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Inténtalo de Nuevo Jaehyun

7476 palabras

Inténtalo de Nuevo Jaehyun

Estás en un bar rooftop en la Roma, con el skyline de la Ciudad de México brillando como estrellas caídas bajo tus pies. El aire fresco de la noche te roza la piel desnuda de los hombros, mezclado con el humo dulce de los cigarros electrónicos y el aroma picante de tacos al pastor que sube desde la calle. Tus amigas ya se han ido, pero tú te quedas, sorbiendo un mezcal ahumado que quema tu garganta como una promesa. Ahí lo ves: Jaehyun, el tipo coreano que trabaja en una galería de arte en Polanco. Alto, con el cabello negro revuelto y una sonrisa que parece sacada de un sueño húmedo. Sus ojos oscuros te han estado siguiendo toda la noche, y cuando se acerca, su colonia fresca, con notas de sándalo y cítricos, te envuelve como un abrazo invisible.

Órale, güey, este wey me trae loca, piensas mientras él se para frente a ti, su camisa blanca ajustada marcando los músculos de su pecho. Habla español con ese acento sexy, arrastrando las erres como si las saboreara. "Hola, ¿bailamos?", dice, extendiendo la mano. Su palma es cálida, callosa por pintar o quién sabe qué, y cuando te jala a la pista, sientes el calor de su cuerpo filtrándose a través de tu vestido corto de algodón orgánico. La música reggaetón retumba, bajos que vibran en tu pecho, y sus caderas rozan las tuyas accidentalmente¿o no? Cada roce envía chispas por tu espina dorsal, tu piel erizándose bajo el aire nocturno.

Terminan sudados, riendo, y él te invita un trago más. Conversan de todo: de los taquitos de suadero que extraña de Seúl pero que aquí le saben a gloria, de cómo México lo ha cambiado con su caos vibrante. Su risa es grave, como un ronroneo que te hace apretar los muslos bajo la barra.

¿Y si lo invito a mi depa? Neta, hace rato que no siento esta electricidad
, reflexionas, el mezcal soltándote la lengua. "Ven a mi casa, está cerca", le dices al fin, y él asiente con ojos brillantes. Caminan por las calles empedradas, el bullicio de autos y vendedores ambulantes como banda sonora, su mano rozando la tuya hasta que la entrelaza. Su piel es suave pero firme, y el pulso en su muñeca late rápido contra tus dedos.

En tu departamento minimalista, con velas de vainilla encendidas y la vista al Bosque de Chapultepec, la tensión explota. Lo besas contra la puerta, sus labios carnosos sabiendo a tequila y menta, su lengua explorando tu boca con hambre contenida. Gimes bajito cuando sus manos bajan por tu espalda, apretando tu culo con fuerza juguetona. "Eres tan rica", murmura en tu oído, su aliento caliente erizando los vellos de tu nuca. Lo arrastras al sofá, quitándole la camisa: su torso es un mapa de músculos definidos, piel dorada bajo la luz tenue, oliendo a sudor limpio y deseo. Tus uñas recorren su abdomen, sintiendo cómo se contrae bajo tu toque.

Pero entonces pasa. Están desnudos, tú encima de él, su verga dura y palpitante rozando tu entrada húmeda. Intentas montarlo, pero el condón se resbala torpemente, y él se tensa, riendo nervioso. "Mierda, lo siento", dice en inglés, "try again", intentando de nuevo, pero el momento se rompe. Ríen, pero el fuego se apaga un poco. Se visten a medias, piden unos chescos del Oxxo cercano, y charlan en la cocina iluminada por la nevera. Try again Jaehyun, piensas, viéndolo apoyar la cadera en la encimera, su bóxer marcando todo lo que quieres otra vez. Él capta tu mirada, sonriendo pícaro. "No te rindas, ¿eh?", dice, y tú sientes el calor subir de nuevo entre tus piernas.

La noche avanza, y la plática se pone profunda. Él confiesa que en Corea era tímido, que México lo ha hecho valiente, que tú lo haces sentir vivo. Tú le cuentas de tus días en una agencia de diseño, de cómo el estrés te deja antojada de piel contra piel. Sus dedos trazan patrones en tu muslo desnudo mientras hablan, cada caricia subiendo la temperatura. El aire huele a vainilla quemada y a su excitación creciente, ese almizcle masculino que te hace salivar. Lo besas de nuevo, esta vez lento, saboreando su cuello salado, lamiendo la curva de su clavícula. Él gime, "Qué chingón se siente eso", y te levanta en brazos, llevándote a la cama como si no pesaras nada.

En el colchón king size, con sábanas de hilo egipcio frescas contra tu espalda ardiente, la escalada es imparable. Sus manos expertas masajean tus pechos, pulgares rozando pezones endurecidos que duelen de placer.

Neta, este wey sabe lo que hace, me tiene empapada
. Bajas la mano, envolviendo su polla gruesa, sintiendo las venas latiendo bajo tu palma, el precum resbaloso lubricando el movimiento. Él jadea, "Sí, así, mami", y te abre las piernas con gentileza, su aliento caliente en tu monte de Venus antes de hundir la lengua. El primer lametón es eléctrico: áspero, húmedo, saboreando tus jugos con gemidos que vibran en tu clítoris. Arqueas la espalda, garras en su cabello, el sonido de su succión chupando obscenamente el silencio. "¡Jaehyun, no pares, pendejo delicioso!", gritas, y él ríe contra tu carne, intensificando, dedos curvándose dentro de ti tocando ese punto que te hace ver estrellas.

El orgasmo te sacude como un terremoto, ondas de placer desde el centro de tu ser, piernas temblando, pulso rugiendo en oídos. Él sube, besándote para que pruebes tu propio sabor dulce y salado en su boca. "Ahora tú", exiges, volteándolo. Lo chupas despacio, lengua girando en la cabeza sensible, tragando hasta la garganta mientras él maldice en coreano mezclado con español: "¡Carajo, qué boca tan rica!". Su mano en tu nuca guía sin forzar, caderas empujando leve. Lo llevas al borde, pero paras, sonriendo maliciosa. "Try again Jaehyun, pero adentro".

Se pone el condón con manos temblorosas, y esta vez entra perfecto: grueso, llenándote hasta el fondo con una fricción exquisita que te arranca un alarido. Empieza lento, cada embestida rozando paredes internas, su pubis chocando contra tu clítoris en chispazos. El slap-slap de piel contra piel llena la habitación, mezclado con sus gruñidos guturales y tus "¡Más duro, wey!". Sudor perla su frente, goteando en tu pecho, salado cuando lo lames. Cambian: él atrás, mano en tu cadera, la otra pellizcando pezones mientras te penetra profundo, bolas golpeando tu culo. Sientes cada centímetro, el estiramiento delicioso, el calor palpitante.

La intensidad sube: tú encima ahora, cabalgándolo salvaje, pechos rebotando, uñas en su pecho dejando marcas rojas. Él te agarra el culo, guiando el ritmo, ojos clavados en los tuyos con una conexión que va más allá de lo físico.

Esto no es solo cogida, es algo chido, algo que quiero repetir
. El clímax lo golpea primero: cuerpo tenso como cuerda, rugido animal mientras se vacía dentro del látex, pulsos que sientes masajeando tu interior. Eso te empuja al tuyo: explosión cegadora, paredes contrayéndose en espasmos, jugos chorreando por sus muslos. Colapsas sobre él, corazones latiendo al unísono, piel pegajosa y jadeos entrecortados.

Después, en el afterglow, yacen enredados, su dedo trazando círculos perezosos en tu espalda. El cuarto huele a sexo crudo, vainilla y sudor satisfecho. "Fue increíble la segunda vez", murmura él, besando tu sien. Tú ríes, "Inténtalo de nuevo Jaehyun cuando quieras". Duermen así, con la promesa de mañanas calientes y noches eternas, el skyline testigo de un deseo que apenas empieza.

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