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Las Poses de Trío Ardientes

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Las Poses de Trío Ardientes

El sol de Puerto Vallarta caía a plomo sobre la terraza de la villa, tiñendo el aire de ese olor salado del mar mezclado con el aroma dulce de las buganvillas. estabas ahí, recargada en la barandilla, con una chela fría en la mano, sintiendo cómo el viento jugaba con tu falda ligera, rozando tus muslos desnudos. Karla, tu carnala de toda la vida, se acercó por detrás, su risa fresca como el agua de coco que acababan de partir. "Órale, güey, ¿ya estás lista pa'l desmadre?", te dijo, mientras sus manos se posaban en tus caderas, apretando suave, enviando un cosquilleo eléctrico directo a tu entrepierna.

Luis, el carnal de Karla, salió de la piscina con el agua chorreando por su torso marcado, esos abdominales que siempre te ponían a mil. Neta, el wey era un chingón: alto, moreno, con esa sonrisa pícara que prometía pecados. "Vamos a probar algo nuevo hoy", anunció, secándose el pelo con una toalla. Tú sentiste el pulso acelerarse, el calor subiendo por tu cuello. Habían platicado de esto semanas antes, en una de esas noches de copas donde las confesiones salen solas. Poses de trío, las habían llamado en ese artículo cachondo que Karla encontró en la red. "Pa' que no se nos acabe la diversión", dijo ella entonces, guiñándote el ojo.

La tensión ya estaba ahí, flotando como el humo de un cigarro mentolado. Entraron a la recámara principal, con su cama king size cubierta de sábanas de algodón egipcio, frescas y suaves al tacto. El ventilador giraba perezoso, moviendo el aire cargado de perfume de vainilla y algo más primitivo: el olor de sus cuerpos anticipando lo que vendría. Karla te jaló hacia la cama, sus labios rozando tu oreja. "Relájate, nena", murmuró, y su aliento cálido te erizó la piel. Luis se paró frente a ti, quitándose el short con lentitud, dejando ver su verga ya semi-dura, gruesa y venosa, palpitando al ritmo de su deseo.

¿De veras vamos a hacer esto? Neta, mi cuerpo ya grita sí, pero mi mente da vueltas como trompo. El miedo a lo desconocido se mezcla con una excitación que me moja las panties.

Acto uno del desmadre: las caricias iniciales. Te recostaste en la cama, y Karla se subió encima, sus tetas firmes presionando contra las tuyas a través de las blusas delgadas. Sus pezones duros como piedritas se marcaban, y tú los sentiste cuando ella se arqueó, gimiendo bajito. "Tócame, cari", te pidió, guiando tu mano a su short. La tela estaba húmeda ya, y al meter los dedos adentro, tocaste su panocha resbalosa, caliente, con ese olor almizclado que te volvía loca. Luis se acercó por el otro lado, besándote el cuello, lamiendo con lengua jugosa hasta que un jadeo se te escapó.

El sonido de sus respiraciones se aceleraba, entrecortado, como olas rompiendo en la playa. Tus dedos exploraban a Karla, sintiendo cómo sus labios se abrían, chorreando jugos que olían a mar y a deseo puro. Ella se mordió el labio, mirándote con ojos vidriosos. "Más profundo, wey", suplicó, y tú obedeciste, curvando los dedos para rozar ese punto que la hizo arquearse como gata en celo.

Luis no se quedó atrás. Se arrodilló entre tus piernas, abriéndolas con manos firmes pero tiernas. El roce de sus palmas callosas en tus muslos internos fue como fuego líquido. Bajó la cabeza, y su lengua caliente lamió tu clítoris hinchado, saboreando tus jugos salados y dulces. ¡Pinche madre! Pensaste, mientras tus caderas se levantaban solas, buscando más de esa succión experta. El cuarto se llenó de slurps húmedos y gemidos ahogados, el aire espeso con el aroma de sudor fresco y sexo incipiente.

La escalada empezó de verdad cuando Karla se quitó la ropa, quedando en pelotas, su cuerpo curvilíneo brillando bajo la luz dorada del atardecer que se colaba por las cortinas. "Hora de las poses de trío", dijo con voz ronca, sacando su celular pa' checar el artículo. La primera: tú de rodillas, ella detrás de ti, Luis enfrente. Te pusiste en posición, el colchón hundiéndose bajo tu peso, y Karla te abrió las nalgas con delicadeza, su lengua explorando tu ano mientras Luis te metía su verga en la boca.

¡Qué sabor! Salado, con un toque de cloro de la piscina, y esa vena gruesa pulsando contra tu lengua. La mamaste con ganas, chupando la cabeza hinchada, mientras Karla lamía tu raja desde atrás, sus dedos uniéndose al festín, frotando tu clítoris en círculos viciosos. Tus gemidos vibraban alrededor de la pija de Luis, haciendo que él gruñera como animal: "¡Así, chula, trágatela toda!". El sudor les corría por la espalda, goteando, mezclándose con los jugos que chorreaban por tus piernas.

Cambiaron a la siguiente pose: el trío en cadena. Tú abajo, boca arriba, con Luis penetrándote la panocha de un solo empujón. ¡Dios, qué relleno! Su verga te estiraba delicioso, golpeando profundo, el sonido de carne contra carne retumbando como tambores. Karla se sentó en tu cara, su coño mojado ahogándote en néctar dulce y pegajoso. Lo lamiste con furia, metiendo la lengua en sus pliegues calientes, saboreando su excitación mientras ella se mecía, tetas rebotando, uñas clavándose en tus hombros.

Esto es el paraíso, wey. Siento sus cuerpos como extensiones de mí, pulsos sincronizados, placer multiplicado por tres. No hay celos, solo pura conexión carnal.

La intensidad subía como la marea. Luis te taladraba con ritmo chingón, sus bolas peludas chocando contra tu culo, enviando ondas de placer que te hacían ver estrellas. Karla gritaba tu nombre, "¡Sí, nena, chúpame el clítoris!", y tú lo hacías, aspirando fuerte hasta que ella explotó en tu boca, chorros calientes inundándote la cara, su cuerpo temblando como hoja.

Pero no pararon. Siguiente pose de trío: Karla y tú de lado, cucharita, con Luis alternando entre sus coños. Primero te la metió a ti, profundo y lento, dejando que sintieras cada centímetro, el roce de su prepucio contra tus paredes internas. El olor de sus axilas sudadas, mezclado con el de vuestras panochas abiertas, era embriagador, como feromonas puras. Luego se movió a Karla, y tú sentiste celos juguetones, pero los aplacaste lamiendo donde él entraba y salía, probando la mezcla de sus jugos en su verga brillante.

Los gemidos se volvieron gritos. "¡Me vengo, cabrones!", rugió Luis, pero se aguantó, cambiando a la pose final: tú cabalgando su cara mientras Karla montaba su pija. Tus muslos temblaban alrededor de su cabeza, su lengua devorándote como si fueras el último banquete. Karla rebotaba arriba, sus nalgas cachetonas aplastando las bolas de él, el slap-slap-slap llenando el cuarto. Te besaste con Karla, lenguas enredadas, saboreando el sudor salado de su piel, mientras tus clítoris se rozaban indirectamente a través del movimiento.

El clímax llegó como tsunami. Primero Karla, arqueándose con un alarido gutural, su coño apretando la verga de Luis hasta ordeñarlo. Él se vino adentro de ella con un bramido, chorros calientes que sentiste resbalar cuando te cambiaste de posición rápida. Tú fuiste la última, montando su cara empapada, frotando tu clítoris contra su nariz hasta que el orgasmo te partió en dos: ondas de placer cegador, piernas flojas, un grito ronco que salió de lo más hondo.

El afterglow fue puro terciopelo. Se derrumbaron en la cama, cuerpos enredados, pieles pegajosas de sudor y semen. El sol se había puesto, dejando el cuarto en penumbras suaves, solo el rumor del mar lejano y sus respiraciones calmándose. Karla te acarició el pelo, besándote la frente. "Neta, las poses de trío fueron la neta", susurró, riendo bajito. Luis te abrazó por detrás, su verga flácida aún tibia contra tu culo. sonreíste, sintiendo una paz profunda, como si hubierais cruzado un umbral juntos.

En ese momento, con sus cuerpos calientes envolviéndote, supiste que esto no era el fin, sino el principio de más desmadres. El aroma de sexo persistía, un recordatorio dulce, mientras el sueño los iba venciendo, unidos en la resaca del placer compartido.

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