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Como Hacer un Trio que Quema la Piel

6700 palabras

Como Hacer un Trio que Quema la Piel

Todo empezó una noche de esas en que el calor del verano en el DF te pone la piel pegajosa y la mente revuelta. Yo, Karla, de veintiocho pirulos, estaba tirada en la cama de nuestro depa en Polanco, con Alex roncando a mi lado como tronco. No podía dormir ni madres, el ventilador zumbaba como loco pero no refrescaba nada. Saqué el cel y, entre scroll infinito, me topé con una curiosidad que me había rondado la cabeza por semanas: como aser un trio. Tecleé eso en Google, con las tetas al aire y las piernas abiertas por el bochorno, y empecé a leer tips, confesiones y fotos borrosas que me pusieron el coño hecho agua.

Imaginaba manos extras, lenguas en sitios prohibidos, el olor a sudor mezclado con perfume caro.

¿Y si lo hacemos de verdad? ¿Y si invito a Sofía, esa morra que siempre me mira con ojos de querer comerme viva?
Sofía era mi compa de la uni, culona y con unos labios que pedían beso. Alex y yo llevábamos tres años juntos, la cosa estaba chida pero... ¿y si le metemos chile? Al día siguiente, con el sol pegando en las ventanas del café en Reforma, se lo solté a Sofía mientras tomábamos un latte bien cargado.

—Oye, wey, anoche busqué como aser un trio y no se me quita de la cabeza. ¿Tú lo has hecho?

Ella se rio, con esa risa ronca que me eriza el vello. —¡Claro que sí, carnala! Con un par de vatos en Acapulco, estuvo de puta madre. Si se arma, yo entro. Pero hay que platicarlo con tu galán.

El pulso me latió en las sienes. Llamé a Alex esa tarde, él en su oficina de Satélite, yo paseando por el Parque México con los perros ladrando de fondo. —Mira, amor, ¿qué tal si probamos un trío con Sofía? Todo consensual, ¿eh? Nada de pendejadas.

Se quedó callado un segundo, y luego: —Me late, nena. Pero con reglas: respeto y placer para todos.

La tensión creció como tormenta. Esa noche, los invité a los dos al depa. Preparé tacos de arrachera con guac fresco, chelas frías y una playlist de cumbia rebajada que llenaba el aire de ritmo sensual. El aroma a cilantro y limón flotaba, mezclado con el perfume de vainilla de Sofía cuando llegó con un vestido negro que marcaba sus chichis perfectas.

Alex abrió la puerta, alto y moreno, con esa sonrisa pícara que me moja al instante. —Pasen, ¿ya vieron qué noche pa'l desmadre?

Nos sentamos en el sofá de piel suave, las luces tenues pintando sombras en sus cuerpos. Charla inocente al principio: del pinche tráfico, del nuevo antro en Zona Rosa. Pero el tequila empezó a soltar lenguas. Sofía rozó mi muslo con su mano, accidental pero no tanto. Sentí el calor subir por mi pierna, el roce de sus uñas pintadas de rojo.

—Yo leí que como aser un trio es cuestión de comunicación —dije, con la voz temblorosa—. Nada de celos, puro gozo.

Alex me jaló para un beso, su lengua invadiendo mi boca con sabor a mezcal ahumado. Sofía se acercó, su aliento cálido en mi cuello. Órale, esto va en serio, pensé, mientras sus labios rozaban mi oreja, mandándome chispas por la espina.

La cosa escaló despacio, como buena salsa. Me levanté y empecé a menearme al ritmo de la música, quitándome la blusa con lentitud, dejando que vieran mis tetas duras por la excitación. Sofía aplaudió: —¡Qué chingonas, Karla! Ven pa'cá.

Nos besamos ella y yo primero, sus labios suaves y jugosos, con gusto a cereza de su gloss. Alex nos veía, palmeándose la verga por encima del pantalón, el bulto creciendo. El sonido de nuestras respiraciones agitadas llenaba la sala, mezclado con el bajo de la rola. Bajé la mano a su falda, metí los dedos bajo la tanga y ¡madre mía! Estaba empapada, su panocha caliente y resbalosa.

—Ay, wey, qué rica estás —gemí, mientras ella me chupaba un pezón, la lengua girando como tornado.

Alex no se quedó atrás. Se paró, se quitó la playera mostrando ese pecho tatuado que tanto me gusta, y nos besó a las dos, alternando bocas. Su verga saltó libre cuando se bajó el pantalón, gruesa y venosa, apuntando al techo. Sofía la tomó en la mano, masturbándolo lento, el sonido de piel contra piel húmeda retumbando.

Nos fuimos al cuarto, el colchón king size esperándonos con sábanas de algodón egipcio frescas. El olor a sexo ya impregnaba el aire: almizcle, sudor, lubricante que saqué del cajón. Me recosté, abriendo las piernas, y Sofía se hincó entre ellas. Su lengua en mi clítoris fue fuego puro, lamiendo despacio, chupando como si fuera un elote dulce.

No mames, esto es mejor que cualquier porno
, pensé, arqueando la espalda mientras Alex me metía los dedos en la boca para que los mamara.

El placer subía en olas. Gemí fuerte, "¡Ayy, Sofi, no pares, cabrona!", el cuarto lleno de mis alaridos y sus slurps jugosos. Alex se posicionó detrás de ella, frotando su verga en su culo redondo. —Pídemelo, nena —le dijo.

—Métemela, Alex, rómpeme —suplicó ella, y él empujó despacio, el sonido de entrada húmeda como música. Yo veía todo, tocándome el botón mientras su panocha se abría para él.

Cambiámos posiciones como en un baile chingón. Ahora yo encima de Alex, su verga enterrada hasta el fondo en mi coño apretado, sintiendo cada vena palpitar. Subía y bajaba, el slap slap de carne contra carne, sudor goteando por mi espalda. Sofía se sentó en su cara, él lamiéndole el culo mientras ella me besaba, nuestras lenguas enredadas, tetas rozándose.

La tensión era brutal, mis muslos temblando, el olor a corrida cercana en el aire. Como aser un trio era esto: conexión pura, cuerpos en sintonía. Sentí el orgasmo venir como tren, apretando la verga de Alex mientras gritaba: —¡Me vengo, chingado, me vengo!

Exploto en chorros, mojando todo, el placer cegándome. Sofía se corrió después, temblando en la boca de Alex, sus jugos chorreando por su barbilla. Él no aguantó más, se sacó y nos pintó las tetas con su leche espesa, caliente, oliendo a hombre puro.

Nos quedamos ahí, jadeando, enredados en un montón de piel sudada y sonrisas bobas. El ventilador secaba el sudor, el corazón latiéndonos a mil. Sofía me acarició el pelo: —Esto fue épico, carnala.

Alex nos abrazó: —Lo repetimos cuando quieran.

Y yo, con el cuerpo pesado de placer, pensé

Ya sé como aser un trio: con confianza, deseo y amigos de verdad
. La noche terminó con risas, más chelas y promesas de más desmadres. Al día siguiente, el DF amaneció igual, pero yo era otra: satisfecha, empoderada, lista para lo que viniera.

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