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Intenté Tan Duro Las Lyrics De Mi Deseo

7031 palabras

Intenté Tan Duro Las Lyrics De Mi Deseo

La noche en la colonia Roma estaba viva, con ese calor pegajoso de julio que te hace sudar hasta el alma. El antro improvisado en la casa de mi carnala retumbaba con reggaetón mezclado con hip hop gringo, y el olor a tacos al pastor y chelas frías flotaba en el aire. Yo, Valeria, acababa de salir de una relación de mierda con un pendejo que no valía ni la cerveza que me debía. Neta, no iba a caer en lo mismo, me repetía mientras me acomodaba el vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa mexa.

Ahí estaba él, Diego, el wey que me traía loca desde la prepa. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara y unos brazos que parecían tallados en gimnasio de Polanco. Lo vi recargado en la barra improvisada, platicando con unos cuates, su camisa blanca abierta un poco, dejando ver el vello oscuro de su pecho. El corazón me latió fuerte cuando sonó esa rola de Eminem, Lose Yourself. "Look, if you had one shot or one opportunity..." Y luego, en mi cabeza, se clavaron esas letras: i tried so hard. Intenté tan duro resistirme, pero el ritmo me jalaba como imán.

¡No, Valeria, no seas pendeja! Ya aprendiste la lección. Solo baila, toma tu chela y vete a la verga.
Me serví un trago de tequila reposado, el ardor bajando por mi garganta como fuego dulce, y me metí a la pista. El sudor de la gente me rozaba la piel, cuerpos moviéndose al compás, luces neón parpadeando en rojo y azul. Diego me vio, sus ojos cafés clavándose en mí como si ya supiera lo que pasaba por mi mente.

Se acercó bailando, su cuerpo pegándose al mío sin pedir permiso, pero con esa vibra que dice ¿te late?. Asentí con la cabeza, el consentimiento mudo pero claro. Sus manos en mi cintura, fuertes pero suaves, el calor de sus palmas traspasando la tela delgada. Olía a colonia cara mezclada con sudor masculino, ese aroma que te hace babear. "Estás cañón esta noche, Vale", me susurró al oído, su aliento cálido rozando mi lóbulo, enviando chispas por mi espina.

Intenté tan duro alejarme. I tried so hard, las lyrics seguían en loop en mi cabeza mientras girábamos. Sus caderas contra las mías, el roce de su verga endureciéndose contra mi muslo. Mi chichi se ponía tieso bajo el bra, y entre las piernas sentía esa humedad traicionera. "Diego, wey, no sé si...", murmuré, pero él solo sonrió, jalándome más cerca. "Dime que pares y paro, reina". Neta, eso me prendió más. Era mutuo, empowering, como si por fin controlara mi propio pinche deseo.

La música subió de volumen, el bajo retumbando en mi pecho como un segundo corazón. Bailamos así un rato, explorando con toques sutiles: sus dedos bajando por mi espalda, rozando el borde de mi nalga; yo pasando las uñas por su nuca, sintiendo los pelitos erizados. El sabor salado de su cuello cuando lo besé de reojo, mezclado con el tequila en mi lengua. El aire cargado de feromonas, risas lejanas y el crujir de bolsas de papas fritas en la cocina.

¿Por qué lucho tanto? pensé mientras sus labios rozaban los míos en un beso tentativo. Suave al principio, como probando, luego hambriento. Lenguas enredándose, el gusto a menta de su chicle y el dulzor de mi labial. Intenté tan duro empujarlo, recordar al ex, pero su mano en mi pelo, tirando suave, me derritió. "Vamos a algún lado más privado", propuso, y yo, con la voz ronca, dije: "Sí, cabrón, pero despacio".

Nos escabullimos por el pasillo, el ruido de la fiesta amortiguado por las paredes. Su cuarto estaba en penumbras, solo la luz de la luna colándose por la ventana, iluminando la cama king size con sábanas blancas revueltas. Cerró la puerta, el clic del seguro como un disparo de salida. Me empujó contra la pared, besándome con urgencia, sus manos subiendo por mis muslos, levantando el vestido. Sentí su erección presionando mi vientre, dura como piedra, y gemí bajito.

"Te deseo desde siempre, Vale. Neta, me matas", confesó, su voz grave vibrando contra mi piel. Le quité la camisa, mis uñas arañando su pecho, oliendo su piel tostada por el sol de Coyoacán. Besé sus pezones, lamiendo el sudor salado, mientras él desabrochaba mi bra con dedos temblorosos. Mis tetas libres, él las tomó, chupando una punta con hambre, el placer eléctrico bajando directo a mi clítoris. Qué chido se siente esto, pensé, arqueándome.

Caímos en la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Le bajé el pantalón, su verga saltando libre, gruesa y venosa, la cabeza brillando de precum. La tomé en la mano, sintiendo el pulso acelerado, el calor palpitante. "Métemela con la mano primero", pedí, guiándolo. Él obedeció, dedos expertos encontrando mi entrada empapada, deslizándose adentro con facilidad. El sonido húmedo de mis jugos, su pulgar en mi botón, me hizo jadear. "¡Así, Diego, no pares, pendejo!"

El ritmo aumentó, sus dedos curvándose tocando ese punto que me volvía loca, mientras yo lo pajero fuerte, sintiendo cómo se hinchaba. Sudor goteando de su frente al mío, mezclándose. Olía a sexo puro, almizcle y deseo. Me corrí primero, el orgasmo explotando como pirotecnia del 15 de septiembre, piernas temblando, gritando su nombre. "¡Chingado, sí!" Él se rio, triunfante, y me volteó boca abajo, besando mi espalda.

Intenté tan duro contenerme antes, pero ahora solo quería todo. "Cógeme ya", supliqué, empinándome. Se puso condón –siempre responsable, el wey–, y entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El dolor placer inicial dio paso a éxtasis puro, su pelvis chocando contra mis nalgas, piel contra piel, el slap slap resonando. Agarró mis caderas, embistiendo profundo, yo empujando hacia atrás, mutuo, salvaje.

Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, yo volteando para besarlo, mordiendo su labio inferior. El olor de nuestras pieles fundidas, el sabor de su boca salada. "Estás tan apretada, mamacita", gruñó, acelerando. Sentí otro orgasmo construyéndose, el calor en mi bajo vientre, mis paredes contrayéndose alrededor de él. "Me vengo, Diego... ¡juntos!" Él asintió, jadeando, y explotamos al unísono. Su semen llenando el condón, mi cuerpo convulsionando, olas de placer interminable.

Colapsamos, enredados, el pecho subiendo y bajando al unísono. Su mano acariciando mi pelo húmedo, besos suaves en mi hombro. El cuarto olía a nosotros, a satisfacción. "Neta, Vali, eso fue épico", murmuró. Yo sonreí, sintiéndome poderosa, dueña de mi placer. Intenté tan duro resistir, pero valió la pena rendirme. Las lyrics de Eminem aún zumbaban en mi mente, pero ahora eran himno de victoria.

Afuera, la fiesta seguía, pero nosotros en nuestra burbuja. Platicamos de tonterías, riendo, planeando un desayuno de chilaquiles en el mercado. No era solo sexo; era conexión, química mexicana pura. Me dormí en sus brazos, el corazón en paz, sabiendo que por fin había ganado mi propia batalla de deseo.

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