Relatos Eroticos
Inicio Trío El Trio Real de Mi Esposa El Trio Real de Mi Esposa

El Trio Real de Mi Esposa

6225 palabras

El Trio Real de Mi Esposa

Todo empezó en una noche de esas que el calor de Guadalajara nos pone como fieras. Mi esposa, Ana, y yo llevábamos años casados, pero el fuego entre nosotros nunca se apagaba. Ella, con su piel morena que brillaba bajo las luces de neón, curvas que volvían loco a cualquier carnal, y unos ojos negros que prometían pecados deliciosos. Yo, siempre el machín de la casa, fantaseaba con verla en acción con otro, un trio real esposa de esos que platicamos en la cama mientras nos comemos a besos.

¿Y si lo hacemos de verdad, mi amor? —me susurró una vez, con la mano apretándome la verga dura—. Quiero sentirme deseada por dos, que me hagan volar.

La idea nos prendió como yesca. Buscamos en una app discreta, y dimos con Marco, un tipo guapo, atlético, de esos que salen en las novelas de Televisa pero con tatuajes y mirada de lobo. Chateamos, mandamos fotos, y todo fluyó natural. "Consensuado y chido", le dijimos. Quedamos en un hotelcito fancy en la Zona Rosa, con jacuzzi y vistas a las luces de la ciudad.

Llegamos los tres, el aire cargado de expectativa. Ana traía un vestido rojo ceñido que marcaba sus chichis perfectas y su culazo redondo. Olía a vainilla y deseo, ese perfume que me pone cachondo al instante. Marco nos saludó con un abrazo fuerte, su colonia amaderada mezclándose con el nuestro. Pedimos tequilas en el lobby, riendo de tonterías, pero bajo la mesa, las manos ya jugaban. La de Ana rozaba mi muslo, y la de él, el suyo.

Subimos a la suite, el corazón latiéndome como tambor de mariachi. La habitación era un paraíso: cama king size, luces tenues, música de fondo con ritmos de cumbia sensual. Abrimos otra ronda de chelas frías, y Ana se soltó bailando, meneando las caderas como en las fiestas de pueblo. "¡Ven, carnales!", gritó, jalándonos a los dos.

El beso empezó inocente, yo con ella, luego Marco se acercó por detrás, besándole el cuello. Su piel se erizó, y un gemido suave escapó de sus labios carnosos. Sentí su calor contra mí, el roce de su vestido subiéndose por los muslos.

Esto es real, pinche trio real esposa, y me está volviendo loco de placer
, pensé mientras mis manos exploraban su cintura. Marco la volteó, y sus bocas se unieron en un beso húmedo, lenguas danzando. Yo observaba, la verga palpitando en mis jeans, excitado por verla así, entregada.

Ana nos miró con ojos vidriosos de lujuria. "Quítenselos, mis reyes", ordenó con voz ronca, mexicana pura, de esas que mandan en la cama. Nos desvestimos rápido, mi polla saltando libre, dura como piedra, y la de él, gruesa y venosa, lista para la acción. Ella se arrodilló entre nosotros, el suelo alfombrado suave bajo sus rodillas. Primero me la chupó a mí, succionando con esa boca experta que sabe todos mis trucos, saliva caliente resbalando por el tronco. El sonido era obsceno, slurp slurp, mezclado con mis jadeos.

Luego pasó a Marco, mamándosela profunda, las mejillas hundidas, mientras yo le acariciaba el pelo sudoroso. Olía a sexo incipiente, ese aroma almizclado de excitación que llena el aire. "Qué rica boca, nena", gruñó él, y ella sonrió con la verga en la garganta. La levantamos juntos, la acostamos en la cama, sábanas frescas contra su espalda ardiente.

El medio tiempo fue una escalada de fuego lento. Yo le comí las tetas, pezones duros como balas bajo mi lengua, saboreando su sal marina. Marco bajaba por su vientre plano, lamiendo hasta llegar al coñito depilado, húmedo y brillante. Ana se retorcía, uñas clavadas en las sábanas. "¡Ay, cabrones, no paren!", suplicaba, voz entrecortada. El cuarto olía a su jugo dulce, mezclado con sudor y tequila. Sentí su pulso acelerado en el cuello mientras la besaba, mi mano en su clítoris hinchado, frotando círculos.

¿Estoy celoso? Ni madres, esto es puro poder compartido, verla gozar me hace el hombre más chingón del mundo
. Marco metió dos dedos en ella, chap chap resonando, y ella arqueó la espalda, un chorro de placer escapando. La volteamos a cuatro patas, yo enfrente, ella chupándome mientras él la penetraba despacio. Su verga entraba y salía, estirándola, el sonido de carne contra carne como aplausos húmedos. Ana gemía alrededor de mi pija, vibraciones que me volvían loco.

Cambiamos posiciones, fluido como baile de salsa. Ahora Marco debajo, ella cabalgándolo, tetas rebotando hipnóticas. Yo por atrás, untando saliva en su ano apretado. "Sí, métemela ahí, amor", pidió ella, empoderada, dueña de su placer. Entré suave, centímetro a centímetro, el calor apretado envolviéndome. Éramos uno, pistoneando al unísono, su culo chocando contra mi pubis, el de él contra sus nalgas. Gritos, sudores resbalando, el aire espeso de gemidos y "¡Más duro, pinches machos!".

La tensión creció como tormenta en el Volcán de Colima. Ana temblaba, coño contrayéndose alrededor de Marco, ano ordeñándome.

Esto es el cielo, mi trio real esposa hecho carne y hueso
. Eyaculé primero, llenándola con chorros calientes, gruñendo como bestia. Marco la siguió, bombeando semen dentro de ella. Ana explotó en orgasmo múltiple, cuerpo convulsionando, un alarido que debió oírse en todo el hotel: "¡Me vengo, cabrones, me vengo fuerte!".

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose. El afterglow fue dulce: besos suaves, caricias perezosas. Ana entre nosotros, piel pegajosa, sonriendo satisfecha. "Gracias, mis amores, fue épico", murmuró, voz ronca de tanto gritar. Limpieza en la regadera, agua caliente lavando fluidos, risas compartidas bajo el chorro.

De vuelta en la cama, envueltos en toallas, platicamos. Marco se fue al amanecer, con promesas de repetir si el destino quiere. Ana y yo nos miramos, más unidos que nunca.

Esto no rompió nada, lo fortaleció; mi esposa, reina del trio real
. El sol entró por las cortinas, tiñendo todo de oro, y nos dormimos abrazados, el sabor de la noche en la boca, el eco de placer en las venas.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.