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Python Try Catch la Pasión Desatada

6335 palabras

Python Try Catch la Pasión Desatada

Era una noche calurosa en la Condesa, de esas que te hacen sudar aunque estés en un depa con aire acondicionado. Yo, Ana, acababa de conocer a Diego en un meetup de programadores. Wey tan guapo, con esa barba recortada y ojos que te miran como si ya te estuvieran desnudando. Hablamos de Python toda la velada, y cuando me invitó a su casa para "revisar un código juntos", no lo pensé dos veces. Órale, ¿por qué no? pensé, sintiendo un cosquilleo en el estómago.

Llegamos a su departamento, minimalista pero chingón: muebles de madera oscura, luces tenues y una vista al Parque México que quitaba el hipo. Olía a café recién molido y a su colonia, algo amaderado y fresco que me erizaba la piel. Nos sentamos frente a su laptop en el sofá de cuero suave. "Mira, Ana, este script necesita un buen python try catch", dijo él, sus dedos volando sobre el teclado. Yo me acerqué, mi muslo rozando el suyo por "accidente". El calor de su cuerpo se colaba por mi falda corta, y el roce de su pantalón contra mi piel desnuda me hizo morder el labio.

Me explicó el código: "En Python, el try catch agarra los errores antes de que todo se vaya al carajo". Su voz grave, como un ronroneo, me ponía los vellos de punta. Yo asentí, pero mi mente ya divagaba.

¿Y si lo agarro a él antes de que se me escape esta noche?
Nuestras manos se tocaron al apuntar la misma línea de código. Él no la retiró. En cambio, su mirada se clavó en mis labios, y sentí su aliento cálido en mi cuello. El aire se cargó de electricidad, como antes de una tormenta.

La pantalla brillaba con líneas de código verde sobre negro, pero yo ya no veía nada más que sus labios carnosos. "Déjame mostrarte cómo funciona un python try catch en la vida real", murmuró, girándose hacia mí. Su mano subió por mi muslo, lenta, explorando. Yo jadeé, el tacto áspero de sus dedos callosos enviando chispas directo a mi centro. "Try", susurró, besándome el cuello, su lengua trazando un camino húmedo que sabía a menta y deseo. Mi piel ardía, el olor de su sudor mezclado con mi perfume floral llenando la habitación.

Lo empujé contra el sofá, montándome a horcajadas. Sus manos grandes apretaron mis nalgas, amasándolas con fuerza. "Catch", gemí yo, mordiendo su oreja mientras desabrochaba su camisa. Su pecho moreno y musculoso relucía bajo la luz, y lo lamí, saboreando la sal de su piel. Él rio bajito, un sonido ronco que vibró en mi pecho. "Eres una mamacita traviesa", dijo con acento chilango puro, tirando de mi blusa. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras rozando su torso.

Nos besamos con hambre, lenguas enredándose en un baile salvaje. El sonido de nuestras respiraciones agitadas y besos chuposos llenaba el depa. Bajé la mano a su entrepierna, sintiendo su verga dura como fierro bajo el pantalón. ¡Qué pitón tan chingona! La apreté, y él gruñó, arqueando la cadera. "Sácala, Ana, intenta hacer tu python try catch", me provocó. Me reí, excitada por el jueguito. Desabroché su bragueta, y saltó su miembro grueso, venoso, palpitante. Olía a hombre puro, a testosterona y anticipación. Lo envolví con la mano, subiendo y bajando despacio, sintiendo cada vena pulsar bajo mi palma sudorosa.

Él no se quedó atrás. Sus dedos se colaron bajo mi tanga, rozando mi panocha ya empapada. "Estás chorreando, wey", murmuró, metiendo dos dedos adentro. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes. El squelch húmedo de mis jugos al moverse él era obsceno, delicioso. Me froté contra su mano, mis caderas ondulando como en un ritmo de cumbia.

Esto es mejor que cualquier debug en Python
, pensé, mientras él chupaba mi pezón, tirando con los dientes justo lo suficiente para doler rico.

Nos quitamos el resto de la ropa a tirones, piel contra piel. Su cuerpo duro sobre el mío en el sofá, el cuero pegándose a mi espalda sudada. Me abrió las piernas, su verga rozando mi entrada. "Try", jadeó, empujando la cabeza gruesa adentro. Sentí el estiramiento, el ardor placentero de ser llena. "¡Catch, cabrón!", grité, clavando las uñas en su espalda. Empujó hasta el fondo, y el mundo se volvió blanco. Cada embestida era un golpe profundo, su pubis chocando contra mi clítoris hinchado. El slap-slap de carne contra carne, mezclado con nuestros gemidos, era una sinfonía sucia.

Cambié de posición, poniéndome a cuatro. Él se arrodilló detrás, admirando mi culo redondo. "Qué nalgas tan perfectas", gruñó, azotándome suave. El escozor se mezcló con placer, y metí la mano entre las piernas para tocarme. Su pitón entró de nuevo, más dura, más rápida. Sudor goteaba de su frente a mi espalda, resbaloso y caliente. Olía a sexo crudo, a panocha mojada y verga lubricada. "Más fuerte, Diego, ¡rompe el código!", lo azucé, y él obedeció, follando como poseído. Mi orgasmo se acercaba, un nudo apretándose en el vientre.

La tensión crecía con cada thrust. Sus bolas golpeaban mi clítoris, enviando ondas de placer. Yo apretaba las paredes internas, ordeñándolo. "No aguanto, Ana... python try catch fallando", jadeó él, riendo entre dientes. Yo volteé la cabeza, besándolo torpe. "¡Córrete conmigo, pendejo!" Mis músculos se contrajeron, el clímax explotando como un except mal manejado: olas de éxtasis puro, mi grito ahogado en la almohada. Él se hinchó dentro, chorros calientes llenándome, su rugido animal vibrando en mi piel.

Colapsamos juntos, jadeantes, enredados. Su peso sobre mí era reconfortante, su verga aún palpitando suave adentro. Besos lentos ahora, lenguas perezosas. El aire olía a semen y sudor, a nosotros. Me acarició el pelo, susurrando "Eso fue el mejor python try catch de mi vida". Reí bajito, mi cuerpo lánguido y satisfecho.

Quién diría que programar podía ser tan chingón
.

Nos duchamos después, agua caliente lavando el sudor pero no el recuerdo. En la cama, envueltos en sábanas frescas, hablamos de código y de más noches así. Su mano en mi cadera, mi cabeza en su pecho escuchando su corazón calmarse. No era solo sexo; era conexión, como un script perfecto sin bugs. Me dormí pensando en el próximo debug, con él a mi lado.

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