Relatos Eroticos
Inicio Trío El Trio Ema que Enciende la Noche El Trio Ema que Enciende la Noche

El Trio Ema que Enciende la Noche

6429 palabras

El Trio Ema que Enciende la Noche

La noche en Puerto Vallarta olía a mar salado y a esas flores tropicales que te envuelven como un abrazo húmedo. Yo, Alex, estaba en la terraza de esa casa chida frente a la playa, con una chela fría en la mano, sintiendo la brisa que me erizaba la piel. Mi carnal Chuy, siempre el desmadroso, me había arrastrado a esa fiesta de puros cuates del gym y unas morras que venían de Guadalajara. Ahí la vi por primera vez: Ema, con su vestido rojo pegado al cuerpo como segunda piel, curvas que se movían al ritmo de la cumbia rebajada que tronaba en los bocinas.

Neto que sus ojos negros me clavaron desde el otro lado de la piscina iluminada. Ella reía con unas amigas, pero cada rato volteaba, mordiéndose el labio como si supiera el pedo que armaría. Chuy me dio un codazo. Órale wey, esa mamacita te está sizeando, me dijo con esa sonrisa pícara. Yo sentí un cosquilleo en el estómago, de esos que te avisan que la cosa va para largo. Ema se acercó bailando, su perfume dulce invadiendo el aire, mezcla de vainilla y algo más salvaje, como su piel morena brillando bajo las luces.

¿Qué chingados voy a hacer? Es preciosa, pero Chuy está aquí y la química entre los tres ya se siente en el aire cargado.

Empezamos a platicar, ella con esa voz ronca que te calienta la sangre. ¿Y ustedes dos son pareja o qué? preguntó juguetona, pasando un dedo por mi brazo. Chuy y yo nos miramos, riendo. Nah, somos cuates de toda la vida, pero quién sabe qué pase esta noche, le contesté, y ella se acercó más, su aliento cálido en mi cuello. La tensión crecía como la marea, el sonido de las olas rompiendo a lo lejos mezclándose con los latidos de mi corazón.

La cosa escaló cuando Chuy sacó otra ronda de tequilas. Ema se sentó entre nosotros en el sofá de mimbre, su muslo rozando el mío, suave y caliente. Me encanta cómo me miran los dos, como si quisieran comerme viva, susurró, y su mano se posó en mi pierna, subiendo despacio. Chuy no se quedó atrás, le acarició el hombro, y ella giró para besarlo primero, un beso húmedo y profundo que yo vi de cerca, oliendo su excitación en el aire. Mi verga ya estaba dura como piedra, palpitando contra el pantalón.

Ven, vamos a la playa, propuso Ema, levantándose con esa gracia felina. Caminamos los tres por la arena tibia aún del sol del día, descalzos, la luna llena pintando todo de plata. Nos detuvimos en una cala privada, rodeados de palmeras que susurraban con el viento. Ella se quitó el vestido de un jalón, quedando en tanga negra y nada más arriba, sus chichis firmes y oscuros pezones endurecidos por la brisa. Los quiero a los dos, ahorita, dijo con voz temblorosa de deseo.

Yo la abracé por atrás, mis manos explorando su vientre plano, bajando hasta su concha ya húmeda que se sentía a través de la tela. Chuy la besó de frente, sus lenguas enredándose con sonidos jugosos que me volvían loco. Olía a sexo inminente, a sal y a su jugo dulce. La despojamos de la tanga, y Ema gimió cuando mis dedos entraron en ella, resbalosos y calientes.

Esto es una puta locura, pero se siente tan bien, tan correcto con ella guiándonos.
Chuy se sacó la playera, su pecho tatuado brillando de sudor, y yo lo seguí, piel contra piel.

La acostamos en una sábana que trajimos, la arena suave debajo. Ema se arrodilló primero, su boca envolviendo mi verga con un calor que me hizo jadear. Deliciosa, wey, murmuró Chuy mientras ella lo mamaba alternando, sus labios rojos estirados, saliva chorreando. El sonido de succión, los gemidos ahogados, el sabor salado de su piel cuando la besé... todo era una sinfonía de placer. Yo le comí el culo, lengua honda en su hoyo apretado, mientras Chuy le chupaba la concha, sus dedos masajeando su clítoris hinchado.

La intensidad subía como fiebre. Ema jadeaba, ¡Chínguenme ya, cabrones!, su voz quebrada. La puse de rodillas, yo atrás embistiéndola con fuerza, mi verga surcando su interior aterciopelado, húmedo y apretado. Cada estocada hacía que su culo rebotara, el slap slap de carne contra carne resonando en la noche. Chuy se metió en su boca, follándole la garganta con cuidado, sus bolas golpeando su barbilla. Ella se retorcía, orgasmos pequeños sacudiéndola, sus paredes contrayéndose alrededor de mí, ordeñándome.

Siento su calor, su entrega total, y Chuy a un lado, esto es el trío Ema que soñé sin saberlo, puro fuego mexicano.

Cambiamos posiciones, fluido como dancers. Ema encima de Chuy, cabalgándolo con furia, sus chichis saltando, sudor perlando su piel que yo lamía, salado y adictivo. Yo me uní por atrás, lubricado con su propia excitación, metiéndome en su culo despacio al principio. ¡Sí, así, lléname! gritó ella, el doble llenado estirándola al límite. Nuestros cuerpos sincronizados, yo y Chuy moviéndonos en tándem, sintiendo la delgada pared entre nosotros. El olor a sexo era espeso, almizclado, mezclado con el mar. Sus gemidos se volvieron alaridos, ¡Me vengo, pinches machos!, y su cuerpo convulsionó, apretándonos hasta que no aguanté.

Explosión tras explosión. Chuy se corrió primero, gruñendo como animal, llenándola de adentro. Yo seguí, chorros calientes en su culo, mi visión nublada de placer. Ema colapsó entre nosotros, temblando, besos suaves ahora, lenguas perezosas. Nos quedamos así, enredados en la sábana, el sudor enfriándose con la brisa, el sonido de las olas calmándose como nuestro pulso.

Después, fumando un moth suave que Chuy sacó, Ema recargada en mi pecho, su mano trazando círculos en mi piel. Esto fue el mejor trío Ema de mi vida, dijo riendo bajito. Chuy asintió, Neta, carnal, repetimos cuando quieras. Yo sonreí, sintiendo una paz profunda, el alma satisfecha. La noche nos envolvió, prometiendo más aventuras, pero esa, con su piel aún pegada a la mía, su sabor en mis labios, sería inolvidable.

Al amanecer, caminando de regreso, el sol tiñendo el cielo de rosa, supe que el deseo no se apaga fácil. Ema nos guiñó el ojo, Hasta la próxima, mis reyes. Y así, con el corazón latiendo fuerte y el cuerpo recordando cada roce, el trío Ema se grabó en nosotros para siempre.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.