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Trio Ardiente con Mi Amiga (1)

6583 palabras

Trio Ardiente con Mi Amiga

Era una noche de esas que te marcan pa siempre, en la playa de Puerto Vallarta. El aire olía a sal marina mezclada con el humo de las fogatas lejanas, y el sonido de las olas rompiendo suave contra la arena me tenía relax total. Yo, Luis, acababa de llegar de un viaje de trabajo en la Ciudad de México, y mi carnala del alma, Carla, mi amiga de toda la vida, había insistido en que nos juntáramos con mi jefa Sofia, que también era mi novia secreta. ¿Qué pedo con esta combinación? pensé mientras las veía platicando en la terraza del chalet que rentamos, con unas chelas frías en la mano.

Carla, con su morena piel brillando bajo la luz de las velas, llevaba un bikini rojo que apenas contenía sus chichis firmes y redondos. Siempre había sido la más coqueta del grupo, la que armaba las pachangas más locas en la prepa. Sofia, rubia teñida con ojos verdes que mataban, vestía un pareo transparente que dejaba ver sus curvas perfectas, de esas que te hacen babear. Yo las observaba desde el sofá, sintiendo cómo mi verga empezaba a despertar solo con verlas reírse y tocarse los brazos juguetona.

¿Y si les propongo algo chido? Un trio con mi amiga... joder, solo de pensarlo se me para como bandera.

La tensión ya se sentía en el aire, como electricidad antes de la tormenta. Empezamos con unas líneas de tequilita, el sabor ahumado quemándome la garganta, y de repente Carla se acercó a mí, sentándose en mi regazo. "Órale, Luisito, ¿ya te olvidaste de cómo bailábamos pegaditos?" me dijo con esa voz ronca que me ponía cachondo. Sofia nos miró con una sonrisa pícara, sin celos, al contrario, se notaba excitada. "Yo no me molesto, mi amor. Al revés, me prende verlos así."

Ahí empezó todo. Mis manos subieron por la espalda de Carla, sintiendo su piel suave y cálida, como terciopelo caliente. Ella se giró y me besó, lento al principio, sus labios carnosos probando los míos con sabor a tequila y menta. Sofia se unió, arrodillándose frente a nosotros, sus dedos desabrochando mi short con urgencia. El sonido de la tela rasgándose fue como un detonador.

En el medio del asunto, la cosa escaló como fuego en paja seca. Nos movimos al cuarto principal, con la cama king size cubierta de sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Carla se quitó el bikini de un jalón, dejando ver sus pezones oscuros endurecidos, y Sofia la imitó, sus tetas blancas contrastando con el bronceado de mi amiga. Yo me quedé en calzones, mi verga latiendo dura contra la tela, el corazón retumbándome en los oídos.

Esto es el paraíso, cabrón. Mi novia y mi amiga, las dos queriéndome devorar. ¿Cómo chingados llegué aquí?

Carla me empujó a la cama, montándose en mi cara mientras Sofia se encargaba de mi herramienta. Sentí la lengua de Sofia lamiendo mi glande, cálida y húmeda, saboreando el pre-semen salado que ya chorreaba. Arriba, la concha de Carla rozaba mi boca, depilada suave, con un olor almizclado a excitación pura, jugos calientes goteando en mi lengua. La chupé despacio, saboreando su clítoris hinchado, escuchando sus gemidos roncos: "¡Ay, Luis, qué rico! No pares, pendejo."

Sofia no se quedaba atrás. Se metió mi verga hasta la garganta, mamándola con fuerza, el sonido chapoteante llenando la habitación junto al zumbido del ventilador y las olas de fondo. Sus manos masajeaban mis huevos, suaves y pesados, mientras yo metía dedos en Carla, sintiendo sus paredes internas contrayéndose, calientes y resbalosas. Cambiamos posiciones; ahora Sofia estaba de perrito, su culo redondo alzado, y Carla debajo de ella, lamiéndole las tetas. Yo embestí a Sofia desde atrás, mi verga deslizándose en su coño apretado, lubricado por sus jugos que olían a deseo dulce.

La intensidad subía. Sudor perlando nuestras pieles, mezclándose con el aroma salino del mar que entraba por la ventana abierta. Carla se coló entre nosotros, besando a Sofia mientras yo la follaba, sus lenguas enredándose en un beso baboso que me volvía loco. "Quiero tu verga ahora, carnal", suplicó Carla, y la volteé boca abajo, penetrándola de un solo golpe. Su concha era más estrecha, más caliente, tragándoseme entera con un splat húmedo. Sofia se masturbaba viéndonos, sus dedos hundiéndose en sí misma, gimiendo "Sí, fóllala duro, mi rey".

Los pensamientos me bombardeaban: Esto es un trio con mi amiga que nunca imaginé, pero joder, es perfecto. Sus cuerpos entrelazados, piel contra piel, el calor subiendo como lava. Carla gritaba más fuerte, sus uñas clavándose en mis hombros, dejando marcas rojas que ardían delicioso. Sofia se unió, frotando su clítoris contra el muslo de Carla mientras yo la taladraba. El ritmo se aceleró, mis embestidas profundas, el choque de carne contra carne resonando como tambores.

No aguanto más, van a hacer que me corra como nunca.

En el clímax, todo explotó. Primero Sofia, temblando violentamente, su concha contrayéndose alrededor de mis dedos mientras gritaba "¡Me vengo, chingado!", chorros calientes salpicando las sábanas. Carla la siguió, su cuerpo arqueándose, ordeñándome la verga con espasmos que me llevaron al borde. Saqué mi miembro hinchado, palpitante, y las dos se arrodillaron frente a mí, bocas abiertas, lenguas extendidas. Eyaculé con un rugido gutural, chorros espesos y calientes aterrizando en sus caras, labios y tetas. Ellas se lamieron mutuamente, saboreando mi semen salado y pegajoso, riendo entre jadeos.

El afterglow fue puro éxtasis. Nos derrumbamos en la cama, cuerpos enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El olor a sexo impregnaba el aire, mezclado con el brisa marina fresca. Carla apoyó la cabeza en mi pecho, su cabello húmedo tickleándome la piel, mientras Sofia trazaba círculos en mi abdomen con el dedo. "Esto fue lo máximo, ¿verdad? Un trio con mi amiga que no olvidaremos", murmuró Sofia, besándome la mejilla.

Yo sonreí, exhausto pero feliz. De amigos a esto... la vida es un desmadre chido. Afuera, las olas seguían su ritmo eterno, como testigos mudos de nuestra noche loca. Nos quedamos así horas, platicando bajito, riéndonos de tonterías, prometiendo más aventuras. Al amanecer, con el sol tiñendo el cielo de rosa, supe que este lazo se había fortalecido, no roto. Un trio ardiente con mi amiga que nos unió para siempre.

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