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Imágenes de Tríos Cogiendo que Despiertan el Fuego

5536 palabras

Imágenes de Tríos Cogiendo que Despiertan el Fuego

Todo empezó una noche calurosa en mi depa de la Condesa, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, estaba sola porque Marco, mi carnal desde la uni, andaba en un viaje de trabajo a Guadalajara. Aburrida, me tiré en la cama con el celu en la mano y empecé a scrollear. No sé qué demonios me picó, pero tecleé imágenes de tríos cogiendo. Wey, qué morbo. Las pantallas se llenaron de cuerpos enredados, pieles sudadas brillando bajo luces tenues, vergas duras entrando y saliendo de chochas húmedas, tetas rebotando al ritmo de gemidos que podía imaginar.

Mi corazón empezó a latir como tamborazo en una fiesta. Sentí un calor subiendo por mis muslos, mi panocha palpitando contra las panties de encaje.

¿Y si lo probamos de verdad?
pensé, mordiéndome el labio. Marco siempre había sido abierto, juguetón, con ese tatuaje de águila en el pecho que me volvía loca. Llamé a Luis, su compa de toda la vida, el wey alto y moreno con ojos que prometían travesuras. "Órale, carnal, ven al depa. Trae chelas y... sorpresas", le dije con voz ronca.

Luis llegó en media hora, oliendo a colonia barata y sudor fresco, con una six de Indio en la mano. Se dejó caer en el sofá, estirando esas piernas largas. "Qué onda, Ana, ¿dónde está el jefe?" preguntó, sonriéndome con picardía. Le pasé el celu con las imágenes de tríos cogiendo abiertas. Sus ojos se abrieron como platos. "¡No mames! ¿Esto es lo que te prende?" Se rio, pero vi cómo se le marcaba el bulto en los jeans. El aire se cargó de tensión, como antes de una tormenta en el DF.

Marco llamó justo entonces, su voz grave al otro lado. "Nena, ¿todo bien?" Le conté todo, sin filtros. "Mira, amor, estoy con Luis viendo imágenes de tríos cogiendo. Y... queremos intentarlo contigo". Silencio, luego su risa profunda. "Pendejos, no me dejen fuera. Mañana vuelo de regreso. Pero por ahora... diviértanse sin mí. Grábenme un video". Colgué, el pulso acelerado, y miré a Luis. Sus manos grandes ya estaban en mis rodillas, subiendo despacio.

Acto uno del morbo: nos besamos como fieras. Su lengua invadió mi boca, saboreando a cerveza y deseo puro. Olía a hombre, a tierra mojada después de lluvia. Me quitó la blusa, mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras. Qué rico, gemí cuando chupó uno, tirando suave con los dientes. Mis manos bajaron a su bragueta, liberando esa verga gruesa, venosa, que saltó como resorte. La apreté, sintiendo el calor latiendo en mi palma. "Chúpamela, Ana", murmuró ronco.

Me arrodillé, el piso fresco contra mis rodillas. Lamí la punta, salada y preñada de precum. La metí entera, garganta profunda, mientras él gemía "¡Ay, wey, qué chida!". Su mano en mi pelo, guiándome, pero suave, consensual, puro fuego mutuo. Mi chocha chorreaba, panties empapadas. Me paré, me quité todo, quedando en pelotas. Él se desnudó, cuerpo atlético marcado por gym, nalga firme.

Nos fuimos a la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Luis me abrió las piernas, oliendo mi aroma almizclado de excitación. "Estás bien mojada, nena". Su lengua atacó mi clítoris, lamiendo círculos, chupando mis labios hinchados. Grité, arqueándome, uñas clavadas en su espalda.

Esto es mejor que cualquier imagen
, pensé, mientras ondas de placer me recorrían como corriente eléctrica.

Pero queríamos más, el trío real. Marco aterrizó al amanecer, exhausto pero encendido. Entró al depa con su maleta, nos encontró enredados en la sala, yo cabalgando a Luis, tetas botando, sudor perlando mi piel. "¡No mames, cabrones!", rio, quitándose la ropa. Su verga ya dura, más larga que la de Luis, goteando. Se unió, besándome profundo mientras Luis me penetraba desde abajo, su pito rozando mis paredes internas, estirándome delicioso.

La escalada fue brutal. Marco se paró frente a mí, verga en mi boca. Chupé, mamé, saboreando su esencia salada mezclada con el viaje. Luis embestía lento, profundo, cada thrust un plaf húmedo, sus bolas golpeando mi culo. Olía a sexo puro: sudor, fluidos, piel caliente. Gemidos llenaban el aire, "¡Más duro, wey!", "¡Cógeme así, amor!". Cambiamos posiciones, yo en cuatro, Marco en mi chocha, Luis en mi boca. Sentía llena, poseída por placer.

El clímax se acercaba. Marco aceleró, su verga hinchándose dentro, rozando mi punto G. "Me vengo, nena", gruñó. Luis en mi garganta, palpitando. Grité alrededor de su pito, mi orgasmo explotando como fuegos artificiales en el Zócalo. Olas de éxtasis, chocha contrayéndose, leche caliente de Marco llenándome, Luis eyaculando en mi boca, espeso y caliente, tragándomela toda. Colapsamos, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes.

Después, en la afterglow, recostados con chelas frías, Marco me besó la frente. "Esas imágenes de tríos cogiendo fueron el detonante perfecto". Luis rio, "Pero la realidad es mil veces mejor, carnales". Sentí una paz profunda, empoderada, amada. El sol entraba por la ventana, calentando nuestra piel pegajosa.

Esto no termina aquí
, pensé, sabiendo que habíamos cruzado un umbral delicioso.

Desde esa noche, nuestras fiestas se volvieron legendarias. Cada vez que veo esas imágenes, recuerdo el tacto áspero de sus manos, el sabor de sus besos, el sonido de carne contra carne. Puro fuego mexicano, consensual y ardiente.

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