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Que Significa Try Again En Tu Piel

6792 palabras

Que Significa Try Again En Tu Piel

La luz tenue del atardecer se colaba por las cortinas de mi departamento en la Condesa, tiñendo todo de un naranja cálido que hacía que la piel de Marco pareciera brillar como bronce. Habíamos cenado tacos de suadero en la esquina, con chelas bien frías, riéndonos de pendejadas del trabajo. Él, con esa sonrisa chueca que me derretía las rodillas, y yo, sintiendo ya ese cosquilleo en el estómago que anunciaba la noche.

Órale, Carla, no te emociones tanto, me dije mientras ponía el Xbox en la tele grande. Queríamos jugar un rato antes de... lo que fuera que pasara después. Marco se recargó en el sofá de piel, su playera ajustada marcando los músculos del pecho que yo ya conocía de memoria.

—Wey, elige algo fácil —le dije, pasándole el control—. No quiero que me humilles de una.

Él soltó una carcajada ronca, ese sonido grave que vibraba en mi pecho como un tambor.

Try again, mi reina. Eso es lo que sale cuando pierdes.

Empecé el juego, un shooter rápido, pero mis dedos volaban torpes. ¡Pum! Muerta en la primera ronda. La pantalla parpadeó en rojo: try again.

Me giré hacia él, frunciendo el ceño con fingida molestia.

—Oye, ¿qué significa try again? Suena a que me está retando.

Marco se acercó, su aliento fresco a menta rozando mi oreja. Sus ojos cafés se clavaron en los míos, juguetones.

—Significa Inténtalo de nuevo, carnala. Como cuando fallas... pero lo vuelves a intentar hasta que sale chido.

Su mano se posó en mi muslo, subiendo despacio por el short de mezclilla. El calor de su palma se filtró a través de la tela, despertando un pulso húmedo entre mis piernas.

No mames, Carla, ya estás mojada y ni nos hemos tocado bien
, pensé, mordiéndome el labio.

El juego olvidado, nos besamos. Sus labios carnosos sabían a salsa picante y cerveza, un sabor que me hacía gemir bajito. Su lengua exploró mi boca con urgencia, mientras sus dedos se enredaban en mi cabello, tirando suave para inclinar mi cabeza. Olía a jabón de sándalo mezclado con sudor fresco, ese aroma macho que me volvía loca.

—Ven pa'cá —murmuró contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible justo debajo de la oreja.

Me levantó en brazos como si no pesara nada, llevándome a la recámara. La cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio, suaves como una caricia. Me dejó caer con gentileza, quitándose la playera de un jalón. Su torso desnudo, con ese vello oscuro que bajaba en línea recta hacia la cintura del pantalón, me dejó sin aliento. Toqué su abdomen, sintiendo los músculos contraerse bajo mis yemas, duros y calientes.

Él se arrodilló entre mis piernas, desabrochando mi blusa con dientes. Cada botón liberado era un beso en mi piel expuesta: el valle entre mis senos, el ombligo. Gemí cuando su boca capturó un pezón a través del brasier de encaje negro, chupando con succiones rítmicas que enviaban descargas eléctricas directo a mi clítoris.

Pinche Marco, sabes justo cómo hacerme rogar
.

—Quítate todo —le ordené, voz ronca de deseo.

Se levantó, pantalón y bóxers al suelo. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, ya dura como piedra, con la cabeza brillando de precúm. La miré, lamiéndome los labios, imaginando su sabor salado.

Lo jalé hacia mí, guiándolo a mi boca. Él jadeó cuando lo engullí, mi lengua girando alrededor del glande, saboreando esa gota perlada que era pura esencia de él. Sus caderas se movieron instintivas, follando mi boca con cuidado, sus manos en mi cabeza guiando sin forzar. El sonido húmedo de mi saliva y sus gemidos graves llenaban la habitación, mezclados con el tráfico lejano de la avenida.

—Carla... neta, eres la mejor —gruñó, retirándose antes de venirse.

Me volteó boca abajo, besando mi espalda desde las hombros hasta las nalgas. Sus manos separaron mis cachetes, y sentí su aliento caliente en mi panocha empapada. Lamidas largas y lentas, desde el clítoris hasta el ano, me hicieron arquear la espalda. Su lengua se hundió en mí, bebiendo mis jugos como si fueran néctar. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, y el roce de su barba incipiente raspaba delicioso mis labios internos.

—Estás chorreando, mi amor —dijo, voz entrecortada—. Quiero cogerte ya.

Me puse a cuatro patas, ofreciéndole mi culo redondo. Él se posicionó atrás, frotando la punta de su verga por mi raja, lubricándola con mis fluidos. Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome con esa quemazón placentera que me hacía clavar las uñas en las sábanas.

—¡Ay, cabrón! —grité, pero empujando contra él—. Más adentro.

Estaba hasta el fondo, sus bolas peludas golpeando mi clítoris con cada embestida. El slap-slap-slap de piel contra piel era hipnótico, sincronizado con nuestros jadeos. Sudor corría por su pecho, goteando en mi espalda, cálido y pegajoso.

Pero algo falló. Intentó un ángulo nuevo, girando las caderas, y resbaló un poco. Reí entre gemidos.

Try again, wey —le dije, recordando la pantalla del juego.

Él se congeló un segundo, luego rio profundo, esa vibración pasando de su verga a mis paredes internas.

—Qué significa try again para ti, ¿eh? —preguntó, embistiendo más fuerte.

—Significa no pares, pendejo, ¡inténtalo hasta que explote!

Lo hizo. Cambió ritmo, lento y profundo, luego rápido y superficial, sus dedos pellizcando mi clítoris hinchado. La tensión crecía en mi vientre, una espiral apretada lista para romperse. Mis pechos se mecían con cada golpe, pezones rozando la sábana áspera.

Ya viene, ya... no aguanto
.

—Me vengo, Marco... ¡órale!

El orgasmo me golpeó como ola en Acapulco, contracciones violentas ordeñando su verga. Él gruñó animalesco, hinchándose dentro de mí antes de salir y eyacular chorros calientes en mi espalda, pintándome con su leche espesa que olía a sexo puro.

Colapsamos juntos, jadeantes, pieles pegajosas unidas. Su brazo me rodeó la cintura, besos suaves en mi hombro. El aire estaba cargado de nuestro olor: sudor, semen, panocha satisfecha.

—Neta, lo mejor de try again es practicar contigo —murmuró, riendo bajito.

Me acurruqué contra su pecho, escuchando su corazón galopante calmarse.

Esto es lo que necesitaba. No solo el sexo, sino él, entero
. Fuera, la ciudad bullía, pero aquí, en su piel, todo era perfecto. Lingering el eco de sus embestidas, sabiendo que mañana... bueno, siempre hay chance de try again.

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