Akon I Tried La Noche Que Cedí
Estás en esa fiesta en Polanco, el antro rebosante de luces neón que parpadean como estrellas coquetas, el aire cargado con olor a tequila reposado y perfume caro mezclado con sudor fresco. Tus amigas ríen a carcajadas cerca de la barra, pero tú sientes esa cosquilla en el estómago, esa que avisa cuando la noche va a torcerse de la mejor manera. La música retumba, reggaetón mezclado con hip hop viejo, y de repente, el DJ suelta Akon I Tried. Esa rola que habla de intentos fallidos, de rendirse al deseo, te pega directo en el pecho. "I tried to be strong, but you make me weak", canta Akon con esa voz rasposa que se siente como caricias en la piel.
Ahí lo ves. Alto, moreno, con una sonrisa pícara que ilumina sus ojos cafés profundos. Lleva una camisa negra ajustada que marca sus hombros anchos y pantalón que deja ver lo bien puesto que está. Sus miradas se cruzan mientras bailas sola, moviendo las caderas al ritmo lento de la canción. Órale, güey, ¿por qué me mira así? Piensas, el corazón latiéndote como tambor en las costillas. Él se acerca, sin prisa, como si supiera que ya te tiene en la mira. "Qué buena rola, ¿no? Akon I Tried siempre me pone en mood", dice con voz grave, acento chilango puro, extendiendo la mano para invitarte a bailar.
Aceptas, neta, porque el calor de su palma contra la tuya es eléctrico, un chispazo que sube por tu brazo hasta erizarte la nuca. Bailan pegaditos, su pecho rozando tu espalda, el olor de su colonia amaderada invadiendo tus sentidos, mezclado con ese aroma masculino a piel limpia y deseo latente. Sus manos en tu cintura, firmes pero suaves, te guían en el vaivén. Sientes su aliento caliente en tu oreja: "
Intenté no acercarme, pero mírate, carnala, estás cañón", susurra, y tú ríes bajito, el pulso acelerándose. La tensión crece con cada acorde de la canción, tus nalgas presionando contra su entrepierna, sintiendo cómo se endurece poco a poco. No mames, esto va en serio, pero qué rico se siente su verga contra mí.
La fiesta sigue, pero ya no importa. Tus amigas te guiñan el ojo cuando él te jala hacia la salida, el aire fresco de la noche golpeándote la cara como un bálsamo contra el calor del antro. Suben a su coche, un Tsuru chido estacionado cerca, y en el camino a su depa en la Roma, la mano de él sube por tu muslo, dedos trazando círculos lentos bajo la falda corta que traes puesta. "Dime si quieres parar, wey", murmura, y tú niegas con la cabeza, mordiéndote el labio. "
Sigue, no pares, me traes loca", respondes, la voz ronca. El beso en el alto llega inevitable: sus labios carnosos devorando los tuyos, lengua explorando con hambre contenida, sabor a mentol y ron dulce. Tus manos en su nuca, jalándolo más cerca, mientras el tráfico de Insurgentes zumba afuera como un fondo borroso.
Llegan al depa, un lugar moderno con ventanales que dejan ver las luces de la ciudad, minimalista pero acogedor, con velas ya encendidas que él prende rápido. "Quería esto desde que te vi", confiesa, quitándote la blusa con delicadeza, ojos devorando cada centímetro de tu piel expuesta. Tú lo desabrochas a él, sintiendo los músculos tensos bajo tus palmas, el calor irradiando de su torso desnudo. Caen en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio rozando vuestras pieles. Sus besos bajan por tu cuello, mordisqueando suave, dejando rastros húmedos que erizan todo tu cuerpo. Intenté resistirme como dice Akon I Tried, pero carajo, su boca es fuego puro.
Él lame tus pezones endurecidos, succionando con maestría, enviando ondas de placer directo a tu entrepierna. Tus gemidos llenan la habitación, sonidos guturales que no reconoces como tuyos: "¡Ay, wey, qué rico!". Sus manos expertas bajan tu tanga, dedos rozando tu clítoris hinchado, lubricado ya por tu excitación. Hueles tu propio aroma almizclado mezclándose con el suyo, embriagador, mientras él se arrodilla entre tus piernas. "Déjame probarte, preciosa", pide con ojos brillantes, y tú abres más, empoderada en tu entrega. Su lengua plana lame tu panocha despacio, saboreando cada pliegue, chupando el botón sensible hasta que arqueas la espalda, uñas clavándose en sus hombros. El placer sube como marea, pulsos latiendo en tu sien, en tu sexo.
Pero quieres más, lo volteas con un empujón juguetón, "
Ahora yo, pendejo", ríes, y él se deja, verga tiesa apuntando al techo, gruesa y venosa, goteando precúm. La tomas en mano, piel aterciopelada sobre acero, y la lames desde la base hasta la punta, sabor salado y masculino explotando en tu lengua. Él gruñe, caderas moviéndose involuntarias: "¡Chingada madre, qué buena boca!". Lo chupas profundo, garganta relajada, saliva resbalando, mientras una mano masajea sus bolas pesadas. La tensión psicológica estalla en física: él te jala arriba, preservativo ya puesto con prisa consensuada, y te penetra lento, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente.
El ritmo inicia pausado, tú cabalgándolo, pechos rebotando, sudor perlando vuestros cuerpos, el slap slap de piel contra piel sincronizado con vuestros jadeos. "¡Más fuerte, cabrón!", exiges, y él obedece, embistiendo desde abajo, verga golpeando tu punto G con precisión quirúrgica. Cambian posiciones: él atrás, jalándote el pelo suave, nalgadas juguetonas que encienden más el fuego. Sientes cada vena, cada pulso, el olor a sexo crudo impregnando el aire, luces de la ciudad bailando en las paredes como testigos mudos. Akon I Tried resonaba en mi cabeza, pero ya no intenté nada, solo me dejé llevar por este éxtasis.
La intensidad crece, espiral imparable: dedos en tu clítoris mientras te folla profundo, tus paredes contrayéndose alrededor de él. "¡Me vengo, wey, no pares!", gritas, y el orgasmo te arrasa como tsunami, visión nublándose, cuerpo convulsionando, jugos empapando las sábanas. Él sigue, gruñendo "¡Ya casi!", hasta que se tensa, verga hinchándose, y se corre dentro del condón con un rugido animal, colapsando sobre ti en un enredo sudoroso.
El afterglow es puro terciopelo: respiraciones calmándose al unísono, su cabeza en tu pecho, dedos trazando patrones perezosos en tu vientre. Huelen a sexo satisfecho, a promesas de más noches. "Neta, Akon I Tried predijo esto", bromea él, besándote la frente. Tú sonríes, piernas entrelazadas, el corazón lleno.
Intenté ser fuerte, pero contigo, güey, no hay batalla que valga la pena. La ciudad duerme afuera, pero en esa cama, el mundo es solo calor compartido, conexión profunda más allá de la piel. Y sabes que volverás, porque algunas rendiciones son las mejores victorias.