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Mi Rico Trio Casero Inolvidable

7338 palabras

Mi Rico Trio Casero Inolvidable

Era una noche calurosa en nuestra departamentito en Polanco, de esas que te hacen sudar hasta el alma. Alex, mi novio desde hace dos años, y yo, Laura, chavita de veintiocho bien plantada, habíamos invitado a Diego, el carnal de Alex, pa' echar unas chelas y ver el fut. Diego, un vato guapísimo de treinta, con ese cuerpo atlético de quien juega raquetbol todos los sábados, siempre me había llamado la atención. Neta, sus ojos cafés profundos y esa sonrisa pícara me ponían la piel chinita cada vez que lo veía.

Estábamos en el sillón de la sala, con el aire acondicionado al máximo pero igual el bochorno se colaba. Las chelas frías corrían como agua, y la plática fluyó de pendejadas del trabajo a confesiones más íntimas. Alex, recargado en mí con su mano en mi muslo, soltó de repente: "Órale, carnal, ¿y tú qué? ¿Cuándo vas a encontrar a una chava que te vuelva loco?" Diego rio, mirándome de reojo. "Pues neta, ya quiero algo rico, casero, ¿sabes? Nada de esas gringas frías." Sentí un cosquilleo en el estómago. ¿Estaba coqueteando?

Yo me acomodé el shortcito corto, sintiendo el calor subir no solo por el clima. Alex me miró con esa chispa en los ojos que conozco bien, la de cuando se le antoja algo travieso. "Laura, mi reina, ¿tú qué fantasías tienes guardadas?" le pregunté yo, juguetona. Me sonrojé un poco, pero el alcohol me soltó la lengua. "Pues... siempre he pensado en un rico trío casero, algo entre nosotros, sin complicaciones, puro placer mutuo." Los dos se quedaron callados un segundo, y luego Diego soltó una carcajada. "¿En serio, cuñada? ¿Con dos vatos como nosotros?" Alex no dijo nada, solo sonrió y me jaló pa' besarme, un beso profundo que sabía a cerveza y deseo.

¿Qué carajos estoy haciendo? Pero se siente tan chido, tan natural. Sus labios, el roce de sus barbas... neta quiero más.

El beso se intensificó, y sentí la mano de Alex subiendo por mi blusa, rozando mis pezones que ya estaban duros como piedras. Diego nos observaba, su respiración pesada. "¿Puedo unirme, carnal?" preguntó con voz ronca. Alex asintió, y de pronto Diego estaba ahí, besando mi cuello, su aliento caliente oliendo a menta y chela. El contraste de sus bocas, una en mis labios, otra en mi piel, me hizo gemir bajito. Olía a sus colonias mezcladas con sudor fresco, un aroma macho que me mareaba.

Nos paramos como zombis cachondos y fuimos a la recámara, dejando un rastro de ropa por el pasillo. Mi corazón latía como tamborazo en quinceañera. La cama king size nos esperaba con sábanas blancas suaves, iluminada por la luz tenue de la lámpara. Me quité la blusa, quedando en brasier de encaje negro y short. Los vatos se desvistieron rápido: Alex con su verga ya semi-dura marcada en el bóxer, Diego con músculos definidos brillando de sudor. "Eres una diosa, Laura", murmuró Diego mientras me desabrochaba el brasier. Sus dedos ásperos por el gym rozaron mis tetas, y un escalofrío me recorrió la espina.

Me recosté, y ellos se turnaron besándome. Alex chupaba mi boca con lengua juguetona, saboreando mi saliva dulce por el tequila que había tomado antes. Diego lamía mis pezones, mordisqueando suave, haciendo que ondas de placer bajaran directo a mi panocha, que ya estaba empapada. Sentía el calor de sus cuerpos pegados al mío, piel contra piel, el roce de vello púbico contra mis muslos. "Qué rico se siente esto, un verdadero rico trío casero", pensé mientras arqueaba la espalda.

La tensión crecía como olla exprés. Alex bajó su mano a mi short, metiendo dedos dentro, rozando mi clítoris hinchado. "Estás chorreando, mi amor", dijo con voz grave. Diego se posicionó entre mis piernas, besando mi ombligo, bajando lento. Su lengua llegó a mi concha, lamiendo despacio, saboreando mis jugos salados y dulces. Gemí fuerte, agarrando las sábanas. El sonido de su chupeteo húmedo llenaba la habitación, mezclado con nuestros jadeos. Alex se arrodilló a mi lado, ofreciéndome su verga gruesa, venosa, que olía a hombre limpio y excitado. La mamé ansiosa, sintiendo su grosor llenarme la boca, el sabor salado de su pre-semen en la lengua.

Neta, nunca imaginé algo tan intenso. Dos vergas pa' mí, dos lenguas explorándome. Mi cuerpo arde, cada nervio en llamas.

Intercambiaron posiciones, escalando el fuego. Diego ahora me penetraba con dos dedos curvos, tocando ese punto G que me hace ver estrellas, mientras Alex lamía mi clítoris, succionando como si fuera un dulce. Mis caderas se movían solas, frotándome contra sus caras barbadas que raspaban delicioso. Sudor corría por mi frente, goteando entre mis tetas, y ellos lo lamían todo. "¡Ay, cabrones, no paren!" grité, y Diego rio contra mi piel. "Esto es lo más chido que he probado, cuñada."

Quería más, necesitaba sentirlos dentro. Los jalé, posicionándome a gatas. Alex se puso atrás, frotando su verga cabezona en mi entrada húmeda. Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo, su pelvis chocando contra mis nalgas con un plaf sonoro. Diego delante, yo lo mamaba profundo, garganta hasta la raíz, saliva chorreando por su escroto. El ritmo se sincronizó: embestidas de Alex sacudiendo mi cuerpo, mi boca subiendo y bajando en Diego. Olía a sexo puro, a panocha mojada, vergas sudadas, gemidos roncos como animales.

Cambiaron otra vez, Diego ahora en mi coño, más largo, tocando rincones nuevos que me hacían temblar. Alex en mi boca, su mano en mi pelo guiándome. Sentía sus pulsos acelerados contra mis paredes internas, el calor de sus bolas contra mi piel. La fricción era deliciosa, ardiente, cada roce enviando chispas. "Te vamos a hacer volar, reina", jadeó Alex. Yo solo podía gemir alrededor de la verga, mis jugos bajando por mis muslos.

El clímax se acercaba como tormenta. Diego aceleró, sus embestidas brutales pero cariñosas, Alex pellizcando mis pezones. Mi cuerpo se tensó, un grito ahogado salió de mí mientras el orgasmo explotaba: olas de placer convulsionándome, squirtando jugos calientes sobre la sábana. Ellos gruñeron, Diego se corrió primero, llenándome de semen tibio que goteaba fuera, Alex eyaculando en mi boca, su leche espesa y salada que tragué ansiosa, lamiendo cada gota.

Colapsamos en un enredo de cuerpos exhaustos, piel pegajosa de sudor y fluidos. El aire olía a orgasmo compartido, a satisfacción profunda. Alex me besó la frente, Diego acarició mi espalda. "Esto fue épico, un rico trío casero pa' recordar siempre", dijo Diego riendo bajito. Yo sonreí, el corazón aún latiendo fuerte, sintiendo su calor envolviéndome.

Nunca me arrepentiré. Fue consensual, puro amor y lujuria entre adultos. Nos unió más, sin celos, solo placer compartido. Mañana quizás repetimos.

Nos quedamos así, platicando pendejadas entre risas, limpiándonos con toallitas húmedas que olían a aloe. La noche terminó con abrazos, promesas de más aventuras caseras. Me dormí entre ellos, sintiendo sus respiraciones calmadas, el roce suave de sus piernas en las mías. Un cierre perfecto, con el alma llena y el cuerpo saciado.

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