Relatos Eroticos
Inicio Trío Probé en Simple Past Probé en Simple Past

Probé en Simple Past

6010 palabras

Probé en Simple Past

La fiesta en el depa de mi carnala en Polanco estaba al cien. La música reggaetón retumbaba bajito, con ese ritmo que te hace mover las caderas sin querer, y el aire olía a chelas frías y parfúm caro. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, andaba con mi vestido negro ajustado que me marcaba las curvas justito. Tomaba una michelada helada cuando lo vi: Diego, alto, moreno tapatío con ojos cafés que te desnudan con la mirada. Sonreía como pendejo confiado, con barba recortada y camisa blanca que se le pegaba al pecho musculoso.

Órale, este güey está cañón, pensé mientras me acercaba. Platicamos de la chingada: él en marketing, recién mudado al DF desde Guadalajara. "Estás bien rica, Ana", me soltó sin pena, y su voz grave me erizó la piel. Yo le seguí la corriente: "Tú no estás tan pendejo tú, carnal. ¿Vienes seguido a estas broncas?". La química chispeaba como chispas de cohete. Sentía el calor subiendo por mis muslos, ese hormigueo que me ponía la ropa interior húmeda. Siempre he sido aventada en la cama, pero esa noche quería probar algo nuevo. Anal. Lo había fantaseado mil veces viendo porno, pero mis ex nunca me convencieron del todo. Con Diego, su vibe confiada,

quizá sea la noche para intentarlo, para lanzarme sin frenos
.

Media hora después, nos largamos en su Tsuru negro. El trayecto corto a su depa en la Roma fue puro fuego: su mano en mi pierna, subiendo despacito, rozando el borde de mi tanga. Olía a su loción de sándalo mezclada con sudor fresco, y yo mordía mi labio conteniendo las ganas. Llegamos y apenas cerró la puerta, me estampó contra la pared. Sus labios calientes devoraron los míos, lengua juguetona con sabor a tequila reposado. Gemí bajito cuando sus manos me amasaron las nalgas, apretando fuerte.

"Te quiero chingar toda la noche", murmuró ronco contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. Yo le arranqué la camisa, palpando su torso duro, vello suave que raspaba mis palmas. Bajé el zipper de su pantalón y saqué su verga tiesa, gruesa, venosa. Pinche monstruo. La apreté, sintiendo el pulso acelerado bajo mi mano, y él gruñó como animal. Nos tropezamos hasta su recámara, luces neón de la calle filtrándose por las cortinas. Caímos en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio.

Me quitó el vestido de un jalón, quedé en brasier de encaje y tanga. Él se desnudó entero, cuerpo atlético brillando bajo la luz tenue. Me besó los pechos, chupando pezones duros hasta que arqueé la espalda, jadeando. "Diego... quiero probar algo", le dije entre besos, voz temblorosa de nervios. Él levantó la cara, ojos brillantes. "¿Qué, mi reina? Dime". Tragué saliva, el corazón latiéndome en la garganta.

¿Y si me duele? ¿Y si no me gusta? Pero chingado, quiero sentirlo
.

"Quiero que me cojas por atrás... anal. Pero despacio, ¿va?". Sonrió pícaro, sin shock. "Órale, carnala. Con todo el cariño del mundo. ¿Estás segura?". Asentí, empoderada por su calma. Sacó lubricante de cherry del cajón, olor dulce frutal que llenó el aire. Me puso boca abajo, almohada bajo mis caderas. Sus dedos untados masajearon mi ano, círculos suaves, fríos al principio. Gemí cuando uno entró, estirándome despacio. "Relájate, güeya... así, perfecto". El toque era eléctrico: presión ardiente que se volvía placer punzante, como cosquillas profundas.

Yo andaba empapada adelante, clítoris hinchado rozando la sábana. Él lamió mi coño desde atrás, lengua plana lamiendo lento, saboreando mis jugos salados dulces. "Estás deliciosa, pinche adictiva". Me volteó, y le chupé la verga: grueso cabezón morado, venas saltadas, gusto salado con su pre-semen. La tragué hasta la garganta, babeando, él gimiendo "¡Sí, cabrona, así!". Luego, posición de perrito. Más lubricante, su glande presionando mi entrada virgen. Respiré hondo, oliendo nuestro sudor mezclado con lubricante.

Entró centímetro a centímetro. Dolor agudo al inicio, como quemadura, pero él paró, besando mi espalda. "Respira, mi amor... ya pasó". Movió caderas mínimas, y el dolor mutó a fullness delicioso, nervios nuevos despertando. "¡Muévete, Diego! Chingame". Aceleró, piel chocando con palmadas húmedas, eco en la habitación. Su verga me llenaba completa, rozando spots que me hacían ver estrellas. Sudor goteaba de su pecho a mi espalda, resbaloso tacto caliente. Yo me tocaba el clítoris, círculos rápidos, building el orgasmo.

"¿Recuerdas que te conté que ando aprendiendo inglés pa'l trabajo?", jadeé entre embestidas. Él rio ronco, sin parar. "¿Sí? ¿Y?". "Try en simple past... es tried. Y mira, güey... yo tried esto y está de la chingada". Él aceleró, riendo: "¡Pinche lista, tried y approved, carnala!". El ritmo se volvió feroz: sus bolas golpeando mi clítoris, gemidos roncos míos mezclados con sus gruñidos animales. Olía a sexo puro, almizcle ardiente, lubricante pegajoso.

Me volteó a vaquera, yo arriba controlando. Su verga entró más hondo, yo rebotando, tetas saltando. Agarré sus manos en mis caderas, uñas clavándose. "¡Me vengo, Diego!". Explosión: coño contrayéndose, olas de placer sacudiendo mi cuerpo, chillidos agudos escapando. Él debajo, tenso, "¡Yo también, Ana!". Sentí chorros calientes dentro, llenándome, su cara contorsionada en éxtasis. Colapsamos, jadeantes, pieles pegadas sudorosas.

Después, abrazados bajo sábanas revueltas. Su corazón tronaba contra mi oreja, olor a semen y cherry persistente. Besos suaves, risas cansadas. "Fue brutal, ¿verdad?", murmuró acariciando mi pelo. Yo suspiré, satisfecha hasta los huesos.

Probé en simple past algo que cambiaría mis noches para siempre. Ya no hay vuelta atrás, y qué chido
. Me sentía poderosa, dueña de mi placer. "Repetimos pronto, tapatío". Él sonrió: "Cuando quieras, mi reina". La ciudad zumbaba afuera, pero adentro, solo paz y promesas calientes.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.