Sexo de Reiter Triada
La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel brille bajo las luces neón de los bares. Yo, Sofia, había salido con mis amigas a bailar, pero el tequila ya me tenía con las venas ardiendo. Llevaba un vestido negro ajustado que se pegaba a mis curvas como una segunda piel, y mis tacones resonaban contra el piso de mármol del club. El aire olía a perfume caro mezclado con sudor fresco, y la música reggaetón retumbaba en mi pecho, haciendo que mis caderas se movieran solas.
Ahí los vi. Él era Reiter, alto, moreno, con músculos que se marcaban bajo su camisa blanca desabotonada justo lo suficiente para mostrar un pecho tatuado con un caballo galopando. Su apodo venía de sus días como jinete en las charrerías de Guadalajara, pero todos sabíamos que "reiter" también significaba algo más... salvaje en la cama. A su lado, Triada, una morena de ojos verdes que parecía salida de un sueño húmedo, con labios carnosos y un escote que dejaba poco a la imaginación. Su nombre era por su espíritu libre, siempre en tríos de placer, decía ella con una risa pícara.
Me acerqué a la barra por otro trago, y de pronto su mirada me atrapó. ¿Qué carajos, Sofia? ¿Por qué no? pensé, mientras sentía un cosquilleo entre las piernas. Reiter se inclinó hacia mí, su aliento cálido con olor a mezcal rozando mi oreja.
"Órale, preciosa, ¿vienes a bailar o a algo más chido?"
Triada se pegó por el otro lado, su mano rozando mi brazo, suave como seda. "Somos Reiter y Triada, y esta noche buscamos completar nuestra triada. ¿Te animas al sexo de Reiter Triada?" dijo ella, con voz ronca que me erizó la piel.
Mi corazón latió fuerte. Nunca había estado con dos a la vez, pero el deseo me nublaba la razón. Son adultos, guapos, y yo quiero esto. Consiente, Sofia, consiente. Asentí, y media hora después íbamos en su camioneta rumbo a su penthouse en Lomas, el viento nocturno azotando mi cabello.
El elevador subía lento, y ya no aguantábamos. Reiter me acorraló contra la pared, sus labios devorando los míos con un beso que sabía a tequila y hambre. Triada observaba, mordiéndose el labio, mientras sus dedos trazaban mi espina dorsal. Su piel es tan suave, huele a vainilla y jazmín, Dios mío. Llegamos al depa, luces tenues, vista a la ciudad brillando como diamantes. El aire acondicionado zumbaba bajito, pero el calor entre nosotros era infernal.
Nos quitamos la ropa sin prisa, saboreando cada roce. Reiter me cargó como si no pesara nada, sus manos grandes amasando mi culo firme. "Mira qué culazo, Triada. Esta nena es perfecta para nosotros." Ella rio, quitándose el bra, dejando ver pechos redondos con pezones oscuros ya duros. Me tendí en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente.
Empezaron lento. Triada se arrodilló entre mis piernas, su lengua caliente lamiendo mi clítoris con maestría. ¡Ay, cabrón, qué rico! Su boca es fuego líquido, chupa como si quisiera beberme entera. Gemí alto, mis uñas clavándose en las sábanas. Reiter se posicionó sobre mí, su verga gruesa y venosa rozando mis labios. La tomé en la boca, saboreando su piel salada, el olor almizclado de su excitación llenándome las fosas nasales. Él gruñó, embistiendo suave, mientras Triada metía dos dedos en mi chocha empapada, curvándolos justo en ese punto que me hace ver estrellas.
El ritmo subió. Cambiamos posiciones como en una danza erótica. Yo encima de Reiter, cabalgándolo como él amaba, mi panocha apretada tragándose su verga hasta el fondo. "¡Sí, Reiter, así, fóllame duro!" grité, mientras Triada se sentaba en su cara, él lamiéndola con avidez, sus bolas chocando contra mi culo con cada salto. El sonido de carne contra carne, jadeos y plaf plaf plaf llenaba la habitación. Sudor nos cubría, brillando bajo la luz ámbar, el olor a sexo crudo impregnando todo.
Pero había más tensión. En mi mente, un remolino:
¿Y si me enamoro de esto? ¿Y si quiero más? No, solo esta noche, pero qué chingón se siente ser el centro de su mundo.Triada me besó, su lengua danzando con la mía, manos pellizcando mis pezones. "Eres nuestra reina esta noche, Sofia. Siente el sexo de Reiter Triada, puro fuego." Reiter aceleró, sus caderas golpeando las mías, mi clítoris frotándose contra su pubis hasta que exploté en un orgasmo que me dejó temblando, chorros calientes mojando sus muslos.
No paramos. Triada se recostó, abriendo las piernas, y yo me lancé a su entrepierna, probando su jugo dulce y salado, mientras Reiter me penetraba por detrás en perrito, su verga estirándome deliciosamente. Su grosor me llena, duele rico, cada vena pulsando dentro. Él azotaba mi culo suave, no fuerte, solo para encender más el fuego. "¡Qué rico tu culo, pendeja sexy!" bromeó, y yo reí entre lamidas a Triada, quien se retorcía gimiendo "¡No pares, güey, chúpame la verga... digo, el clítoris!"
La intensidad creció como una tormenta. Sudor goteaba de su frente al hueco de mi espalda, el slap slap de pieles acelerado, respiraciones entrecortadas. Triada se corrió primero, su coño contrayéndose en mi boca, gritando mi nombre. Reiter me volteó, poniéndome a cuatro con Triada debajo en 69, lamiéndonos mutuamente mientras él alternaba follándome a mí y a ella. Esto es el paraíso, sus lenguas, su verga, todo al unísono.
El clímax final llegó como un tsunami. Reiter rugió, llenándome de su leche caliente, chorros que desbordaban y Triada lamía ansiosa. Yo exploté de nuevo, piernas temblando, visión borrosa, el mundo reduciéndose a pulsos y placer puro. Colapsamos en un enredo de cuerpos sudorosos, pechos subiendo y bajando, risas ahogadas.
Después, en la calma, nos acurrucamos. Reiter me acariciaba el cabello, oliendo a sexo y hombre satisfecho. Triada trazaba círculos en mi vientre. "El sexo de Reiter Triada es legendario, ¿verdad?" murmuró él. Sonreí, exhausta pero plena. No fue solo físico, fue conexión, deseo compartido sin cadenas. Mañana volveré a mi vida, pero esta noche me cambió.
Nos duchamos juntos, agua caliente lavando el sudor, besos suaves bajo la espuma. Me vistieron con ternura, me llevaron de vuelta. En la puerta, un último beso triple. "Vuelve cuando quieras, reina." Caminé a mi casa con piernas flojas, el aire fresco de la madrugada besando mi piel aún sensible, sabiendo que el recuerdo del sexo de Reiter Triada me acompañaría en sueños húmedos por mucho tiempo.