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Cojiendo Rico Trio en la Finca Tropical

6911 palabras

Cojiendo Rico Trio en la Finca Tropical

El sol se ponía sobre la finca tropical que rentamos en la Riviera Maya, tiñendo el cielo de naranjas y rosas que se reflejaban en la piscina infinita. Yo, Ana, de treinta y dos años, con mi piel morena brillando por el aceite de coco, me sentía como una diosa lista para soltarme. Marco y Luis, mis carnales de la uni que ahora eran unos machos hechos y derechos, chapoteaban en el agua con sus cuerpos torneados, tatuajes reluciendo bajo el agua cristalina. Habíamos planeado este viaje para desconectarnos del pinche estrés de la ciudad, pero el aire cargado de sal y flores de frangipani ya olía a algo más que vacaciones.

¿Y si esta noche pasa algo chido? pensé mientras me acercaba al borde de la piscina, mi bikini rojo apenas conteniendo mis chichis firmes. Marco, con su sonrisa pícara y barba de tres días, salió del agua primero, el agua chorreando por su pecho velludo y bajando hasta el bulto marcado en su short.

"Órale, Ana, ¿vienes a mojarle o qué, wey?"
dijo riendo, salpicándome. Luis, más alto y delgado, con ojos verdes que hipnotizaban, se unió, pasándome una chela fría. Sus manos rozaron las mías, un toque eléctrico que me erizó la piel.

Nos sentamos en las loungers, platicando pendejadas sobre viejos ligues y aventuras locas. El calor húmedo nos pegaba el sudor a la piel, y el sonido de las olas rompiendo a lo lejos se mezclaba con nuestras risas. Bebimos, bailamos reggaetón en la terraza con bocinas retumbando "Despacito", y poco a poco los cuerpos se acercaron. Sentí la mano de Marco en mi cintura, firme pero juguetona, mientras Luis me susurraba al oído:

"Estás cañona esta noche, Ana. No mames."
Mi corazón latía como tambor, el deseo subiendo como la marea.

La tensión creció cuando el sol se hiding. Marco me jaló para un baile pegado, su verga semi-dura presionando contra mi nalga. Chingado, esto se va a poner bueno, pensé, girándome para besar su cuello salado, probando el sabor a mar y hombre. Luis no se quedó atrás; se pegó por detrás, sus labios en mi hombro, manos subiendo por mis muslos.

"¿Quieren un cojiendo rico trio?"
soltó Marco entre risas roncas, y nos miramos los tres, ojos encendidos de complicidad. No hubo dudas; todo fluía natural, consensual, como si lo hubiéramos ensayado en sueños.

Entramos a la suite master, la brisa nocturna entrando por las puertas abiertas, carrying el aroma de jazmines salvajes. La cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio crujientes. Me quité el bikini despacio, dejando que me vieran: mis pezones duros como piedras, mi panocha ya húmeda reluciendo bajo la luz tenue de las velas. Marco gimió bajo,

"Eres una chingona, Ana."
Se desvistieron rápido, sus vergas saltando libres: la de Marco gruesa y venosa, la de Luis larga y curva, ambas palpitando de ganas.

Empecé por arrodillarme, el piso de madera cálido bajo mis rodillas. Tomé la verga de Marco en mi boca primero, chupando la cabeza salada, sintiendo su pulso en mi lengua mientras él jadeaba y me enredaba los dedos en el pelo. Sabe a puro vicio, pensé, lamiendo de abajo arriba, saliva goteando. Luis se acercó, frotando su pija contra mi mejilla, y alterné, mamándolos por turnos, sus gemidos llenando la habitación como música prohibida. El olor a macho excitado, almizcle mezclado con sudor fresco, me mareaba de placer.

Me levantaron como pluma, acostándome en el centro. Marco se hundió entre mis piernas, su lengua ávida lamiendo mi clítoris hinchado, chupando mis labios jugosos mientras yo arqueaba la espalda, gimiendo "¡Ay, cabrón, no pares!" Luis besaba mi boca, su lengua danzando con la mía, sabor a chela y deseo. Sentía cada roce: la barba de Marco raspando mis muslos internos, las yemas de Luis pellizcando mis tetas, enviando chispas al cerebro. Mi cuerpo ardía, jugos corriendo por mi raja, el aire espeso de nuestros alientos entrecortados.

La intensidad subió cuando Marco se posicionó, su verga gruesa abriéndome despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Qué rico se siente esta madre! grité en mi mente, clavando uñas en su espalda mientras él embestía rítmico, piel contra piel chapoteando. Luis se arrodilló sobre mi pecho, metiendo su pija en mi boca para acallarme, follándome la garganta suave. Era un ballet perfecto: Marco clavándome profundo, Luis cogiéndome la cara, mis manos masajeando sus huevos pesados. Sudor nos unía, resbaloso y caliente, el colchón crujiendo bajo nosotros.

Cambiaron posiciones, el instinto guiándonos. Ahora yo encima de Luis, cabalgándolo como amazona, su verga curva golpeando mi punto G con cada bajada, haciendo que mis paredes se contrajeran.

"¡Sí, wey, así, cógeme duro!"
le exigí, mis nalgas rebotando contra sus caderas, el slap-slap ecoando. Marco se pegó atrás, untando saliva en mi ano apretado, y presionó su glande. Dudé un segundo, pero el placer me abrió: entró lento, estirándome delicioso, el dolor virgen convirtiéndose en éxtasis puro. Doble penetración en un cojiendo rico trio... esto es el cielo, pinches cabrones.

Me follaban sincronizados, uno entrando mientras el otro salía, fricción infernal en mis dos agujeros. Sentía todo: la curva de Luis rozando mi frente vaginal, la grosura de Marco partiéndome el culo, sus pelvis chocando contra mí. Gritos míos, gruñidos de ellos, olor a sexo crudo impregnando el aire —jugos, sudor, semen preeyaculatorio—. Mis chichis brincaban, pezones rozando el pecho velludo de Luis, lengua enredada con la de Marco que ahora me besaba salvaje.

El clímax se acercó como tormenta. Primero Luis, tensándose bajo mí:

"¡Me vengo, Ana, chingada madre!"
Su verga latió, inundándome de leche caliente que salpicó adentro, rebosando por mis muslos. Eso me disparó; orgasmos múltiples me sacudieron, visión borrosa, cuerpo convulsionando, gritando "¡Sí, sí, cabrones, no paren!" Marco resistió, pero al final rugió, eyaculando profundo en mi culo, chorros calientes pintándome las entrañas.

Colapsamos en un enredo sudoroso, pechos agitados, piel pegajosa reluciendo bajo la luna que entraba por la ventana. Marco me besó la frente, Luis acarició mi pelo revuelto. Esto no fue solo sexo; fue conexión pura, empoderamiento en trio, reflexioné mientras el afterglow nos envolvía como manta suave. Reímos bajito, compartiendo agua fresca, cuerpos aún temblando de réplicas. Afuera, las olas susurraban aprobación, y supe que este cojiendo rico trio había cambiado todo para bien —amistad más profunda, placer sin límites.

Nos dormimos así, desnudos y satisfechos, el aroma de nuestro amor flotando en la brisa tropical.

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