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Pasión Desnuda en Almetec Tri

6218 palabras

Pasión Desnuda en Almetec Tri

Tú bajas del taxi bajo el sol abrasador de la Riviera Maya, el aire cargado con el olor a sal del mar Caribe y las flores tropicales que bordean el camino privado. Almetec Tri se alza ante ti como un paraíso escondido: una villa de lujo con paredes blancas, techos de palapa y una piscina infinita que se funde con el horizonte azul. Has venido aquí con Marco, tu pareja de años, y su carnal Javier, un moreno alto y musculoso que siempre te ha mirado con ojos que prometen travesuras. "¡Qué chingón lugar, wey!", dice Marco riendo mientras carga las maletas, su voz ronca retumbando en el silencio de la playa desierta.

El mayordomo los recibe con margaritas heladas, el vaso sudando en tu mano, el limón fresco explotando en tu lengua con un toque picante de chile. Te cambias a un bikini diminuto que abraza tus curvas, la tela húmeda ya por el calor, y sales a la terraza. Javier está en la piscina, su cuerpo aceitado brillando bajo el sol, nadando con brazadas potentes que hacen salpicar el agua cristalina. Sientes un cosquilleo en el estómago, un calor que sube desde tus muslos.

¿Qué pedo conmigo? Son carnales, pero Javier... esa forma en que su piel bronceada se tensa sobre esos músculos...

Marco se une, salpicándote juguetón, y pronto están los tres chapoteando como chavos. Las risas se mezclan con el rumor de las olas rompiendo en la arena blanca. Javier te carga en brazos, su pecho duro presionando tus pechos, el agua resbalando entre sus cuerpos. "¡Estás rica, carnala!", bromea, y tú sientes su verga semi-dura rozando tu vientre bajo el agua. Marco observa con una sonrisa pícara, sin celos, solo deseo compartido. La tensión crece como la marea; cada roce accidental se vuelve intencional, cada mirada un fuego lento.

Al atardecer, se acomodan en las hamacas de la playa privada de Almetec Tri, cervezas frías en mano, el cielo tiñéndose de naranja y rosa. El aroma a coco de tu loción se mezcla con el sudor salado de ellos. Marco te besa el cuello, sus labios calientes y ásperos, mientras Javier masajea tus pies, sus dedos fuertes subiendo por tus pantorrillas. "Déjame cuidarte, reina", murmura Javier, su aliento cálido en tu piel. Tu pulso se acelera, el corazón latiendo fuerte en tus oídos como tambores taquileños.

No puedo más. Quiero sentirlos a los dos, aquí, en este rincón del mundo donde nadie nos juzga.
La noche cae suave, las estrellas salpicando el cielo como diamantes. Entran a la villa, la brisa marina colándose por las cortinas de gasa. En la sala amplia con piso de mármol fresco, Marco enciende velas que arrojan sombras danzantes. Te quitan el bikini con manos temblorosas de anticipación, sus bocas explorando: Marco chupa tus pezones endurecidos, el tirón dulce enviando chispas a tu clítoris hinchado; Javier lame tu ombligo, bajando lento, su lengua trazando círculos que te hacen arquear la espalda.

El aire se llena del scent a excitación: almizcle femenino mezclado con el salado masculino. Te arrodillas, tus manos envolviendo sus vergas duras, venosas y palpitantes. La de Marco, gruesa y familiar; la de Javier, larga y curva, goteando precum salado que pruebas con la lengua, el sabor a mar y hombre invadiéndote. "¡Qué rica boca tienes!", gime Marco, enredando dedos en tu pelo. Javier te folla la boca suave, sus caderas moviéndose con ritmo de cumbia lenta, mientras Marco acaricia tu panocha mojada, sus dedos hundiéndose en tu calor resbaladizo.

Te llevan al king size bed, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Marco se acuesta, tú montas su verga, sintiendo cómo te estira, llena cada rincón con un placer ardiente que te hace jadear. Plaf, plaf, el sonido húmedo de carne contra carne, tus jugos chorreando por sus bolas. Javier se posiciona atrás, lubricante fresco goteando en tu ano apretado. "Relájate, mi amor, te vamos a hacer volar", susurra, su glande presionando lento, abriéndote centímetro a centímetro. El estiramiento quema dulce, un dolor que se funde en éxtasis cuando entra completo, sus pelvis chocando contra tus nalgas redondas.

Ahora estás atrapada en su triángulo perfecto: Marco embistiendo desde abajo, rozando tu punto G con cada golpe profundo; Javier taladrando tu culo con thrusts precisos, su mano alcanzando tu clítoris para frotarlo en círculos frenéticos. El cuarto resuena con gemidos guturales: "¡Cógeme más duro!", gritas, tu voz ronca. Sudor perla sus cuerpos, goteando sobre ti, el olor a sexo crudo embriagador. Sientes las venas de sus vergas pulsando dentro, sincronizadas, construyendo la presión como una tormenta tropical.

Es demasiado... voy a explotar. Los amo a los dos, este placer prohibido pero nuestro.
Tus paredes internas se contraen, un orgasmo masivo te sacude, olas de fuego desde tu centro irradiando a cada nervio. Gritas, mordiendo el hombro de Marco, tus jugos squirtando sobre su abdomen. Ellos no paran, prolongando tu clímax hasta que Javier gruñe "¡Me vengo!", llenándote el culo con chorros calientes, viscosos. Marco sigue, sus embestidas erráticas, explotando dentro de tu panocha con un rugido animal, su semen mezclándose con tus fluidos.

Colapsan los tres, un enredo de miembros sudorosos y respiraciones agitadas. El ventilador del techo mece el aire fresco sobre sus pieles febriles, el mar susurrando fuera como arrullo. Javier besa tu frente, Marco tu boca, sus sabores salados en tus labios. "Esto fue lo máximo, carnala", dice Javier con voz perezosa. Marco asiente, trazando patrones en tu vientre. Te sientes plena, empoderada, como diosa de Almetec Tri.

Al amanecer, desayunan frutas frescas en la terraza: mango jugoso cuyo dulce explota en tu boca, papaya que evoca tus jugos de anoche. El sol acaricia sus cuerpos desnudos, sin vergüenza.

Esto no termina aquí. Almetec Tri nos ha cambiado, unido en este lazo sensual.
Miran el mar infinito, sabiendo que el triángulo perdurará más allá de la villa, en recuerdos que avivarán futuras fogatas de pasión.

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