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Tu Google Try Ardiente

7079 palabras

Tu Google Try Ardiente

La noche en tu depa de la Roma, en el corazón de la CDMX, se sentía pesada como una cobija de lana en pleno verano. El zumbido del aire acondicionado luchaba contra el calor que subía desde la calle, trayendo olores a taquitos de la esquina y el perfume dulce de las jacarandas que se colaba por la ventana entreabierta. Tú, recostado en el sillón de piel sintética que cruje bajo tu peso, sientes ese cosquilleo familiar en la entrepierna. Pinche aburrimiento, piensas, mientras tu verga se despierta sola, presionando contra el bóxer. Ana, tu morra desde hace seis meses, está en un viaje de trabajo a Guadalajara, y el silencio del lugar te pone más cachondo.

Agarras la laptop de la mesita, el metal fresco contra tus dedos sudados. ¿Por qué no? murmuras para ti mismo. Abres el navegador y tecleas sin pensarlo dos veces: un google try rápido para algo nuevo. "Ideas para sexo loco en pareja", escribes, y el autocomplete te sugiere un chorro de pendejadas calientes. Clic en el primer link: un artículo sobre "juegos eróticos con elementos cotidianos". Tu pulso se acelera al leer sobre hielo, plumas y toques prohibidos.

Esto va a ser chingón cuando Ana regrese mañana
, imaginas su piel morena brillando bajo la luz tenue, sus tetas firmes moviéndose al ritmo de tus manos.

Pero el destino es cabrón. Suena el interfón. ¿Quién vergas a estas horas? Es Ana, de regreso un día antes, con su maleta rodando por el pasillo. Abres la puerta y ahí está ella, con ese vestido negro pegado al cuerpo como segunda piel, el escote dejando ver el valle entre sus chichis. Huele a su perfume de vainilla mezclado con el sudor del viaje en avión. "¡Wey, sorpresa!", dice riendo, tirándose a tus brazos. Sus labios carnosos rozan los tuyos, su lengua juguetona sabe a chicle de menta y promesas sucias.

La jalas adentro, cerrando la puerta con el pie. "Pensé que llegabas mañana, nena", le dices, mientras tus manos bajan por su espalda hasta apretar esas nalgas redondas que tanto te vuelven loco. Ella se separa un poco, jadeando ya, y ve la laptop abierta. "Google try, ¿eh? ¿Qué andas buscando, pendejo cachondo?" Lee en voz alta, sus ojos cafés brillando con picardía mexicana. "Juegos eróticos... ay, cabrón, ¿quieres probar?" Su voz ronca, con ese acento chilango que te eriza la piel, enciende la mecha.

Acto uno cerrado. La llevas a la recámara, donde la cama king size espera con sábanas de algodón egipcio frescas. El ventilador de techo gira lento, moviendo el aire cargado de anticipación. Ana se quita los zapatos de tacón, el clic clac del piso de madera resonando como un tambor. Tú la miras, corazón latiendo fuerte, mientras ella se desabrocha el vestido despacio, dejando que caiga al suelo. Su lencería roja, comprada en La Rosa, resalta contra su piel canela. Está cañona esta noche, piensas, oliendo su aroma natural, ese mix de sudor limpio y deseo que te hace salivar.

En el medio del asunto, la tensión sube como el volcán Popo en erupción. "Vamos a hacer tu google try", dice ella, empujándote a la cama. Se sube encima, sus muslos gruesos apretando tus caderas. Empieza el juego: hielo de la hielera que trajiste de la cocina. Lo pasa por tu pecho desnudo, el frío quemando como fuego contra tu piel caliente. Joder, qué chido, sientes los pezones endureciéndose, el agua goteando hacia tu ombligo. Ella ríe bajito, ese sonido gutural que vibra en tu verga ya tiesa como poste.

¿Cuánto aguanto antes de voltearla y chingarla sin piedad?

Ana baja el hielo a tu abdomen, círculos lentos alrededor del ombligo, luego más abajo. El contraste del frío con el calor de su aliento cuando exhala sobre tu piel te hace gemir. "Tranquilo, papi", susurra, mordiendo tu oreja suave, su saliva tibia dejando un rastro salado. Tú respondes agarrando sus tetas, amasándolas como masa de tamal, pulgares en los pezones duros como piedras de obsidiana. Ella arquea la espalda, un ayyy largo escapando de su garganta, oliendo a su excitación que moja el aire.

La volteas, ahora tú mandas. La pones de rodillas en la cama, nalgas en alto, esa pose perruna que tanto le gusta. Sacas la pluma del cajón –idea del google try– y la deslizas por su espinazo. Temblores recorren su cuerpo, piel de gallina erizándose. "¡No mames, qué rico!", grita, moviendo el culo como bailarina de reggaetón. Bajas la pluma entre sus nalgas, rozando su ano fruncido, luego a la panocha ya empapada. El olor almizclado te invade, dulce y salado, como el mar de Puerto Vallarta.

Tu lengua entra en juego. La pruebas primero, lamiendo el hielo derretido mezclado con sus jugos. Sabe a miel caliente, salada y adictiva. Ella empuja contra tu cara, caderas ondulando, gemidos subiendo de volumen: "¡Chíngame con la lengua, wey!" Tus dedos se hunden en sus muslos suaves, sintiendo los músculos contraerse. Internamente luchas:

Quiero metérsela ya, pero hay que alargar esto, que explote como piñata en quinceañera
.

Escalada brutal. La pones boca arriba, piernas abiertas como alas de mariposa. Entras lento, centímetro a centímetro, su concha apretada tragándote la verga entera. El calor húmedo te envuelve, pulsos latiendo juntos. Empiezas el vaivén, lento al principio, el chap chap de piel contra piel mezclándose con el zumbido del ventilador. Sus uñas en tu espalda, rasguños leves que arden delicioso. "¡Más fuerte, cabrón!", pide, ojos en blanco de placer puro.

Aceleras, sudando como en sauna, gotas cayendo sobre sus tetas que rebotan al ritmo. El olor a sexo llena la habitación, potente, animal. Sientes su interior contraerse, ordeñándote, mientras ella grita palabras sucias: "¡Te voy a sacar todo el leche, pinche semental!" Tu mente nublada, solo sensaciones: el roce aterciopelado, el sabor de su cuello cuando lo besas, salado y vivo.

El clímax llega como tormenta en temporada. Tú primero, explosionando dentro de ella con un rugido gutural, chorros calientes llenándola. Ana sigue, su cuerpo convulsionando, panocha apretando como tenaza, un chorro de jugos mojando las sábanas. Gemidos se convierten en suspiros, cuerpos temblando pegados, corazones galopando al unísono.

En el final, el afterglow es puro paraíso. Se derrumban juntos, ella acurrucada en tu pecho, piel pegajosa de sudor compartido. El aire ahora huele a sexo satisfecho y paz. "Ese google try fue la neta, wey", murmura Ana, besando tu hombro. Tú acaricias su cabello negro revuelto, sintiendo el peso ligero de su cabeza.

Quién diría que un pinche buscador nos daría la mejor noche. Mañana, otro try
.

Duermen entrelazados, la ciudad latiendo afuera, pero adentro solo calma ardiente. Mañana será otro día, pero esta conexión, forjada en juego y pasión, los une más. El sol sale tiñendo las cortinas, prometiendo más aventuras.

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