Nick Jonas Le Da Amor a Prueba
Estás en el afterparty de un concierto épico en el Palacio de los Deportes, el aire cargado de sudor dulce y perfume caro, luces neón parpadeando sobre cuerpos que se mueven como olas en la noche mexicana. La música retumba bajito ahora, un remix de pop que hace vibrar el piso bajo tus tacones. Tú, con ese vestido negro ceñido que resalta tus curvas, tomas un trago de tequila reposado, el ardor bajando por tu garganta como una promesa caliente. Neta, ¿qué chingados hago aquí? piensas, mientras tus ojos recorren la multitud de influencers y fans afortunados.
De repente, lo ves. Nick Jonas, el wey gringo que te ha hecho suspirar en secreto tantas noches, platicando con unos cuates en una esquina VIP. Su camisa blanca entreabierta deja ver ese pecho tatuado, piel bronceada brillando bajo las luces. Su sonrisa, esa que derrite pantallas, se gira y te clava la mirada. Sientes un cosquilleo en el estómago, como mariposas cabronas revoloteando. Caminas hacia allá, el corazón latiéndote a mil, el olor a su colonia –madera y algo cítrico– llegando antes que él.
¿Y si le hablo? No seas pendeja, ve por ello, te dices, ajustando el escote.
–Hola, guapa –dice con ese acento sexy, extendiendo la mano–. Soy Nick. ¿Vienes mucho a estos rollos?
Le sonríes, la voz saliendo ronca por los nervios. –Sí, wey, soy fan de tus chingaderas. Ese show estuvo de poca madre.
Se ríen, el hielo roto como vidrio bajo el pie. Hablan de la ciudad, de tacos al pastor y mezcal, de cómo México le roba el corazón cada gira. Sus ojos no se despegan de los tuyos, y sientes su rodilla rozar la tuya bajo la mesa, un toque eléctrico que sube por tu muslo. La tensión crece, lenta como el calor de un atardecer en la playa. Él se inclina, aliento cálido en tu oreja.
–Oye, ¿has escuchado mi rola nueva? Es sobre darle una chance al amor, you know, give love a try. ¿Quieres probarlo conmigo esta noche?
El pulso se te acelera, el "nick jonas give love a try" resonando en tu cabeza como un mantra cachondo. Asientes, mordiéndote el labio, y en minutos están en su camioneta blindada, rumbo al hotel en Reforma. La ciudad pasa borrosa por la ventana, luces de autos como estrellas fugaces.
En la suite presidencial, el skyline de CDMX brilla a través de ventanales enormes. Él cierra la puerta con un clic suave, y el silencio se llena de su respiración pesada. Te voltea despacio, manos grandes en tus caderas, tirando de ti hasta que vuestros cuerpos chocan. Sientes su dureza contra tu vientre, el calor filtrándose a través de la tela. Sus labios rozan los tuyos, un beso tentativo que explota en hambre: lenguas enredándose, sabor a menta y tequila mezclándose, gemidos ahogados contra bocas abiertas.
–Eres tan jodidamente sexy –murmura, voz grave como grava, mientras sus dedos desabrochan tu vestido. La tela cae al piso con un susurro, dejando tu piel expuesta al aire acondicionado fresco, pezones endureciéndose al instante. Él jadea, ojos oscuros devorándote, y te empuja suave contra la cama king size, sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo tu peso.
Esto es real, neta, Nick Jonas tocándome como si fuera su mundo.
Acto dos: la escalada. Sus manos exploran, palmas ásperas de tanto escenario rozando tus senos, pulgares círculos en los pezones que te arrancan un ¡ay, cabrón! juguetón. Baja la boca, lamiendo un camino de fuego por tu cuello, clavícula, hasta chupar un pecho entero, dientes rozando lo justo para doler rico. Tú arqueas la espalda, uñas clavándose en su cabello corto, oliendo su champú fresco mezclado con sudor masculino. El aroma de tu propia excitación sube, almizclado y dulce, empapando las bragas de encaje.
Le quitas la camisa a tirones, besando su torso definido, lengua trazando el tatuado que dice "ofrenda". Él gime, un sonido gutural que vibra en tu piel. –Quiero probarte toda, dice, deslizando tus bragas abajo, dedos abriendo tus pliegues húmedos. Sientes su aliento caliente ahí, y luego su lengua: plana, lenta, lamiendo desde el clítoris hasta la entrada, saboreándote como si fueras el mejor postre. Gemidos se te escapan, caderas moviéndose solas, persiguiendo esa fricción divina. Introduce un dedo, luego dos, curvándolos contra ese punto que te hace ver estrellas, el sonido obsceno de tu jugo chorreando.
Pero no lo dejas mandar solo. Lo volteas, pendejo sexy, y le bajas el pantalón. Su verga salta libre, gruesa y venosa, goteando precum que lames con la punta de la lengua. Él gruñe, puño en tu pelo, mientras te la chupas profunda, garganta relajada por práctica solitaria pensando en él. Sabor salado, venoso pulsando en tu boca, bolas pesadas que acaricias. –Fuck, yes, jadea, caderas embistiendo suave.
La tensión psicológica crece: dudas fugaces –¿y si es solo un rato?– disueltas por su mirada sincera, manos tiernas contrastando la urgencia. –Quiero estar dentro de ti, cariño, susurra, rodando condón con dedos temblorosos. Te sube encima, guiándote, y caes lenta sobre él, centímetro a centímetro estirándote delicioso. El ardor inicial da paso a plenitud, clítoris rozando su pubis púbico.
Cabalgas, senos rebotando, sus manos en tu culo guiando el ritmo. Sudor perla vuestras pieles, resbaloso y caliente, el slap-slap de carne contra carne mezclándose con tus ¡sí, así, wey! y sus gruñidos en inglés. Cambian: él encima, misionero profundo, piernas en sus hombros, embistiendo duro, bolas golpeando tu perineo. Sientes cada vena, cada pulso, olor a sexo saturando la habitación. El clímax se acerca, espiral apretada en tu bajo vientre.
Acto tres: la liberación. –Vente conmigo, ordena, pulgar en tu clítoris frotando furioso. Explotas primero, paredes contrayéndose alrededor de él, grito rasgando el aire, jugos chorreando por muslos. Él sigue, tres embestidas brutales, y se corre rugiendo, cuerpo temblando, llenando el condón con chorros calientes que sientes palpitar.
Colapsan juntos, pechos agitados, piel pegajosa. Él te besa la frente, suave, envolviéndote en brazos fuertes. El skyline parpadea afuera, testigo mudo. –Eso fue... give love a try de verdad –ríe bajito, voz ronca de placer.
Neta, valió cada segundo. Nick Jonas me dio amor a prueba, y aprobé con honores.
Se quedan así, charlando pendejadas hasta el amanecer, café y croissants traídos por room service. No hay promesas locas, solo un recuerdo ardiente, empoderador, que te deja con una sonrisa tonta y el cuerpo zumbando. Sales al sol mexicano, piernas flojas pero alma llena, sabiendo que diste amor a prueba y ganaste el premio gordo.