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Tríos Caseros Mexicanos XXX Ardientes en la Noche

6724 palabras

Tríos Caseros Mexicanos XXX Ardientes en la Noche

La noche caía sobre nuestro depa en la colonia Roma, con ese calor pegajoso de México que te hace sudar hasta el alma. Yo, Ana, estaba recargada en el hombro de Luis, mi carnal del alma, mientras veíamos tele en el sillón viejo pero cómodo. El aire olía a tacos de la esquina y a su colonia barata que me volvía loca. Neta, qué chido estar así, pegaditos, con las piernas enredadas.

Luis prendió la laptop en la mesita, y entre risas empezó a buscar tríos caseros mexicanos xxx. "Mira wey, estos videos están del nabo, todos caseros como los nuestros", dijo con esa voz ronca que me eriza la piel. Yo me reí, pero sentí un cosquilleo en el estómago. Los moans de las morras en pantalla llenaban la habitación, ese slap slap de carne contra carne, y el olor a excitación empezó a flotar en el aire.

¿Y si lo hacemos de verdad? ¿Y si invitamos a alguien? Ay no, Ana, estás loca, pero qué chingón se oye
, pensé mientras mi mano bajaba despacito por su pecho.

Él me miró con ojos de diablo. "Órale, ¿qué dices si le mandamos un whats a Marco? Ese pendejo siempre anda coqueteando contigo en el gym". Marco era el vecino del piso de arriba, un morro alto, tatuado, con sonrisa de galán de telenovela. Alto, moreno, con verga que se marcaba en el short. Lo habíamos visto mil veces en el elevador, y siempre había esa chispa. "Va, pero todo consensual, ¿eh? Nada de mamadas", le dije, y ya estaba mojada nomás de imaginarlo.

Acto seguido, Luis le mandó el mensaje: "Wey, ¿vienes a ver un rato? Trae chelas". Minutos después, toquido en la puerta. Marco entró con una six de Indio y esa vibra de chulo que te hace babear. "Qué onda, cabrones, ¿qué traen?", dijo mientras nos abrazaba, su cuerpo duro rozando el mío. El olor a sudor fresco y jabón me invadió, y sentí su mano en mi cintura un segundo de más.

Nos echamos unas chelas en la sala, con música de Los Ángeles Azules de fondo, ese cumbia que te hace mover las caderas sin querer. Hablamos pendejadas del trabajo, del tráfico en Insurgentes, pero la tensión crecía como tormenta. Yo cruzaba las piernas para disimular lo que chorreaba entre mis muslos. Luis me guiñó el ojo y dijo: "Mira, wey, estábamos viendo unos tríos caseros mexicanos xxx, ¿has probado?". Marco se rió fuerte, "Neta? ¿En serio? Yo sí, pero con morras bien calientes como Ana". Su mirada me desnudó, y sentí el pulso acelerado en el cuello.

La cosa escaló cuando pusimos uno de esos videos. La pantalla mostraba a una pareja mexicana como nosotros, follando con un tercero en una cama deshecha. Los gemidos eran reales, crudos, con acento chilango. "Uy, qué rico", suspiré sin querer, y Marco se acercó. Su mano en mi rodilla, subiendo lento. Luis no dijo nada, solo sonrió y me besó el cuello, su aliento caliente oliendo a cerveza.

Esto es real, carajo. Dos vergas para mí, qué puta bendición
.

Me paré y empecé a bailar entre ellos, mi falda corta subiendo con cada giro. El aire se sentía espeso, cargado de feromonas. Marco me jaló por la cintura, su erección presionando contra mi culo. "Estás cañona, Ana", murmuró en mi oreja, mordisqueándola suave. Luis se pegó por delante, sus manos en mis tetas, amasándolas por encima de la blusa. Sentí sus pollas duras, palpitantes, contra mi piel. El roce era eléctrico, como chispas en la oscuridad.

Nos fuimos al cuarto, tirando ropa por el camino. Mi blusa voló, el bra se desabrochó solo. Quedé en tanga, mis pezones duros como piedras bajo sus miradas hambrientas. El cuarto olía a sexo ya, a mi panocha húmeda y a sus vergas listas. Luis me tumbó en la cama king size que habíamos comprado en Liverpool, y Marco se quitó el short. ¡No mames! Esa verga gruesa, venosa, con el prepucio medio abajo, goteando precum. La de Luis, larga y curva, mi favorita.

Empecé chupándolas alternando, de rodillas en la cama. El sabor salado de Marco en mi lengua, el olor almizclado de sus bolas. Luis gemía "Así, mi reina, trágatela toda". Marco me jalaba el pelo suave, "Qué chupadora, puta madre". Sentía sus pulsos en mi boca, el calor subiendo por mi garganta. Mi coño ardía, rogando atención. Me metí dos dedos, masturbándome mientras los complacía, el squelch húmedo uniéndose a los slurps.

Luis me levantó y me puso en cuatro. "Ahora sí, cabrones", dijo. Su verga entró en mi panocha de un empujón, resbalosa y abierta. ¡Ay wey, qué rico! El estirón perfecto, llenándome hasta el fondo. Marco se puso enfrente, y volví a mamarlo, sintiendo cómo Luis me taladraba, sus huevos slap slap contra mi clítoris. El sudor nos chorreaba, mezclándose con el olor a sexo puro mexicano, casero, sin filtros.

Cambiaron posiciones. Marco debajo, yo cabalgándolo como amazona. Su verga gorda abriéndome, rozando mi G-spot con cada bajada. Luis detrás, escupiendo en mi culo y metiendo un dedo, luego dos. "Relájate, mi amor", susurró, y su verga coronó, entrando despacio en mi ano virgen para tríos.

Dolor y placer mezclados, como chile en mole. Soy suya, de ellos, qué empoderada me siento
. Gemí fuerte, el cuarto retumbando con mis gritos: "¡Chínguenme más, pendejos! ¡No paren!".

El ritmo se volvió salvaje. Marco embistiendo arriba, Luis atrás, sus manos por todos lados: pellizcando tetas, frotando clítoris. Sentía cada vena, cada throbb, el calor de sus cuerpos pegados al mío. El olor a semen inminente, mis jugos chorreando por las sábanas. La tensión crecía, mis músculos apretando, el orgasmo construyéndose como volcán. "Me vengo, carajo", grité, y exploté, temblores por todo el cuerpo, squirt salpicando sus panzas.

Ellos no tardaron. Marco gruñó primero, llenándome la panocha de leche caliente, espesa. Luis sacó y se corrió en mi espalda, chorros calientes resbalando. Nos quedamos así, jadeando, enredados en un montón sudoroso. El aire pesado, satisfecho, con risas ahogadas.

Después, en la regadera, nos lavamos mutuamente, besos suaves, caricias tiernas. "Esto fue épico, weyes", dijo Marco, secándose. Luis me abrazó: "Mi reina, ¿feliz?". Yo sonreí, el cuerpo aún vibrando. Tríos caseros mexicanos xxx en vivo, mejor que cualquier video. Nos despedimos con promesas de repetición, la noche cerrando con paz chida.

Al día siguiente, desperté con Luis, el sol filtrándose por las cortinas. Olía a café de olla en la cocina. Marco nos mandó un audio: "Cabrones, ya quiero otra ronda". Reí, sintiéndome viva, empoderada. Qué chingonería ser dueños de nuestro placer.

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