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Prueba el SQL Server Prohibido

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Prueba el SQL Server Prohibido

Estás en la oficina de la empresa en Polanco, CDMX, un viernes por la noche que se alarga más de lo planeado. El aire acondicionado zumba suave, mezclándose con el tráfico lejano de Reforma. Tú, Ana, desarrolladora junior con curvas que el suéter ajustado no puede ocultar, luchas con un query que no jala. Neta, ¿por qué este pinche código se atora? piensas, mordiéndote el labio inferior mientras tus dedos vuelan sobre el teclado.

Entra Marco, tu compañero senior, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que hace que tus muslos se aprieten sin querer. Lleva camisa remangada, dejando ver antebrazos fuertes de tanto teclear y gym. "Órale, wey, ¿qué onda con ese server? ¿Ya le diste try SQL Server?" dice, acercándose por detrás. Su aliento cálido roza tu cuello, y un escalofrío te recorre la espina. Huele a colonia fresca, mezclado con café negro de máquina.

¿Try SQL Server? Suena como una invitación sucia, no a un pinche database.

"No mames, Marco, no sé ni por dónde empezar. Este query me está haciendo enojar", respondes, girando un poco en la silla ergonómica. Tus rodillas rozan su pierna, y él no se aparta. Se inclina más, su pecho casi tocando tu hombro. El calor de su cuerpo se filtra a través de la tela, y sientes el pulso acelerarse en tu garganta.

"Tranquila, carnala. Vamos paso a paso. Primero, instala el trial. Try SQL Server, es chido, te va a volar la cabeza", murmura, su mano grande cubriendo la tuya en el mouse. Los dedos se entrelazan un segundo de más, ásperos contra tu piel suave. El roce envía chispas directas a tu entrepierna, donde una humedad traicionera empieza a formarse.

La pantalla brilla con código azul, pero tus ojos se desvían a su boca, a esa barba incipiente que imaginas raspando tus pechos. Él nota, porque su pupila se dilata. "Mira, haz click aquí... try SQL Server y ejecuta el comando". Su voz baja un tono, ronca, como si hablara de algo más íntimo.

Acto uno termina ahí, con el corazón latiéndote como tambor de cumbia en tus oídos. Apagas el monitor a medias, pretextando cansancio. "Ya estuvo, Marco, mañana lo acabamos". Pero él se queda, cerrando la puerta del cubículo con un clic que suena a promesa.

El middle arranca con su mano en tu rodilla. "No seas mensa, Ana. Sé que quieres probarlo todo. Try SQL Server conmigo, yo te guío". Sus ojos cafés te clavan, y asientes, la boca seca. Te para de la silla, te gira contra el escritorio. El vidrio frío contra tus nalgas contrasta con sus palmas calientes subiendo por tus muslos. Pinche calor, piensas, mientras él besa tu cuello, lengua húmeda trazando la vena que palpita.

"¿Sí quieres, verdad? Dime", susurra, mordisqueando tu oreja. "Sí, wey, no seas pendejo, hazlo ya", jadeas, arqueando la espalda. Sus manos desabrochan tu blusa, exponiendo el bra de encaje negro que compraste pensando en noches como esta. El aire fresco endurece tus pezones al instante, y él gime al verlos. "Qué chingonas tetas, Ana". Los chupa con hambre, succionando fuerte, el sonido húmedo llenando la oficina vacía. Sabor a sal de tu piel, olor a deseo que impregna el aire.

Esto es mejor que cualquier query resuelto. Su boca... ay, cabrón, me va a matar.

Te sube a la mesa, papers volando al suelo. Desabrochas su cinturón, el cuero cruje. Su verga salta libre, dura como acero, venosa, goteando precum que brilla bajo la luz LED. La tocas, terciopela y caliente, latiendo en tu puño. "Prueba esto primero", dice juguetón, guiándote la cabeza. Abres la boca, lengua lamiendo la punta salada, luego lo engulles profundo. Él gruñe, dedos enredados en tu pelo negro. "Así, buena... neta, qué rica boca". El sabor almizclado te enloquece, garganta acomodándose a su grosor.

Pero no es solo físico. En tu mente, flashes: cómo lo viste en la junta matutina, serio explicando bases de datos, y fantaseaste con él doblándote sobre la mesa de conferencias. Ahora pasa. Te baja los jeans, tanga empapada. Dedos expertas separan labios hinchados, rozando el clítoris. "Estás chorreando, Ana. ¿Por el SQL Server o por mí?". "Por ti, pendejo", ríes, pero gimes cuando mete dos dedos, curvándolos adentro, tocando ese punto que te hace ver estrellas.

El ritmo sube. Te come el coño con la boca, lengua girando, nariz frotando tu monte. Olor a sexo crudo, jugos chorreando por su barbilla. Tus caderas bailan solas, manos clavándose en su cabeza. Me vengo, ya mero... Pero se detiene, sonriendo malicioso. "Aún no. Try SQL Server completo". Te voltea, nalgas al aire, el escritorio duro contra tus tetas. Su verga empuja la entrada, lenta, estirándote. "¡Ay, cabrón, sí!", gritas, el dolor placer mezclándose. Llena todo, bolas golpeando tu clítoris con cada embestida.

Sudor perla su espalda, que lames, salado. Sonidos: carne contra carne, jadeos entrecortados, el zumbido del AC como banda sonora. Él acelera, mano en tu cadera, otra pellizcando pezón. "Córrete conmigo, Ana... try SQL Server hasta el fondo". La tensión crece, espiral interminable, hasta explotar. Tu coño aprieta como vicio, olas de placer sacudiéndote, gritando su nombre. Él ruge, llenándote de calor espeso, pulsos interminables.

Caen juntos, respiraciones agitadas. El ending trae paz. Te abraza contra su pecho húmedo, besos suaves en la sien. "Fue chido, ¿verdad? Como debuggear un código perfecto". Ríes, piernas temblorosas. "Mejor que try SQL Server cualquier día". Limpian con toallitas de la oficina, risas cómplices. Sales juntos al valet, mano en mano, la noche mexicana envolviéndolos con luces neón y olor a taquería cercana.

En el afterglow, caminando por la colonia, reflexionas: Esto no fue solo sexo, wey. Fue conexión, como un join perfecto en la base de datos de la vida. Él te aprieta la mano, prometiendo más "trials". El deseo late bajo la piel, listo para la próxima query.

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