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El Trio con Bisexual que Enciende el Alma

7099 palabras

El Trio con Bisexual que Enciende el Alma

La noche en Playa del Carmen estaba calientita, de esas que te envuelven como un abrazo húmedo del mar Caribe. El aire olía a sal, coco y un toque de ron añejo de los cocteles que repartían en la fiesta playera. Yo, Ana, bailaba con mi carnal, Carlos, mi novio desde hace dos años. Él, con su sonrisa pícara y ese cuerpo bronceado de tanto surfear, me apretaba la cintura mientras movíamos las caderas al ritmo de cumbia rebajada. Neta, qué chido se sentía su piel sudada contra la mía, mi vestido ligero pegándose por el calor.

Ahí fue cuando la vi: Sofía, una morra guapísima con curvas que quitaban el hipo, pelo negro largo hasta la cintura y ojos verdes que brillaban como el mar al atardecer. Era amiga de unos cuates de Carlos, y desde el primer vistazo, supe que había química. Ella se acercó con un trago en la mano, riendo con esa voz ronca que me erizó la piel. "¡Qué onda, carnales! ¿Bailan o qué?", dijo, y sin pensarlo, nos metió en su ritmo. Sus manos rozaron mi brazo, su aliento a tequila con limón me llegó directo al cuello. Carlos me miró con esa ceja arqueada, como diciendo "wey, esto pinta interesante".

Conversamos un rato, riendo de tonterías, pero el deseo flotaba en el aire como el humo de las fogatas en la playa. Sofía confesó sin pena que era bisexual, y

"me flipan las aventuras con parejas como ustedes, un trio con bisexual siempre sale de lujo"
, soltó con picardía. Mi corazón latió fuerte, imaginando sus labios suaves en los míos, las manos de Carlos explorando mientras ella me besaba. "¿Y si nos vamos a mi hotel? Está cerca, con vista al mar", propuso ella. Carlos y yo nos miramos, y con un guiño, dijimos que sí. El pulso me aceleraba, un cosquilleo en el estómago que bajaba directo al sur.

En el camino, caminando por la arena tibia, el viento jugaba con nuestros cabellos. Sofía iba en medio, un brazo en mi hombro, el otro en la cintura de Carlos. Su perfume, mezcla de vainilla y jazmín, me mareaba. Sentía su calor irradiando, y ya imaginaba cómo sabría su piel. Llegamos al lobby del hotel, un lugar chido con palmeras y luces tenues. Subimos al elevador, y ahí explotó la tensión: Sofía se giró y me plantó un beso suave, sus labios carnosos probando los míos con sabor a sal y deseo. Carlos nos vio, su respiración pesada, y se unió, besándome el cuello mientras ella lamía mi oreja. "Chingón", murmuré, mis piernas temblando.

La habitación era un paraíso: cama king size con sábanas blancas crujientes, balcón abierto al rumor de las olas. Nos quitamos la ropa como si quemara. Primero Carlos, su pecho ancho, músculos marcados por el gym, polla ya semi-dura asomando en sus bóxers. Sofía se desvistió despacio, revelando tetas firmes con pezones oscuros endurecidos, culo redondo que pedía ser tocado, y un pubis depilado reluciente de anticipación. Yo me quedé en tanga, mis pechos medianos subiendo y bajando con cada jadeo. El olor a sexo empezaba a llenar el aire, ese almizcle dulce de arrepentimiento cero.

¿Qué carajos estoy haciendo?, pensé mientras Sofía me empujaba a la cama, pero neta, lo quería todo. Ella se arrodilló entre mis piernas, besando mi vientre, bajando lento. Su lengua trazó círculos en mi ombligo, luego más abajo, rozando el encaje de mi tanga. Carlos se acercó por detrás, sus manos amasando mis tetas, pellizcando pezones hasta que gemí. "Así, mi reina", susurró él, su voz grave vibrando en mi oreja. Sofía jaló la tanga, exponiendo mi coño húmedo, chorreando ya. Olía a mí, a deseo puro mexicano.

Ella lamió despacio, su lengua plana cubriendo mi clítoris hinchado. ¡Ay, wey! El placer era eléctrico, chispas subiendo por mi espina. Carlos se masturbaba viéndonos, su verga gruesa palpitando. "Ven, únete", le dije, y él obedeció, metiendo su polla en mi boca. Saboreé su pre-semen salado, chupando con hambre mientras Sofía metía dos dedos en mí, curvándolos contra mi punto G. Los sonidos eran obscenos: mis gemidos ahogados, el chapoteo de su boca en mi coño, el slap-slap de mi mano en la verga de Carlos. Sudábamos, pieles resbalosas pegándose, el sabor de ella en mis labios cuando la besé después.

La intensidad subió cuando cambiamos posiciones. Sofía se recostó, piernas abiertas como invitación. Carlos la penetró primero, su culo flexionándose con cada embestida profunda. "¡Sí, cabrón, así!", gritó ella, uñas clavándose en su espalda. Yo me senté en su cara, su lengua devorándome mientras él la follaba. Sentía su nariz contra mi clítoris, su aliento caliente, el vaivén de la cama sincronizado con las olas afuera. Mi mente era un torbellino:

Esto es un trio con bisexual de ensueño, nunca imaginé tanto fuego
. El olor a sexo era intenso, mezcla de fluidos, sudor y mar.

Carlos salió de ella, jadeante, y me volteó a cuatro patas. Me embistió con fuerza, su pelvis chocando mi culo, bolas golpeando mi clítoris. Sofía se metió debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua rozando mi ano y la base de su verga. "¡No mames!", grité, el placer duplicado. Ella chupaba mis jugos de la polla de él cuando salía, luego volvía a mí. Mis tetas rebotaban, pezones rozando las sábanas ásperas. El climax se acercaba, un nudo apretándose en mi vientre.

Cambié a Sofía el favor: la puse de perrito, comiéndole el coño mientras Carlos la follaba por atrás. Su sabor era dulce-ácido, como mango maduro con chile. Gemía en mi boca cuando la besaba, sus caderas moviéndose salvajes. "Más, Ana, no pares". Carlos gruñía, sudando ríos, "Se siente de la chingada". La habitación apestaba a puro vicio, aire espeso de gemidos y carne chocando.

El pico llegó en cadena. Primero Sofía, convulsionando bajo mi lengua, chorros calientes en mi cara. "¡Me vengo, pinches!". Luego yo, montando a Carlos mientras ella lamía mis tetas, el orgasmo explotando como pirotecnia, piernas temblando, coño apretando su verga como tenaza. Él no aguantó: sacó y eyaculó en chorros gruesos sobre nuestros vientres, semen caliente goteando, olor fuerte a macho satisfecho.

Nos derrumbamos en la cama, cuerpos entrelazados, pieles pegajosas brillando bajo la luna que entraba por el balcón. El sonido de las olas era nuestra banda sonora de afterglow. Sofía me besó suave, "Qué trio con bisexual tan cabrón, ¿repetimos?". Carlos rio, abrazándonos. Yo, con el corazón latiendo aún fuerte, pensé:

Neta, esto cambió todo. No hay vuelta atrás a lo simple
.

Nos quedamos así horas, platicando bajito, caricias perezosas. El sol salió tiñendo el cielo de rosa, y con él, una promesa de más noches así. Salimos del hotel caminando de la mano, el mar lamiendo nuestros pies, sintiéndonos vivos, empoderados, conectados como nunca. Ese trio con bisexual no fue solo sexo; fue liberación, fue México en su forma más pasional y libre.

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