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Xvideos Esposa en Trio

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Xvideos Esposa en Trio

Todo empezó una noche cualquiera en nuestro depa en la Condesa, con el olor a tacos de suadero flotando desde la calle y el ruido lejano de los cláxones. Yo, Marco, estaba tirado en el sillón con mi carnala Lupe, mi esposa de cinco años, la más chingona que he conocido. Ella, con su piel morena brillando bajo la luz tenue de la lámpara, se acurrucaba contra mí mientras veíamos tele. Pero esa noche, Lupe tenía esa mirada pícara, la que me pone la verga dura al instante.

Órale, carnal, ¿por qué no vemos algo caliente en Xvideos? me dijo con voz ronca, mordiéndose el labio. Neta, su aliento olía a mezcal de la cena, dulce y ahumado. Saqué el celular y busqué "xvideos esposa en trio". El primer video que salió era puro fuego: una morra como Lupe, con un wey y otro carnal dándole con todo. Lupe se pegó más, su mano bajando por mi pecho hasta mi entrepierna. Sentí su calor a través del bóxer, el pulso acelerado latiendo contra mi piel.

El video nos prendió como yesca. Lupe gemía bajito viendo cómo la esposa se comía dos vergas, sus tetas rebotando, el sudor brillando en su espalda. Imagínate si fuéramos nosotros, susurró ella, su aliento caliente en mi oreja. Mi mente voló: ¿yo viendo a mi Lupe así? La idea me revolvía el estómago de celos, pero también me excitaba como nunca. Esa noche follamos como animales, pero al día siguiente, Lupe no soltaba el tema.

Pasaron días de tensión deliciosa. Lupe me contaba sus sueños,

En mi cabeza te veo a ti y a Carlos, mi carnal del gym, chingándome sin parar. Neta, Marco, sería lo máximo.
Carlos era un wey alto, musculoso, con tatuajes que le cubrían los brazos, siempre bromeando con nosotros en las carnitas del domingo. La idea de invitarlo me ponía nervioso, pero Lupe, con su culo redondo apretado en leggings, me convencía con cada mirada. Es consensual, amor, todos adultos, y nos prende a los tres, decía mientras me chupaba la verga en la regadera, el agua cayendo como lluvia caliente sobre nosotros, su lengua saboreando mi piel salada.

Al fin, mandé mensaje a Carlos: Wey, ¿vienes a una chela? Lupe y yo tenemos propuesta chida. Llegó esa viernes, con su sonrisa de pendejo y una six de Indio. El aire olía a limón y chile de los botanas que preparamos. Nos sentamos en la terraza, las luces de la ciudad parpadeando abajo, y Lupe soltó la bomba. Carlos se quedó tieso, pero sus ojos se clavaron en las tetas de Lupe bajo la blusa escotada. ¿Neta? ¿Un trio como en esos xvideos esposa en trio? dijo riendo nervioso. Lupe se acercó, rozando su muslo con el de él, y el ambiente se cargó de electricidad. Mi corazón latía fuerte, un nudo de deseo y duda en el pecho.

Entramos al cuarto, el olor a velas de vainilla mezclándose con el aroma de sus cuerpos. Lupe se paró entre nosotros, su piel suave como seda bajo mis dedos cuando le quité la blusa. Sus pezones duros, marrones y perfectos, se erguían pidiendo atención. Carlos la miró como hambriento, y yo asentí. Chínguenla, cabrones, pensó mi mente, mientras mi verga palpitaba dura contra el pantalón.

Lupe nos besó a los dos, su boca jugosa pasando de mis labios a los de Carlos, el sonido de lenguas chupando húmedo y obsceno. Sentí su mano en mi paquete, apretando con fuerza juguetona, mientras Carlos le manoseaba las nalgas, abriéndolas como fruta madura. La bajamos a la cama, las sábanas frescas contra su espalda ardiente. Yo le comí las tetas, succionando fuerte, saboreando su sudor salado mezclado con perfume floral. Carlos le bajó el short, exponiendo su panocha depilada, ya mojada y reluciente. Qué rica estás, Lupe, gruñó él, y ella arqueó la espalda, gimiendo ¡Sí, wey, lámeme!

El cuarto se llenó de sonidos: lamidas chapoteantes, gemidos ahogados, el crujir de la cama. Lupe se retorcía, sus uñas clavándose en mi brazo, dejando marcas rojas que ardían delicioso. Carlos metió la lengua en su concha, chupando su clítoris hinchado, y ella gritó, ¡No pares, pendejo, qué rico! Yo la besé, tragándome sus jadeos, mi verga rozando su muslo suave, preeyaculando de pura excitación. La tensión crecía, mi mente gritando

Esto es lo que querías, carnal, verla gozar como reina.

Lupe nos jaló a los dos. Quiero vergas, ahora, ordenó con voz de mandona cachonda. Se arrodilló en la cama, su culo en pompa hacia mí, mientras chupaba la verga de Carlos. La vi tragar su tronco grueso, venas palpitantes desapareciendo en su garganta, saliva goteando por su barbilla. El olor a sexo crudo nos envolvía, almizclado y embriagador. Me posicioné atrás, frotando mi punta en su raja húmeda, sintiendo su calor envolviéndome. Empujé despacio, su panocha apretada succionándome como boca caliente. ¡Ay, Marco, qué gruesa tu verga! chilló ella, con la boca llena.

Nos movimos en ritmo, yo embistiéndola profundo, mis bolas chocando contra su clítoris con palmadas húmedas, Carlos follándole la cara. Sudor corría por mi espalda, goteando en su nalga, el tacto resbaloso intensificando todo. Lupe gemía vibrando alrededor de mi verga, sus paredes contrayéndose. Carlos gruñía, Te voy a llenar la boca, puta rica, y ella aceleró, mamando con furia. Mi cabeza explotaba de placer, viendo su culo rebotar, sintiendo su interior ordeñarme.

Cambié de posición, la tensión en espiral. La puse a cabalgarme, su peso delicioso hundiéndome hasta el fondo, sus tetas bailando frente a mi cara. Carlos se paró atrás, lubricando su verga con su jugo. ¿Listos para doble? preguntó Lupe, ojos brillando de lujuria. Asentí, corazón tronando. Él empujó en su culo, lento, el anillo apretado cediendo con un pop húmedo. Lupe aulló, ¡Chínguenme fuerte, cabrones, rómpanme! El cuarto retumbaba con carne contra carne, gemidos sincronizados como tambores.

Sentí a Carlos a través de la delgada pared, su verga rozando la mía en su interior, fricción eléctrica. Lupe temblaba, sudor perlando su frente, olor a sexo puro impregnando el aire. Sus jugos corrían por mis bolas, calientes y pegajosos. Me vengo, me vengo, gritó ella, convulsionando, su panocha y culo apretándonos como puños. Eso nos llevó al límite. Carlos se corrió primero, gruñendo, llenándole el culo de leche caliente que goteaba. Yo exploté segundos después, chorros potentes inundando su concha, placer cegador recorriendo mi espina.

Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones jadeantes, pieles pegajosas. Lupe besó mi frente, luego la de Carlos, Gracias, amores, fue épico. El afterglow nos envolvió como manta tibia, el pulso calmándose, olores mezclados en paz. Carlos se fue al alba, con abrazo fraternal. Lupe y yo nos quedamos abrazados, su cabeza en mi pecho.

¿Repetimos, carnal? Como en ese xvideos esposa en trio, pero mejor, porque es nuestro.
Sonreí, sabiendo que esto nos unía más, un secreto ardiente en nuestra vida chida. La besé, probando el sabor residual de Carlos en sus labios, y supe que el deseo nunca se apagaría.

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