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Triara Telmex Que Es Puro Placer

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Triara Telmex Que Es Puro Placer

María se recostó en el sofá de su departamento en Polanco, con el calor de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas. El ventilador zumbaba perezosamente, pero su laptop tardaba una eternidad en cargar la página. ¿Qué pedo con este internet tan lento? pensó, mientras tecleaba en el buscador: "triara telmex que es". Las respuestas aparecieron: fibra óptica de alta velocidad, internet ultrarrápido para streaming y descargas. Sonrió con picardía. Justo lo que necesito para mis noches solas, se dijo, imaginando videos calientes cargando sin pausas.

Marcó el número de Telmex y programó una instalación para esa misma tarde. Mientras esperaba, se miró en el espejo del baño: su piel morena brillaba con un toque de loción de coco, el shortcito ajustado marcaba sus curvas generosas y la blusita holgada dejaba ver el encaje de su brasier negro. Se sentía rica, lista para lo que viniera. El timbre sonó puntual, y al abrir la puerta, ahí estaba él: Raúl, el técnico, con su overol azul ceñido al torso musculoso, sudor perlando su frente y una sonrisa que prometía más que cables.

—Buenas tardes, señorita. Vengo por lo de Triara Telmex —dijo con voz grave, oliendo a jabón fresco y esfuerzo masculino.

María lo invitó a pasar, sintiendo un cosquilleo en el estómago.

¿Qué es esto? ¿Un técnico tan guapo? Ni en mis sueños
, pensó, mientras lo guiaba a la sala. Raúl se arrodilló para revisar el módem, sus manos fuertes manipulando los cables con destreza. Ella se sentó cerca, cruzando las piernas para que el short subiera un poco más.

—¿Y triara telmex que es exactamente? —preguntó ella con voz juguetona, inclinándose para oler su aroma mezclado con el del departamento: café recién hecho y su perfume dulce.

Él levantó la vista, ojos cafés clavándose en los suyos. —Es lo mejor, mija. Fibra pura, 500 megas para que todo vuele. Imagínate videos en 4K sin buffering... o lo que sea que veas —guiñó un ojo, y María rió, sintiendo calor subirle por el cuello.

La instalación avanzaba, pero la tensión crecía. Cada vez que Raúl se estiraba para alcanzar un puerto, su brazo rozaba el muslo de ella. Piel contra piel, áspera y cálida. El zumbido del taladro vibraba en el aire, sincronizándose con el pulso acelerado de María. Este wey me está poniendo caliente, confesó en su mente, mordiéndose el labio mientras observaba el bulto en su overol.

De pronto, el teléfono de Raúl sonó. Contestó breve: —Sí, jefe, ya casi. Todo chido aquí. —Colgó y se giró hacia ella—. Listo el armado. Ahora solo falta probar la conexión.

María se paró, rozando su cadera contra él "accidentalmente". —Órale, pues pruébala conmigo —dijo coqueta, sentándose frente a la laptop abierta en un sitio de videos adultos, pausado en una escena sugerente.

Raúl tragó saliva, su mirada devorándola. —Si quieres, yo te ayudo a probar todo lo que necesites —murmuró, acercándose. Sus manos grandes tomaron las de ella, guiándolas a su pecho firme. El corazón de María latía desbocado, el aire cargado de electricidad como antes de una tormenta.

El beso llegó natural, labios suaves chocando con hambre. Sabor a menta de su chicle y sal de su sudor. Ella gimió bajito cuando la lengua de él exploró su boca, manos bajando por su espalda hasta apretar sus nalgas redondas. ¡Qué rico se siente esto! pensó ella, arqueándose contra su dureza creciente.

Raúl la levantó en brazos como si no pesara nada, llevándola al sofá. El overol cayó al piso con un ruido sordo, revelando un cuerpo esculpido por el gym y el trabajo duro: pectorales duros, abdomen marcado, y esa verga gruesa palpitando libre. María jadeó, oliendo su excitación masculina, ese almizcle que la volvía loca.

Quítate eso, nena —gruñó él, tirando de su blusa. Sus tetas saltaron libres, pezones oscuros endurecidos por el roce del aire fresco. Raúl chupó uno con avidez, lengua girando mientras ella enredaba dedos en su cabello negro revuelto. El sonido de succiones húmedas llenaba la sala, mezclado con sus gemidos: ¡Ay, cabrón, qué chido!

María bajó la mano, envolviendo su verga caliente, piel sedosa sobre acero. La masturbó lento, sintiendo las venas pulsar, el pre-semen untándose en su palma. Él gruñó contra su piel, bajando besos por su vientre suave hasta el short. Lo arrancó con urgencia, exponiendo su coño depilado, ya mojado y reluciente.

Mira qué rica estás —dijo, inhalando su aroma dulce y salado. Su lengua se hundió en ella, lamiendo clítoris hinchado con maestría. María gritó, caderas moviéndose solas, el placer como ondas eléctricas desde su centro.

Triara Telmex que es nada comparado con esta conexión
, pensó entre jadeos, riendo ahogada.

La intensidad subía. Raúl la volteó de rodillas, su aliento caliente en la nuca. —Dime si quieres que te coja, corazón —susurró, verga rozando sus labios vaginales, untándose de sus jugos.

¡Sí, pendejo, cógeme duro! —exigió ella, empalándose hacia atrás. Entró de un empujón suave, llenándola por completo. El estiramiento delicioso, roce de cada centímetro contra sus paredes sensibles. Empezaron lento, piel chocando con palmadas rítmicas, sudor goteando entre ellos.

Él aceleró, manos en sus caderas, tirando de su cabello para arquearla. María gritaba sin pudor: ¡Más, wey, así! El sofá crujía, el ventilador soplaba aire caliente sobre sus cuerpos unidos. Olía a sexo puro: fluidos mezclados, piel húmeda, pasión desatada. Ella sentía su orgasmo construyéndose, como una ola en el Pacífico mexicano.

Raúl la volteó boca arriba, piernas sobre sus hombros, penetrándola profundo. Ojos en ojos, besos salvajes. —Me vengo, nena —avisó, y ella apretó alrededor, ordeñándolo. El clímax los golpeó juntos: ella convulsionando, chorros de placer escapando; él rugiendo, semen caliente inundándola en pulsos.

Se derrumbaron exhaustos, respiraciones entrecortadas sincronizadas. Raúl la abrazó, besando su frente perlada de sudor. —La mejor instalación de mi vida —bromeó, y María rió, acariciando su pecho.

Después, probaron el internet: Triara Telmex volaba, pero nada como la conexión que acababan de forjar. Él se vistió a regañadientes, prometiendo volver "para mantenimiento". María lo despidió en la puerta, piernas temblorosas, coño aún palpitante. ¿Qué es Triara Telmex? Puro fuego, pensó, cerrando con una sonrisa satisfecha.

Esa noche, sola en la cama, revivió cada roce, cada gemido. El deseo no se apagó; solo esperó la próxima visita. En la Ciudad de México, las conexiones rápidas eran lo de menos; lo importante era sentir hasta el fondo.

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