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El Tri en Puebla Despierta Pasiones

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El Tri en Puebla Despierta Pasiones

Estaba en el Estadio Cuauhtémoc esa noche de El Tri en Puebla el aire cargado de gritos y sudor de la afición que rugía como un solo corazón latiendo al ritmo del balón. Yo, Karla, una chilanga de veintiocho que se había escapado a Puebla por el fin de semana solo para ver jugar a la Selección, me sentía viva como nunca. El sol se ponía tiñendo el cielo de naranja y morado mientras la multitud ondeaba banderas verdes blancas y rojas. Olía a chela fría derramada en las gradas a tacos de carnitas asándose cerca de las entradas y a esa tierra húmeda que solo Puebla sabe tener después de una llovizna ligera.

Me acomodé en mi asiento con una cerveza en la mano el plástico del vaso helado contra mi piel ardida por el día caluroso. Llevaba una camiseta ajustada del Tri que se pegaba a mis curvas y unos shorts que dejaban ver mis piernas bronceadas. No era solo por el partido era por esa adrenalina que me ponía la piel de gallina cada vez que México jugaba en casa. Qué chido estar aquí pensé mientras el himno nacional retumbaba y todos nos poníamos de pie cantando a todo pulmón.

Entonces lo vi. Dos asientos a mi lado un tipo alto moreno con ojos cafés intensos y una sonrisa que iluminaba más que los reflectores del estadio. Vestía igual que yo camiseta del Tri pantalones cargo y una gorra volteada. Gritaba los goles con una pasión que me erizaba los vellos de la nuca. Se llamaba Marco lo supe porque su carnal gritó su nombre cuando anotamos el primero. Cada vez que volteaba a celebrar chocábamos las manos y su palma callosa rozaba la mía enviando chispas directas a mi entrepierna.

El partido terminó con victoria dos uno y la euforia explotó. Salimos del estadio en estampida riendo sudando abrazándonos con extraños. Marco y yo terminamos caminando juntos hacia el centro.

Órale güey qué partidazo ¿verdad?
me dijo con esa voz ronca que olía a tabaco y cerveza.
Sí carnal el mejor El Tri en Puebla que he visto en años
respondí juguetona sintiendo ya el cosquilleo en el estómago. Hablamos de fútbol de la vida en Puebla donde él vivía de su chamba como mecánico en un taller cerca del zócalo. Yo le conté de mi vida en la CDMX de mis noches locas en la Roma.

Llegamos a un bar típico poblano con mesas de madera luces tenues y un mariachi tocando en vivo. Pedimos micheladas con sal y chile el hielo crujiendo bajo el limón fresco. Nos sentamos cerca el roce de su rodilla contra la mía era eléctrico. Hablaba con las manos grandes y fuertes gesticulando y cada vez que reía mostraba dientes perfectos. Este pendejo es guapísimo pensé mientras el calor subía por mi pecho. La plática fluyó natural de los jugadores favoritos a sueños frustrados él quería haber sido pro yo soñaba con viajar más. Su mirada se clavaba en mis labios en mi escote y yo no disimulaba cruzando las piernas para apretar ese nudo creciente entre ellas.

La tensión crecía con cada trago. Su mano rozó mi muslo al pasar el plato de esquites y no la quitó. El maíz tierno con crema mayonesa y chile sabía a gloria pero su toque quemaba más.

Karla tienes unos ojos que matan
murmuró inclinándose su aliento cálido con toques de limón y sal en mi oreja. Mi corazón latía desbocado el ruido del bar se desvanecía solo existía su voz su olor a hombre limpio con sudor del estadio.
Tú no te quedas atrás Marco con esa sonrisa de galán
le contesté mordiéndome el labio inferior.

Salimos del bar tambaleantes no por la chela sino por el deseo que nos empujaba. Caminamos hasta su depa a unas cuadras un lugar modesto pero chulo con vista al cerro de Loreto. Apenas cerramos la puerta sus labios cayeron sobre los míos urgentes hambrientos. Sabía a victoria a El Tri a esa noche perfecta. Sus manos grandes subieron por mi espalda desabrochando mi brasier con maestría mientras yo le arrancaba la camiseta revelando un torso marcado por horas en el gym y el sol poblano.

Caímos en su cama king size las sábanas frescas contra mi piel ardiente. Dios qué rico huele a jabón y a él pensé mientras lamía su cuello salado bajando por su pecho duro pectorales que se contraían bajo mi lengua. Sus gemidos roncos ah Karla qué chingón me volvían loca. Le bajé el pantalón liberando su verga gruesa venosa ya tiesa palpitando. La tomé en mi mano suave pero firme sintiendo su calor su pulso acelerado como el mío.

Él no se quedó atrás me quitó los shorts y la tanga de un jalón sus dedos explorando mi panocha ya empapada.

Estás chorreando nena por mí
gruñó metiendo dos dedos adentro curvándolos justo en ese punto que me hace arquear la espalda. Grité de placer el sonido de mis jugos chapoteando el roce áspero de su barba en mis muslos internos. Lo empujé boca arriba montándome en su cara mi clítoris rozando su lengua experta. Lamía chupaba succionaba como si fuera el último gol del Tri el estadio entero vibrando en mi vientre.

Me vine primero explosión de luces detrás de mis ojos piernas temblando gritando su nombre mientras él bebía mis jugos dulces salados. No me dejó caer me volteó quedando encima suya su verga presionando mi entrada.

Te quiero adentro ya
jadeé guiándolo dentro de mí. Entró de un solo empujón llenándome estirándome deliciosamente. El estirón ardiente el roce de venas contra mis paredes el choque de pelvis piel contra piel sudor goteando.

Cabalgamos duro él embistiéndome desde abajo manos en mis nalgas amasándolas separándolas para ir más hondo. Qué mamón este carnal me va a partir pensé entre jadeos el olor a sexo impregnando el cuarto mixto con el de su colonia barata pero sexy. Cambiamos él atrás a perrito mis tetas balanceándose sus manos pellizcando pezones duros como piedras. Cada estocada paf paf paf resonaba mis gritos ahogados en la almohada su aliento en mi nuca

Te sientes de puta madre Karla apriétame más
.

La intensidad subió giró mi cuerpo quedando misionero piernas en sus hombros penetrándome profundo tocando mi cervix con cada embestida. Nuestros ojos conectados sudor resbalando de su frente a mi pecho.

Vente conmigo mi amor
susurró y eso me llevó al borde. El orgasmo nos golpeó juntos yo convulsionando alrededor de su verga ordeñándolo él gruñendo descargando chorros calientes dentro pintándome las paredes. El calor pegajoso el pulso de su corrida mi clítoris latiendo contra su pubis.

Colapsamos jadeantes cuerpos enredados piel pegajosa al aire. Su cabeza en mi pecho besando mi corazón galopante.

Eso fue épico como el partido de El Tri en Puebla
dijo riendo yo acariciando su cabello revuelto. Dormimos así envueltos en sábanas revueltas el amanecer filtrándose por las cortinas pintando todo de oro.

Desperté con su boca entre mis piernas otra vez un desayuno lento jugoso que me dejó temblando de nuevo. Nos despedimos con promesas de vernos en el próximo juego él en Puebla yo viajando. Salí a la calle el sol calentándome la piel el recuerdo de su toque latiendo en mí como el eco de los goles. El Tri en Puebla no solo ganó el partido ganó mi noche para siempre.

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