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Mi College Try Ardiente

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Mi College Try Ardiente

Era mi primer semestre en la uni, esa emoción de college try que todos platican, como si de plano el mundo se abriera de golpe. Llegué a la residencia con mi maleta llena de sueños y un poco de nervios, pero chida la neta. La fiesta de bienvenida estaba a todo lo que daba: luces neón parpadeando, reggaetón retumbando en los parlantes y un chorro de chelas frías circulando. Olía a tacos de la esquina y a ese sudor fresco de cuerpos jóvenes moviéndose al ritmo.

Ahí lo vi: Luis, el wey alto y moreno de la clase de literatura, con esa sonrisa pícara que te hace mojar sin querer. Estaba recargado en la pared, platicando con unos cuates, su camisa ajustada marcando los músculos del pecho.

Órale, Ana, este es tu college try, me dije. No seas pendeja, ve y échale los perros por una vez en tu vida.
Respiré hondo, el aire cargado de humo de cigarro y perfume barato, y me acerqué con mi vaso de cuba en la mano.

—¿Qué onda, Luis? ¿Ya te estás armando el pedo solo? —le dije, fingiendo seguridad mientras mi corazón latía como tambor.

Él volteó, sus ojos cafés clavándose en los míos, y se rió bajito. —Neta, Ana, tú sí que llegas con todo. ¿Bailamos o qué?

Su voz ronca me erizó la piel. Asentí y nos metimos al centro de la pista. El bass del perreo nos pegó los cuerpos: su mano en mi cintura, mi nalga rozando su cadera. Sentí su calor a través de la tela delgada de mi vestido corto, ese roce que hace que el estómago se apriete. Olía a su colonia cítrica mezclada con el sudor salado, y cada giro hacía que mi pelo se enredara con el suyo. Esto es lo chido de la uni, pensé, mientras su aliento caliente me rozaba el cuello.

La fiesta seguía, pero nosotros ya estábamos en nuestro rollo. Me jaló más cerca, su erección presionando contra mí disimuladamente.

Mierda, está bien puesto. Mi college try va viento en popa.
Le mordí el lóbulo de la oreja suave, probando su sabor salado, y él gruñó bajito, ese sonido que vibra directo en el clítoris.

—¿Vamos a algún lado más tranqui? —me susurró, su mano bajando a mi muslo, dedos fuertes pero gentiles.

—Sí, wey. A mi cuarto —respondí, empoderada, guiándolo por el pasillo lleno de risas y puertas cerradas.

Acto dos, la cosa se puso intensa. Cerré la puerta de mi recámara, el clic del seguro como un detonador. La luz tenue de la lámpara de mesa pintaba sombras en las paredes blancas, posters de Bad Bunny y Frida pegados con cinta. Olía a mi crema de vainilla y a la humedad del baño reciente. Luis me acorraló contra la puerta, sus labios capturando los míos en un beso hambriento. Su lengua invadió mi boca, saboreando a tequila y menta, mientras sus manos subían por mis muslos, levantando el vestido.

Me separé un segundo, jadeando. ¿Y si me rajo? No, chingá, este college try es mío. Lo empujé a la cama deshecha, las sábanas frescas oliendo a detergente suave. Me quité el vestido de un tirón, quedando en brasier negro de encaje y tanga. Él se incorporó, ojos devorándome, y se sacó la camisa, revelando abdomen marcado y vello oscuro bajando al ombligo.

—Estás cañona, Ana —dijo, voz ronca, atrayéndome a horcajadas sobre él.

Sentí su verga dura contra mi panocha a través de la tela, palpitando como un corazón acelerado. Me froté despacio, el roce eléctrico enviando chispas por mi espina. Sus manos amasaron mis tetas, pulgares en los pezones endurecidos, tirando suave hasta que gemí alto. Su piel es tan suave y áspera al mismo tiempo, como terciopelo sobre acero. Bajé la cabeza, lamiendo su cuello salado, mordiendo el hueco de la clavícula mientras él metía mano en mi tanga, dedos resbalosos encontrando mi humedad.

—Estás chorreando, preciosa —gruñó, círculos lentos en mi clítoris hinchado.

El placer subía en olas, mis caderas moviéndose solas, el colchón crujiendo bajo nosotros. Lo desabroché, liberando su verga gruesa, venosa, goteando pre-semen. La probé con la lengua, salado y almizclado, chupando la cabeza mientras él jadeaba y enredaba dedos en mi pelo.

Neta, nunca había sido tan puta... y me encanta este college try.
Me subió encima, tanga a un lado, y me hundí en él despacio. Su grosor me estiró delicioso, llenándome hasta el fondo. Grité suave, el ardor placentero convirtiéndose en éxtasis mientras cabalgaba, tetas rebotando, sudor perlando nuestros cuerpos.

Nos volteamos, él encima ahora, embistiéndome profundo, piel contra piel chapoteando húmeda. Sus bolas golpeaban mi culo, ritmo salvaje, olor a sexo crudo impregnando el aire. Le clavé las uñas en la espalda, dejando marcas rojas, mientras mi orgasmo se acercaba como tormenta. Siento cada vena, cada pulso dentro de mí. Él aceleró, gruñendo mi nombre, y explotamos juntos: yo convulsionando, paredes apretándolo, él llenándome con chorros calientes.

Acto tres, el afterglow fue puro paraíso. Colapsamos enredados, respiraciones agitadas calmándose, piel pegajosa enfriándose. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante. Olía a nosotros, mezcla de fluidos y sudor, embriagador. Me acarició el pelo suave, besos perezosos en la frente.

—Fue chingón, Ana. Tu college try me voló la cabeza —dijo, riendo bajito.

Yo sonreí, empoderada como nunca.

Sí, wey. Este college try no fue intento, fue victoria total. Y quiero más.
La uni apenas empezaba, y con él a mi lado, el futuro pintaba caliente y prometedor. Nos quedamos así, cuerpos entrelazados, hasta que el sol del amanecer filtró por la cortina, tiñendo todo de oro.

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