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Gonna Try Tu Culo Caliente

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Gonna Try Tu Culo Caliente

El sol de la tarde se colaba por las cortinas de encaje en tu depa de Polanco, pintando rayas doradas sobre la cama king size. Tú, Karla, de veintiocho pirulos, con tu piel morena brillando de crema de coco que olía a playa caribeña, te recostabas boca abajo, el corazón latiéndote como tamborazo en una fiesta de pueblo. Alex, tu carnal de casi dos años, ese wey alto y fibroso con tatuajes que le subían por los brazos como enredaderas, se acercaba despacio, su sombra fresca contra tu espalda caliente.

Neta, Karla, ¿estás segura? —murmuró él, su voz ronca rozándote la oreja como aliento caliente, mientras sus dedos trazaban círculos suaves en tus nalgas redondas, apretadas por el gym que tanto te gustaba.

¿Segura? Puta madre, sí que lo estoy. Llevo meses fantaseando con esto, con sentirlo adentro, profundo, rompiendo esa barrera que siempre me ha picado la curiosidad. Pero el miedo me traiciona, ¿y si duele como la chingada? No, órale, hoy es el día.

Tú asentiste, mordiéndote el labio inferior, el sabor metálico de la anticipación en la lengua. Habían empezado la tarde con unas cheves frías y tacos de suadero de la esquina, riendo de pendejadas, pero el ambiente se había cargado de electricidad cuando confesaste tu antojo. Anal. Algo nuevo, prohibido en tus experiencias pasadas, pero con Alex todo fluía chido, consensuado, con esa confianza que te hacía sentir reina.

Sus manos grandes, callosas de tanto CrossFit, masajearon tus muslos, subiendo lento, el roce áspero de sus palmas enviando chispas por tu espina. Olías su colonia Axe mezclada con sudor fresco, ese aroma macho que te ponía los ovarios de cabeza. Te separó las piernas con gentileza, y sentiste el aire acondicionado lamiendo tu entrepierna húmeda, expuesta.

—Vamos a ir despacio, mi amor. Gonna try hacerte volar sin que duela ni madres —dijo él en spanglish, su acento chilango tiñendo las palabras gringas que usaba cuando se ponía cachondo.

El beginning de esta aventura era puro fuego lento. Alex besó tu nuca, su barba incipiente raspando delicioso, mientras untaba lubricante tibio en sus dedos. El gel resbaloso chasqueaba suave al frotarse, y tú gemiste bajito cuando el primero rozó tu entrada trasera, un círculo tímido, exploratorio. Pinche sensación rara, pensaste, un cosquilleo que se expandía como ondas en el chapoteo de una alberca.

Acto dos: la escalada. Te volteó boca arriba para mirarte a los ojos, esos cafés intensos que te desnudaban más que cualquier ropita. Se quitó la playera, revelando su pecho velludo y marcado, y tú no pudiste resistir: tus uñas se clavaron en su piel salada, saboreándola con la lengua, un gusto a mar y hombre que te aceleró el pulso. Él se hincó entre tus piernas, su verga dura ya palpitando contra tu muslo, gruesa y venosa, lista pero paciente.

Chin, qué choncha se siente contra mí. Quiero que me parta en dos, pero con ternura. Confío en él, neta.

—Dime si paras, ¿va? —insistió, besando tu clítoris hinchado, su lengua plana lamiendo con maestría, chupando el néctar dulce y salado que brotaba de ti. Tus caderas se arquearon solas, el sonido húmedo de su boca llenando la habitación, mezclado con tus jadeos ahogados. ¡Ay, cabrón! Cada roce era un relámpago, tu piel erizándose, pezones duros como piedras rozando las sábanas frescas.

Te penetró con dos dedos delanteros primero, curvándolos para golpear ese punto G que te hacía ver estrellas, mientras el pulgar jugaba atrás, lubricado, presionando. El estiramiento inicial te tensó los músculos, un ardor placentero que se fundía con el placer frontal. Sudabas, el olor almizclado de tu arousal mezclándose con el suyo, embotando el aire. Alex gruñía contra tu vientre, su aliento caliente acelerando tu respiración entrecortada.

—Estás tan apretadita, mamacita. Gonna try meterla poquito a poquito —susurró, posicionándose. La punta de su verga, gorda y caliente, tocó tu ano, untada en lubri extra que chorreaba fresco. Empujó mínimo, solo la cabeza, y tú contuviste el aliento, el anillo muscular cediendo con un pop sutil, un dolor punzante que se transformó en plenitud al instante.

Te aferraste a sus hombros, uñas marcando medias lunas rojas, mientras él se mecía lento, milímetros a la vez. Cada avance era una ola: presión ardiente, luego éxtasis cuando rozaba nervios dormidos. Puta madre, qué rico, el roce interno diferente, más íntimo, como si te llenara el alma. Él sudaba goterones que caían en tu pecho, salados al lamerlos, su ritmo creciendo con tus gemidos de aliento: ¡Más, wey, no pares!

La tensión psicológica explotaba: dudas fugaces —¿y si no gusta?— disueltas por su mirada devota, sus palabras sucias en chilango: —Te voy a romper el culo con amor, pendejita cachonda. Sientes cómo palpita adentro? —Tú asentías frenética, piernas temblando, el slap slap de sus bolas contra tu piel mojada resonando como aplausos obscenos. El olor a sexo crudo impregnaba todo, espeso, adictivo.

El clímax se cernía. Cambió ángulo, golpeando profundo, y tus paredes internas lo ordeñaron, un orgasmo anal brutal que te sacudió entera: visión borrosa, grito gutural escapando, jugos chorreando de tu chucha ignorada pero vibrante por empatía. Alex rugió, su verga hinchándose, chorros calientes inundándote, el calor líquido extendiéndose como lava dulce.

Se desplomó sobre ti, pesados jadeos sincronizados, pieles pegajosas fusionadas en sudor. Besos perezosos, lenguas danzando con sabor a clímax compartido. Te retiró despacio, un vacío placentero seguido de su dedo limpiándote tierno, el lubricante y semen resbalando tibio por tus nalgas.

Lo hicimos. Gonna try más veces, neta. Me siento poderosa, abierta, suya.

En el afterglow, se acurrucaron bajo las sábanas revueltas, el zumbido del minisplit como nana. Alex te acariciaba el pelo, riendo bajito: —¿Qué tal, reina? ¿Repetimos pronto? Tú sonreíste, el cuerpo lánguido, satisfecho, un eco de placer latiendo aún en tus entrañas. Afuera, la ciudad bullía indiferente, pero en ese nido, habíais conquistado un territorio nuevo, con promesas de exploraciones futuras. El deseo no se apagaba; solo mutaba, más hondo, más tuyo.

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