría, haciendo que mis rodillas flaquearan. Karla se pegó por detrás, sus tetas suaves presionando mi espalda, sus manos subiendo por mis muslos, quitándome el pareo con delicadeza. Sentí sus uñas rozando mi piel, un escalofrío delicioso que me erizó los vellos. "Estás perrísima, wey", murmuró ella al oído, mientras lamía mi lóbulo.

Nos quitamos la ropa entre besos y risas nerviosas, la piel de los tres chocando con un calor eléctrico. El bad tri boy era puro músculo tenso bajo mis dedos, su verga ya dura como piedra presionando mi vientre, gruesa y venosa, oliendo a hombre limpio con un toque de sudor salado. La tomé en la mano, sintiendo su pulso latiendo contra mi palma, y él gimió bajito, un sonido gutural que me mojó más. Karla se arrodilló, besando mi ombligo bajando hasta mi monte de Venus, su lengua trazando círculos alrededor de mi clítoris hinchado. "Sabes a miel, nena", dijo, y metió dos dedos dentro de mí, curvándolos justo en ese punto que me hace ver estrellas.

Yo no me quedé atrás. Empujé al bad tri boy a la cama, montándome a horcajadas sobre su cara mientras Karla se chupaba su verga con sonidos húmedos y obscenos que llenaban la habitación. Su lengua en mi panocha era fuego puro: lamía, succionaba, metía la punta adentro saboreándome como si fuera su postre favorito. Olía a sexo, a jugos mezclados, a piel caliente. Mis caderas se movían solas, frotándome contra su boca barbuda que raspaba delicioso. ¡Puta madre, este bad tri boy sabe comer verga... digo, panocha! gemí en mi mente, mientras Karla subía a besarme, compartiendo el sabor de él en nuestras lenguas enredadas.

La intensidad subía como marea. Cambiamos posiciones fluidas, como si hubiéramos ensayado. Él me penetró desde atrás, su verga llenándome hasta el fondo con embestidas lentas al principio, dejando que sintiera cada centímetro estirándome, rozando mis paredes internas. Karla debajo de mí, chupando mis tetas, mordisqueando los pezones hasta que dolían rico. El slap-slap de sus huevos contra mi culo resonaba, mezclado con nuestros jadeos y el crujir de la cama. Sudábamos, el olor almizclado de la excitación impregnaba el aire, salado y adictivo. "¡Más duro, cabrón! ¡Dame todo!" le rogué, y él obedeció, clavándosela con fuerza mientras Karla frotaba mi clítoris con dedos expertos.

Esto es poder puro, ser el centro de dos bocas hambrientas, dos cuerpos que me adoran –pensé en el vértigo del placer–.

El clímax nos golpeó como ola gigante. Yo llegué primero, un orgasmo que me sacudió entera, contrayendo mi panocha alrededor de su verga en espasmos que me dejaron gritando sin voz, lágrimas de puro gozo en los ojos. Karla se corrió después, frotándose contra mi muslo mientras él la penetraba, sus gemidos agudos como música. Finalmente, el bad tri boy se retiró, eyaculando chorros calientes sobre nuestras tetas, su semen espeso goteando tibio por nuestra piel mientras rugía como animal.

Caímos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El cuarto olía a sexo consumado, a paz después de la tormenta. Karla me besó suave en la frente, "Eres increíble, carnala", y él nos abrazó a las dos, su mano acariciando mi pelo húmedo. No hubo promesas ni dramas, solo esa conexión cruda y hermosa.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas pintando todo de dorado, salimos a la playa. El bad tri boy caminaba entre nosotras, riendo de tonterías. Me sentía renovada, empoderada, como si hubiera reclamado una parte salvaje de mí que no sabía que existía. Neta, este bad tri boy no solo folla como dios, sino que deja huella en el alma, pensé mientras el mar lamía mis pies.

Nos despedimos con besos largos y promesas vagas de repetir. Caminé de vuelta con las amigas, el cuerpo adolorido en los mejores lugares, sonriendo como pendeja. Esa noche había sido perfecta: deseo puro, sin cadenas, solo placer compartido bajo las estrellas mexicanas.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.