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La Pasión del Ojama Trio

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La Pasión del Ojama Trio

Estaba en esa fiesta en Polanco, con el aire cargado de risas y el olor dulzón del tequila reposado mezclándose con perfumes caros. La música reggaetón retumbaba suave, haciendo vibrar el piso de madera pulida de la casa. Yo, Ana, acababa de llegar de un viaje por la costa, con la piel todavía bronceada y el cuerpo pidiendo aventura después de semanas de sol y mar. Llevaba un vestido negro ajustado que se pegaba a mis curvas como una segunda piel, y sentía las miradas de los weyes rondándome como lobos juguetones.

De repente, los vi entrar. Tres carnales altos, morenos, con sonrisas de pendejos encantadores y camisetas que marcaban sus pechos firmes. El Ojama Trio, los llamaban en el círculo de fiestas. Siempre se colaban sin invitación, haciendo pendejadas graciosas, bailando como locos y robándose el show. Marco, el líder con ojos verdes penetrantes; Luis, el flaco atlético con tatuajes en los brazos; y Diego, el más guapo, con barba recortada y una risa que erizaba la piel. Neta, eran como un imán para el desmadre chido.

¿Qué pedo con estos? Pienso mientras los veo acercarse, mi pulso acelerándose. Sus cuerpos se mueven con confianza, oliendo a colonia fresca y sudor fresco de la noche. Quiero que me invadan, que me hagan suya sin pedir permiso, pero con ese toque juguetón que promete placer puro.

¡Ey, reina! —grita Marco, levantando su vaso—. ¿Nos dejas entrar a tu territorio o qué?

Me río, sintiendo el calor subir por mi cuello. Bailamos juntos, sus manos rozando mi cintura accidentalmente al principio, luego con más intención. El tacto de sus dedos ásperos contra mi piel suave me hace jadear bajito. Luis me susurra al oído, su aliento cálido oliendo a menta y licor: Neta, estás cañona, carnala. Diego me pasa un trago, sus labios rozando los míos al beber. La tensión crece como una tormenta, mi cuerpo respondiendo con un cosquilleo entre las piernas.

La noche avanza, y el deseo se enciende. Salimos de la fiesta en su camioneta, riendo como pendejos, el viento nocturno azotando mi cabello. Vamos a mi depa en la Roma, un lugar chido con terraza y luces tenues. Apenas cruzamos la puerta, Marco me acorrala contra la pared, sus labios capturando los míos en un beso hambriento. Sabe a tequila y pasión, su lengua explorando mi boca con urgencia. Siento su verga dura presionando mi vientre, gruesa y palpitante bajo el pantalón.

Luis y Diego no se quedan atrás. Luis me besa el cuello, mordisqueando suave, mientras Diego desliza las manos por mis muslos, subiendo el vestido. Qué rica estás, murmura Diego, su voz ronca. Mi piel arde bajo sus toques, el olor de sus cuerpos mezclándose con mi aroma a vainilla y excitación. Me desprendo del vestido, quedando en tanga negra y sostén de encaje. Ellos se quitan las camisetas, revelando torsos esculpidos, músculos tensos brillando con sudor ligero.

Esto es una locura, pero la quiero. Tres hombres mirándome como si fuera su diosa, listos para adorarme. Mi panocha palpita, húmeda, rogando por ellos. Sí, invádanme, Ojama Trio, háganme suya.

Nos movemos al cuarto, la cama king size esperando. Marco me tumba suave, besando mi pecho, lamiendo mis pezones hasta endurecerlos como piedras. Gimo, el sonido gutural saliendo de mi garganta mientras Luis besa mis labios y Diego se arrodilla entre mis piernas. Siento su lengua caliente abriéndose paso por mi tanga, oliendo mi humedad, probándola con un gemido de aprobación. ¡Qué chingona sabor! dice, y me arranca la prenda, exponiéndome al aire fresco.

La escalada es lenta, deliciosa. Diego lame mi clítoris con maestría, círculos lentos que me hacen arquear la espalda, mis uñas clavándose en las sábanas. Marco chupa un pezón mientras Luis me besa profundo, sus manos masajeando mis tetas. El cuarto huele a sexo incipiente, a piel caliente y jugos. Mi corazón late como tambor, cada lamida enviando ondas de placer por mi espina.

Quiero probarlos a todos —jadeo, incorporándome. Los pongo de rodillas en la cama, sus vergas erectas ante mí: la de Marco gruesa y venosa, la de Luis larga y curva, la de Diego perfecta, goteando precum. Las acaricio, sintiendo su calor pulsante, la piel suave sobre acero. Marco gime cuando lo chupo primero, su sabor salado invadiendo mi boca. Luis y Diego se masturban viéndome, sus respiraciones agitadas. Cambio, mamando a Luis profundo hasta la garganta, luego a Diego, lamiendo sus huevos mientras los aprieto suave.

El Ojama Trio jadea mi nombre, sus manos en mi cabello guiándome sin forzar. Ana, qué boca tan rica, wey, dice Marco, su voz temblorosa. La tensión sube, mis labios hinchados, saliva brillando en sus vergas. Estoy empapada, mi coño rogando penetración.

Marco me monta primero, deslizándose dentro de mí con un empujón lento. ¡Ay, cabrón! grito, su grosor estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. Se mueve rítmico, piel contra piel chocando con sonidos húmedos. Luis y Diego me besan, chupan mis tetas, sus dedos pellizcando pezones. Siento cada vena de Marco frotando mis paredes, el placer acumulándose como lava.

Cambiamos posiciones. Ahora de rodillas, Luis me coge por atrás, su curva golpeando mi punto G perfecto. Diego en mi boca, follándome la garganta suave. Marco debajo, lamiendo donde se unen. El mundo se reduce a sensaciones: el slap-slap de caderas, gemidos roncos, olor a semen y sudor, gusto salado en mi lengua. Luis acelera, sus bolas golpeando mi clítoris, llevándome al borde.

No puedo más. El Ojama Trio me tiene al límite, sus cuerpos sincronizados como una máquina de placer. Soy suya, y ellas mías. ¡Vámonos juntos!

Explotamos. Luis gruñe, llenándome con chorros calientes que siento palpitar dentro. Diego eyacula en mi boca, su leche espesa bajando por mi garganta mientras trago ávida. Marco se une, masturbándose sobre mis tetas, pintándome blanco. Yo grito mi orgasmo, olas y olas rompiendo, mi coño contrayéndose, jugos chorreando por mis muslos. Colapso entre ellos, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes sincronizándose.

Después, el afterglow es puro. Nos duchamos juntos, manos suaves lavando sudor y fluidos, risas pendejas rompiendo la tensión. En la cama, acurrucados, Marco acaricia mi cabello, Luis besa mi hombro, Diego entrelaza dedos. Gracias, reina, susurra Marco. Fue épico, neta.

Me siento empoderada, llena, como si hubiera conquistado el mundo. El Ojama Trio no fue invasión, fue regalo. Duermo entre ellos, su calor envolviéndome, soñando con más noches así. Mañana, quién sabe, pero esta pasión quedará grabada en mi piel para siempre.

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