Relatos Eroticos
Inicio Trío Trío en la Playa Ardiente Trío en la Playa Ardiente

Trío en la Playa Ardiente

7057 palabras

Trío en la Playa Ardiente

El sol de mediodía en la playa de Puerto Vallarta caía como una caricia de fuego sobre la arena blanca, que se pegaba a los pies descalzos de Ana. El mar Caribe lamía la orilla con un rumor constante, salado y fresco, mientras las olas traían ese olor a yodo que hacía que el cuerpo se erizara de anticipación. Ana, con su bikini rojo que apenas contenía sus curvas generosas, se recostaba en la toalla, sintiendo el calor subirle por las piernas hasta el vientre. A su lado, Marco, su carnal de años, con el torso bronceado y tatuado, le untaba crema en la espalda, sus manos grandes y callosas deslizándose con una lentitud que ya olía a deseo.

Qué chido está este pinche paraíso, pensó Ana, mientras el sol le besaba la piel. Habían llegado esa mañana desde Guadalajara, escapando del jale y la rutina, buscando puro relax. Pero el relax en pareja a veces pedía más, algo que picara el alma. Marco le dio un nalgueo juguetón, riendo con esa voz grave que le ponía la piel de gallina.

—Órale, nena, ¿ya te calientaste con el sol o qué? —dijo él, recostándose a su lado, su short de baño marcando lo que ya se despertaba.

Ana giró la cabeza y vio a lo lejos una figura que caminaba por la orilla: una morena de pelo largo negro, con un pareo transparente que dejaba ver un cuerpo atlético, pechos firmes y caderas que se movían como olas. Sofia, como supieron después, era de Mazatlán, una turista como ellos, pero con ojos verdes que prometían travesuras. Se acercó, sonriendo, con una cerveza en la mano.

¡Qué playa tan chingona, weyes! ¿Les cae compartir la sombra? —preguntó con acento sinaloense, sentándose sin pena en la arena cerca de ellos.

La charla fluyó como el mezcal la noche anterior: risas, anécdotas de viajes, miradas que se cruzaban con chispa. Ana sintió un cosquilleo en el estómago al notar cómo Sofia devoraba con los ojos el pecho de Marco, y cómo él respondía con una sonrisa pícara.

¿Y si...?
pensó Ana, el corazón latiéndole más rápido. No era la primera vez que fantaseaban con un trío en la playa, pero siempre quedaba en plática de borrachos. Hoy, con el sol quemando y el mar testigo, todo parecía posible.

El acta uno se cerraba cuando Sofia propuso un chapuzón. —Vámonos al agua, que esto se pone interesante —dijo guiñando un ojo. Ana se levantó, sintiendo la arena caliente entre los dedos, el bikini húmedo ya por el sudor. Marco los siguió, su mano rozando la de Ana en un pacto silencioso.

En el agua tibia, las olas los mecían como amantes. Sofia salpicó a Ana, riendo, y de pronto sus cuerpos se rozaron: piel mojada contra piel, pechos que se presionaban accidentalmente. Ana olió su perfume mezclado con sal, un aroma dulce y salvaje que le aceleró el pulso. Marco se acercó por detrás, sus manos en la cintura de Ana, bajando un poco más de lo necesario.

Mierda, esto está pasando, se dijo Ana, mientras Sofia le pasaba los dedos por el brazo, trazando líneas de fuego. —Tienes un cuerpo de infarto, carnala —murmuró Sofia, su aliento caliente en el oído de Ana. Marco, valiente, besó el cuello de su novia, y Sofia no se hizo rogar: giró y plantó un beso en los labios de él, profundo, con lengua que sabía a cerveza y mar.

Ana sintió una punzada de celos mezclada con excitación pura. Es mío, pero hoy lo compartimos. Se unió, besando a Sofia, suave al principio, probando sus labios carnosos, salados y dulces. Las manos de Marco exploraban, una en cada cintura, bajando a nalgas firmes. El agua los cubría hasta la pecho, pero el deseo subía como marea.

Salieron empapados, riendo nerviosos, y corrieron a la zona de palmeras semioculta, donde la arena era más suave y el sol filtrado jugaba con las sombras. Extendieron las toallas juntas, formando un nido. Sofia se quitó el pareo, revelando un tanga negro que dejaba poco a la imaginación. —¿Listos para el verdadero trío en la playa? —preguntó con voz ronca, arrodillándose entre ellos.

Aquí entraba el medio acto, la escalada lenta y deliciosa. Ana se recostó, dejando que Sofia le desatara el bikini. Sus pechos saltaron libres, pezones duros como piedras bajo la brisa marina. Sofia los lamió, chupando uno mientras masajeaba el otro, su lengua experta trazando círculos que hacían gemir a Ana. ¡Qué rico, pendeja, no pares! pensó ella, arqueando la espalda. El sonido de las olas se mezclaba con sus jadeos, el olor a sexo empezaba a perfumar el aire, almizclado y salado.

Marco observaba, su verga ya tiesa bajo el short, palpitando. Se quitó todo, quedando desnudo, imponente. Sofia lo miró con hambre: —Ven, guapo, déjame probarte. Ana, ayúdame. Ambas se turnaron chupándolo, bocas húmedas en su verga gruesa, lenguas lamiendo desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Marco gruñía, manos en sus cabelleras, tirando suave, guiándolas. Ana sentía el pulso de él en su lengua, el calor subiendo por su concha, que ya chorreaba.

Cambiaron posiciones: Ana a cuatro patas, Marco detrás, embistiéndola lento, su verga llenándola centímetro a centímetro. El slap de carne contra carne resonaba, mezclado con el mar. Sofia debajo, lamiendo el clítoris de Ana, lengua rápida y juguetona. ¡Ay, cabrón, me van a matar de placer! Ana gritaba bajito, mordiéndose el labio, el sudor perlando su piel, arena pegándose a las rodillas. Oía los gemidos de Sofia, sentía su aliento caliente, el sabor de su propia excitación en los besos que se daban.

Marco aceleró, follándola más duro, sus bolas golpeando. —¡Qué chingón se siente, nenas! —jadeaba. Sofia se masturbaba viendo, dedos hundidos en su concha depilada, gimiendo. Intercambiaron: Sofia montó a Marco, rebotando con fuerza, pechos saltando, mientras Ana se sentaba en la cara de él, su lengua devorándola. El orgasmo de Ana llegó primero, explosivo, piernas temblando, chorro caliente en la boca de Marco. ¡Sí, sí, wey!

El clímax se acercaba. Sofia gritó su placer, concha apretando la verga de Marco hasta que él no aguantó: se corrió dentro de ella, chorros calientes, gruñendo como animal. Ana los besó a ambos, lamiendo el semen que goteaba, saboreando la mezcla de jugos.

En el afterglow, el sol bajaba, tiñendo el cielo de naranja. Se recostaron enredados, pieles pegajosas de sudor, semen y arena. El mar susurraba aprobación, brisa fresca secando sus cuerpos exhaustos. Ana sentía el corazón de Marco latiendo contra su pecho, la mano de Sofia trazando círculos perezosos en su muslo.

El mejor trío en la playa de mi vida —susurró Sofia, besándolos a ambos.

Marco rio bajito. —Y ni empezó el viaje, carnalas.

Ana sonrió, llena, empoderada.

No hay celos, solo puro amor libre, chido y ardiente.
El deseo se había liberado, dejando un eco dulce en el alma, prometiendo más noches así bajo las estrellas mexicanas.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.