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Trios Mhm Videos que Encienden el Alma

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Trios Mhm Videos que Encienden el Alma

Era una noche calurosa en el depa de Polanco, con el zumbido del aire acondicionado luchando contra el bochorno de la ciudad. Yo, Ana, estaba recargada en el hombro de Marco, mi carnal de tantos años, mientras el tequila reposado nos calentaba la garganta con su sabor ahumado y terroso. Neta, qué chido estar así, pensé, pero algo faltaba. La rutina nos tenía hartos, y esa noche, buscando algo que nos prendiera, Marco sacó su laptop.

"Mira esto, mi amor", me dijo con esa sonrisa pícara que me derrite. "Trios mhm videos. Los vi el otro día y me volaron la cabeza". El título parpadeaba en la pantalla, con thumbnails de cuerpos entrelazados, pieles brillando bajo luces tenues. Hice clic en uno, y el gemido inicial de una mujer nos envolvió como un susurro caliente. Olía a deseo en el aire, mezclado con el aroma de su colonia cítrica y mi perfume de vainilla.

En el video, una pareja como nosotros invitaba a un tercero, y la forma en que se tocaban, con manos lentas explorando curvas y músculos, me hizo apretar las piernas. Sentí un cosquilleo en el estómago, un calor que subía desde mi panocha hasta los pezones endurecidos. Marco me miró, sus ojos oscuros brillando. "

¿Y si lo intentamos, wey? ¿Te late?
", murmuró, su aliento cálido en mi oreja. Mi corazón latía fuerte, como tambores en una fiesta de pueblo. ¿Estoy lista para esto? ¿Para compartirlo y ser compartida?

Al día siguiente, con nervios de quinceañera, le mandé un mensajito a Luis, el amigo de Marco del gym, ese moreno alto con sonrisa de diablo. "Ven al depa esta noche, carnal. Trae chelas y buena vibra". Él contestó al instante: "Órale, neta me late". Cuando llegó, el ambiente ya estaba cargado. Luces bajas, música de rancheras electrónicas sonando suave, y el olor a tacos de suadero que pedimos para romper el hielo.

Nos sentamos en el sillón de cuero que crujía bajo nuestro peso, las chelas frías sudando en las manos. Marco puso otro de esos trios mhm videos, y el silencio se rompió con risas nerviosas. En la pantalla, la mujer se arrodillaba, lamiendo con devoción mientras el otro hombre la acariciaba el culo. Sentí la mano de Marco en mi muslo, subiendo despacio, su palma áspera rozando mi piel suave. Luis nos observaba, su pecho subiendo y bajando rápido.

"Qué padre se ve", dijo Luis, su voz ronca. Me giré hacia él, y sin pensarlo, le puse la mano en la rodilla. Su piel estaba caliente, músculos firmes bajo el pantalón.

Esto es real, no un video
, pensé, mientras mi pulso se aceleraba. Marco se acercó, besándome el cuello con labios húmedos, saboreando mi sal. El beso se volvió profundo, lenguas danzando con sabor a cerveza y tequila.

La tensión crecía como una tormenta en el desierto. Me levanté, quitándome la blusa con un movimiento lento, dejando que mis tetas rebotaran libres, pezones duros como piedras. Los dos me miraron embobados. "Vengan, pendejos", les dije juguetona, con esa voz que uso cuando estoy calentona. Luis se acercó primero, sus manos grandes cubriendo mis pechos, amasándolos con gentileza. Gemí bajito, el sonido vibrando en mi garganta. Olía a su sudor limpio, masculino, mezclado con el mío que empezaba a perfumar el aire.

Marco nos unió, desabrochando mi bra, besando mi espalda mientras Luis chupaba un pezón, tirando suave con los dientes. Qué rico, dos bocas en mí. Sentí sus vergas duras presionando contra mis piernas, grandes y palpitantes. Me arrodillé entre ellos, el piso fresco contra mis rodillas. Desabroché el cinturón de Marco primero, sacando su verga gruesa, venosa, que saltó libre oliendo a hombre excitado. La lamí desde la base, saboreando la piel salada, mientras con la mano libre masajeaba a Luis, que gruñía como animal.

"Métetela, Ana", jadeó Marco, enredando sus dedos en mi pelo. La tragué profunda, sintiendo cómo tocaba mi garganta, el pulso de su miembro acelerado. Luis se acercó, y alterné, mamadas lentas y jugosas, saliva chorreando por sus huevos. Sus gemidos llenaban la habitación, roncos y desesperados, como en esos trios mhm videos que nos inspiraron. Mi panocha chorreaba, empapando mis calzones, el olor almizclado subiendo hasta nosotros.

Me pusieron de pie, quitándome todo. Marco me cargó al sillón, abriéndome las piernas. Su lengua encontró mi clítoris hinchado, lamiendo con hambre, chupando mis labios jugosos. Dios, qué chingón. Luis se paró frente a mí, metiéndome su verga en la boca mientras Marco me comía viva. Sentía sus dedos entrando, curvándose en mi punto G, el sonido chapoteante de mi humedad. El placer subía en olas, mi cuerpo temblando, pechos agitándose con cada jadeo.

Cambiaron posiciones, la química fluyendo natural como el mezcal. Luis se sentó, y yo me monté en él, su verga gruesa abriéndome despacio, centímetro a centímetro. Me llena tanto, pensé, mientras bajaba hasta el fondo, mi culo rebotando contra sus muslos peludos. Marco se puso atrás, untando lubricante frío en mi ano, masajeando con un dedo primero. "Relájate, mi reina", susurró, y entró suave, su punta rompiendo la resistencia.

Doble penetración, como en los videos, pero mejor, real. Sus vergas rozándose dentro de mí a través de la delgada pared, pulsando al unísono. Me moví despacio al principio, sintiendo cada vena, cada embestida. El sudor nos unía, pieles resbalosas chocando con palmadas húmedas. Olía a sexo puro: semen, jugos, sudor. Gemí fuerte, "¡Córanme, weyes! ¡Más duro!". Aceleraron, follándome sincronizados, mis tetas saltando, uñas clavadas en los hombros de Luis.

El clímax se acercaba como un tren. Marco salía y entraba, su aliento caliente en mi nuca, mordiendo mi oreja. Luis chupaba mis tetas, pellizcando pezones. Sentí la presión en mi vientre, el orgasmo construyéndose. "¡Ya vengo!", grité, y exploté, mi panocha contrayéndose alrededor de Luis, chorros calientes mojando sus huevos. Ellos no pararon, embistiéndome hasta que Marco gruñó primero, llenándome el culo con su leche caliente, espesa. Luis siguió, corriéndose dentro de mí con un rugido, su verga hinchándose.

Colapsamos en un enredo de cuerpos jadeantes, el sillón pegajoso bajo nosotros. El aire olía a clímax compartido, dulce y salado. Marco me besó suave, Luis acariciando mi pelo. "Qué pedo tan chido", dijo él riendo. Yo sonreí, exhausta pero plena.

Esto nos cambió, nos unió más
. No era solo sexo; era confianza, deseo liberado. Mientras nos limpiábamos con toallas suaves, suaves risas llenando el espacio, supe que los trios mhm videos habían sido solo el inicio de algo nuestro, poderoso.

Desnudos en la cama después, con chelas frías y el zumbido de la ciudad afuera, reflexioné. Mi cuerpo aún hormigueaba, recuerdos de toques grabados en la piel. Marco y Luis flanqueándome, manos entrelazadas. Neta, qué vida. El deseo no se apagó; solo esperó la próxima noche.

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