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Try On Haul Sin Censura Desatada

6292 palabras

Try On Haul Sin Censura Desatada

Me paré frente al espejo del clóset en mi depa de la Roma, con el corazón latiéndome a mil por hora. La luz suave del ring light me bañaba la piel, haciendo que mis curvas se vieran chidas y tentadoras. Había pedido un montón de prendas sexys en línea: lencería, bikinis diminutos, vestidos que apenas cubrían nada. Try on haul sin censura, le había escrito a Marco en un mensajito pícaro esa mañana. "Ven a verme probarme todo, wey, sin filtros ni nada". Neta, la idea me ponía caliente solo de pensarlo. Él era mi carnal, mi amor de años, alto moreno con esa sonrisa que me derretía las rodillas.

El timbre sonó y corrí a abrir, vestida solo con una bata de seda que se abría apenas un poco en el pecho. Marco entró oliendo a colonia fresca y sudor ligero del gym, sus ojos se clavaron en mí como si ya supiera lo que venía. "

Órale, mi reina, ¿ya estás lista para el try on haul sin censura?
", dijo con esa voz ronca que me erizaba la piel. Lo jalé adentro, cerré la puerta y lo besé fuerte, saboreando el leve gusto a menta de su boca. Sus manos grandes se colaron por la bata, rozando mis pezones que ya estaban duros como piedritas.

Lo llevé al cuarto, donde la cámara grababa todo en vivo para nosotros solos, porque sin censura significaba que nadie más vería, solo él y yo. Me quité la bata despacio, quedando en tanguita negra y brassier push-up. El aire fresco del ventilador me acariciaba las piernas, y el olor a mi perfume vainillado se mezclaba con el suyo, creando una nube que me mareaba de deseo. "Empieza el show, amor", murmuré, girando para que viera mi culo redondo. Marco se sentó en la cama, con los ojos brillantes, ajustándose los jeans que ya le apretaban la verga.

Primera prenda: un bikini rojo fuego que había llegado esa tarde. Me lo puse en el baño contiguo, sintiendo el elástico mordiendo mi piel suave, el triánguito apenas cubriendo mi panocha depilada. Salí posando, el sonido de mis tacones resonando en el piso de madera. Me sentía poderosa, como una diosa mexicana lista para ser adorada. Marco silbó bajito: "

Neta, estás cañón, Ana. Ese culo me mata
". Me acerqué, rozando mis tetas contra su cara, oliendo su aliento caliente. Él me tocó las nalgas, apretando la carne firme, y un jadeo se me escapó cuando sus dedos rozaron el borde del bikini.

Internamente, la tensión crecía como un volcán. Quiero que me coma ya, pero hay que alargar el juego, pensé mientras cambiaba al siguiente outfit. Un body de encaje negro, transparente en las partes clave. El tejido se pegaba a mi sudor incipiente, haciendo que cada movimiento frotara mis pezones sensibles. Caminé despacio hacia él, el try on haul sin censura grabándose en mi mente como la fantasía más rica. Marco se levantó, sus manos grandes explorando mi cuerpo, bajando por mi espalda hasta mi entrepierna. "

Sientes lo mojada que estoy, pendejo
", le susurré al oído, guiando su mano. Él gruñó, metiendo un dedo por el encaje, tocando mi clítoris hinchado. El placer me recorrió como electricidad, mis piernas temblando, el olor a mi excitación llenando el aire.

El calor subía, el cuarto se sentía más chico, más íntimo. Me quité el body lento, dejando que cayera al suelo con un susurro de tela. Desnuda, solo con las tacones, me paré frente a la cámara, girando para mostrar todo: mis tetas firmes, mi cintura estrecha, la humedad brillando en mis labios vaginales. Marco no aguantó más; se desabrochó los jeans, sacando su verga dura, gruesa, venosa, con la punta ya húmeda de pre-semen. El olor almizclado de su excitación me golpeó, haciendo que mi boca se hiciera agua. "Ven, pruébame tú ahora", dije, arrodillándome entre sus piernas.

Su piel era caliente al tacto, la vena palpitando bajo mi lengua mientras lo lamía desde la base hasta la cabeza, saboreando el salado dulce de su esencia. Él metió las manos en mi pelo, gimiendo "

Chíngame con la boca, mi amor, qué rico
". Chupé más profundo, el sonido húmedo de mi saliva mezclándose con sus jadeos roncos. Mis tetas rozaban sus muslos, el roce enviando chispas a mi concha que goteaba. Me tocaba yo misma mientras lo mamaba, círculos lentos en mi clítoris, el placer acumulándose como una tormenta.

Pero quería más. Lo empujé a la cama, montándome encima en reversa para que la cámara captara mi culo rebotando. Su verga entró en mí de un solo empujón, llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. Sí, así, cabrón, pensé, mientras cabalgaba fuerte, el slap-slap de mi piel contra la suya resonando como tambores. Sudor nos cubría, el olor a sexo crudo invadiendo todo: mi jugo chorreando por sus bolas, su sudor salado en mi lengua cuando volteé a besarlo. Él me agarraba las caderas, clavando los dedos, guiando mis movimientos más rápido, más hondo.

La tensión llegó al pico. Cambiamos: yo de perrito, él detrás, embistiéndome como animal. Cada golpe tocaba mi punto G, haciendo que viera estrellas, mis gemidos volviéndose gritos "

¡Más duro, Marco, no pares!
". El cuarto olía a vainilla, sudor y panocha mojada; el ventilador movía el aire caliente sobre mi espalda arqueada. Sentí el orgasmo venir, un nudo apretándose en mi vientre, explotando en olas que me hicieron temblar entera, contrayendo mi concha alrededor de su verga. Él gruñó profundo, corriéndose dentro de mí, chorros calientes llenándome, goteando por mis muslos.

Caímos exhaustos, él aún dentro, nuestros cuerpos pegajosos y brillantes. El ring light seguía grabando el afterglow, pero ya no importaba el try on haul sin censura; era nuestro momento. Lo besé suave, saboreando el sudor en su cuello. "

Te amo, wey. Esto fue lo mejor
", murmuré. Él sonrió, acariciándome el pelo: "
Y yo a ti, mi reina. Repetimos cuando quieras
". Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón calmándose, el aroma de nosotros envolviéndonos como una manta. Afuera, la ciudad zumbaba lejana, pero aquí, todo era paz y deseo satisfecho, un recuerdo que guardaría para siempre.

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