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Videos del Tri que Encienden la Pasión

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Videos del Tri que Encienden la Pasión

Estaba sola en mi depa de la Condesa una noche de esas que el calor de la ciudad te pega como una verga dura. El ventilador zumbaba pendejo girando sin refrescar nada y yo con mi shortcito de algodón pegado a las nalgas por el sudor. Agarré el cel y empecé a scrollear, buscando algo chido para distraerme. Videos del Tri saltaron en mi feed, highlights del último partido contra los gringos. Neta, esos morros del Tricolor con sus uniformes ajustados, sudados, corriendo como animales en celo. El Chicharito brincando, músculos tensos bajo la luz del estadio, el sudor brillando en sus pechos lampiños. Mi coño se empezó a mojar solo de verlos, el pulso latiéndome en las ingles.

¿Por qué carajos me pongo así con el fut? Estos videos del Tri me traen loca, como si estuviera ahí en el vestidor oliendo su aroma a hombre macho después del juego.
Me recargué en la cabecera de la cama, abrí las piernas y dejé que el aire caliente me rozara la panocha. El sonido de los gritos de la afición retumbaba en los audífonos, mezclado con mi respiración agitada. Puse play a otro video, uno de los goles de Lozano, su cara de esfuerzo, venas marcadas en el cuello. Mi mano bajó sola, rozando el encaje de mis calzones. Estaba empapada, el olor a excitación subiendo dulce y almizclado desde mis muslos.

Pero no quería hacérmela sola esa noche. Saqué el chat con Marco, mi carnal del gym que siempre me guiñaba el ojo cuando nos veíamos. "Oye wey, ven pa'cá. Estoy viendo videos del Tri y me dieron unas ganas cabronas. Trae chelas." Mandé el mensaje con un emoji de fuego. Él contestó al tiro: "Ya voy, pinche nena caliente. Llego en 10." Sonreí, el corazón acelerado, imaginando sus manos grandes en mi piel mientras los videos seguían rodando.

Diez minutos después, el timbre sonó como un gol en el minuto 90. Abrí la puerta en mi baby doll transparente, tetas libres brincando. Marco entró con una six de chelas y una sonrisa de lado, oliendo a colonia fresca y sudor del día. "¿Qué onda con los videos del Tri, eh? ¿Ya te mojaste por el Tri completo?" bromeó, su voz grave retumbando en el pasillo angosto. Lo jalé adentro, cerré la puerta y lo besé sin anestesia, lengua adentro, saboreando su boca a menta y cerveza.

Nos fuimos a la cama, él tirando las chelas en la mesita. Puse la tele grande con los videos del Tri en loop, el estadio rugiendo de fondo. Marco se quitó la playera, mostrando su torso marcado de tanto crossfit, vello oscuro bajando hasta el ombligo. Me trepé encima, frotándome contra su entrepierna que ya estaba dura como fierro. "Neta que estos morros me prenden, pero tú eres el que me va a apagar el fuego," le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. Él gruñó, manos amasándome las nalgas, dedos hundiéndose en mi carne suave.

El calor subía, el cuarto lleno del zumbido del ventilador y los gemidos lejanos de la multitud en los videos. Marco me bajó el baby doll, chupándome las tetas con hambre, lengua girando en mis pezones duros como piedras. Olía a su sudor fresco mezclándose con mi aroma de mujer en heat, ese olor salado y dulce que te hace perder la cabeza.

Pinche Marco, su boca es un estadio entero, me hace gritar más que la afición.
Bajé la mano a su pantalón, saqué su verga gruesa, venosa, palpitando en mi palma. La apreté, sintiendo el calor irradiando, pre-semen goteando en mi dedo.

Él me volteó bocabajo, shortcito arrancado de un jalón. Su lengua atacó mi panocha desde atrás, lamiendo lento, saboreando mis jugos que chorreaban por mis muslos. "Estás cañona, nena, sabe a gloria tu pinche coño," murmuró contra mi clítoris, vibrando con cada palabra. Gemí fuerte, caderas moviéndose solas, el placer subiendo como una ola en el Azteca. Los videos del Tri seguían, ahora un penal de Guardado, tensión en el aire que se sentía en mi vientre apretado.

Me puse de rodillas, lo miré a los ojos oscuros llenos de lujuria. "Métemela ya, carnal, no aguanto." Él se posicionó, la cabeza de su verga rozando mis labios hinchados, untándose de mis mieles. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena, cada pulso, mi interior envolviéndolo como guante caliente. Empezó a bombear, lento al principio, piel contra piel chapoteando húmedo. El sonido era obsceno, mezclado con nuestros jadeos y los silbatazos del árbitro en la tele.

La tensión crecía, sus manos en mis caderas guiándome, nalgas rebotando contra su pubis. Sudábamos a chorros, olor a sexo puro invadiendo el cuarto, salado y animal. Me volteó de frente, piernas en sus hombros, penetrándome profundo, tocando ese punto que me hace ver estrellas.

Esos videos del Tri fueron el pretexto perfecto, pero esto, esto es el verdadero campeonato.
Aceleró, verga martillando, mis uñas clavadas en su espalda, dejando surcos rojos. El clímax se acercaba, mi coño contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo.

"¡Ya voy, pinche Marco!" grité, el orgasmo explotando como un gol en tiempo agregado. Olas de placer me sacudieron, jugos salpicando, cuerpo temblando incontrolable. Él rugió, hinchándose dentro, corriéndose a chorros calientes que llenaron mi interior, desbordando por mis muslos. Nos quedamos pegados, pulsos latiendo al unísono, respiraciones entrecortadas.

Caímos de lado, él todavía semi-duro adentro, besándonos suaves. Los videos del Tri seguían rodando, ahora post-partido, jugadores abrazándose sudados. Marco me acarició el pelo, "Eres lo máximo, nena. Mañana vemos el replay." Reí bajito, piel erizada por su toque, el afterglow envolviéndonos como sábana tibia. El calor de la noche se sentía chido ahora, nuestro sudor secándose lento, dejando rastro salado en la piel.

Nos quedamos así, chelas abiertas, hablando pendejadas sobre el fut mientras su mano jugaba con mi clítoris sensible. No había prisa, solo esa paz rica después del pinche desmadre. Neta, esos videos del Tri habían sido la chispa, pero Marco y yo éramos el fuego que no se apaga fácil. La ciudad zumbaba afuera, pero aquí dentro, todo era perfecto, piel con piel, deseo satisfecho pero listo para más.

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