Acordes Triadas en la Guitarra de Tu Piel
Tú caminas por las calles empedradas de la Condesa en Ciudad de México el olor a tacos al pastor flotando en el aire cálido de la tarde. Has quedado con él Alejandro un músico callejero que viste la semana pasada rasgueando su guitarra acústica en el Parque México. Sus dedos volaban sobre las cuerdas con una precisión que te erizaba la piel y ahora aquí estás frente a su departamento moderno con ventanales que dejan entrar la luz dorada del atardecer. Tocas el timbre y él abre la puerta con una sonrisa chueca órale carnalita dice su voz ronca como el sonido de un bajo afinado. Te invita a pasar el espacio es un nido acogedor lleno de posters de rock en español guitarras colgadas en la pared y un amplificador viejo que huele a polvo y recuerdos.
Se sientan en el sofá de piel suave él con la guitarra en las piernas. ¿Lista para aprender unos acordes chidos? pregunta sus ojos cafés clavados en los tuyos. Tú asientes el corazón latiéndote un poco más rápido porque neta desde que lo viste has fantaseado con esos dedos fuertes guiando los tuyos. Empieza con lo básico pero pronto pasa a lo jugoso. Mira estos son los acordes triadas guitarra explica colocando tus manos sobre el mástil. Sus dedos rozan los tuyos cálidos y callosos por años de rasgueo la fricción envía un cosquilleo directo a tu vientre. Una triada es perfecta dice tres notas que arman armonía como un trío en la cama donde cada uno complementa al otro. Tú ríes nerviosa pero sientes el calor subiendo por tu cuello el aroma de su loción de sándalo mezclándose con el de las cuerdas nuevas.
Practicas el Do mayor la Mi menor la Sol. Él se acerca más su muslo presionando el tuyo a través de los jeans ajustados. Así flexiona aquí murmura su aliento caliente en tu oreja mientras ajusta tu dedo índice. El roce es eléctrico piel contra piel y tú imaginas esas manos explorando más abajo.
¿Por qué carajos me pongo tan mojada con una simple lección?piensas mordiéndote el labio. Él nota tu distracción y suelta una carcajada baja ¿En qué piensas mamacita? Tus ojos brillan como si ya estuvieras tocando otra cosa. Tú lo miras desafiante quizá sí pendejo enséñame más respondes con voz juguetona el aire entre ustedes cargándose de tensión como una cuerda a punto de romperse.
El sol se pone tiñendo la habitación de naranja y rosas él pone música de fondo Caifanes suave y rasposo. Siguen con las triadas ahora en posiciones invertidas sus manos envolviendo las tuyas completamente. Sientes los tendones de sus antebrazos tensos el calor de su pecho cerca de tu espalda cuando se inclina para corregirte. Siente la vibración dice pulsando la cuerda su pierna rozando la tuya intencionalmente. Tú cierras los ojos el zumbido de la guitarra reverberando en tu pecho como un pulso acelerado. El deseo crece lento pero inexorable cada corrección un pretexto para tocar más piel expuesta tu blusa se sube un poco revelando la curva de tu cintura él traga saliva visiblemente.
De pronto deja la guitarra a un lado ya basta de teoría ven dice jalándote hacia él con gentileza pero firmeza. Sus labios encuentran los tuyos suaves al principio probando sabor a menta y cerveza artesanal. Tú respondes abriendo la boca la lengua danzando con la suya en un ritmo sensual como un solo de guitarra. Sus manos bajan por tu espalda arañando ligeramente a través de la tela delgada el olor de su sudor fresco mezclándose con el tuyo. Netas desde que te vi quería esto confiesa entre besos su voz entrecortada. Tú lo empujas contra el sofá montándote a horcajadas sintiendo su dureza presionando contra tu entrepierna yo también cabrón tus dedos me vuelven loca susurras mordiendo su cuello salado.
La ropa vuela blusa jeans tanga su camisa los pantalones quedan en el piso amontonados como acordes olvidados. Su piel es morena y suave bajo tus palmas los músculos de su abdomen contrayéndose al tacto. Tú bajas la boca por su pecho lamiendo el sabor salobre de su piel hasta llegar a su verga erecta dura como el mástil de la guitarra. La tocas con las yemas de los dedos traza venas pulsantes y él gime chinga qué rico arqueando la cadera. Tú la envuelves con la mano subiendo y bajando lento el sonido de su respiración jadeante llenando la habitación como un rasgueo furioso.
Él te voltea quedando encima sus ojos ardiendo de hambre. Ahora yo toco tus cuerdas dice con sonrisa lobuna bajando por tu cuerpo besando cada curva. Sus labios rozan tus pezones endurecidos succionando hasta que gimes alto el placer disparándose como chispas. Baja más la lengua trazando tu ombligo hasta tu panocha ya empapada. El primer lametón es eléctrico sabor a miel y deseo tú agarras su pelo tirando suave no pares pendejo suplicas. Él obedece devorándote los labios vaginales chupando el clítoris con maestría la barba incipiente raspando tus muslos internos en deliciosa fricción. Tus caderas se mueven solas el calor acumulándose en espiral sonidos húmedos mezclándose con sus gruñidos.
Es como una triada perfecta su lengua mis jugos y el fuego en mi vientrepiensas el mundo reduciéndose a esa boca mágica. El orgasmo llega en oleadas violentas gritas su nombre piernas temblando él lamiendo cada gota hasta dejarte jadeante exhausta pero queriendo más.
No hay pausa él se incorpora colocándote de lado en el sofá una pierna sobre su hombro. Entra en ti lento centímetro a centímetro estirándote deliciosamente el grosor llenándote por completo. Estás tan chingona tan apretadita gime embistiendo profundo el slap de piel contra piel resonando como palmadas en una guitarra. Tú clavas las uñas en su espalda sintiendo cada vena cada músculo contrayéndose. El ritmo acelera sus caderas chocando las tuyas sudor perlando sus cuerpos el olor almizclado de sexo impregnando el aire. Cambian posiciones tú de rodillas él detrás agarrando tus caderas jalándote hacia su verga el ángulo golpeando ese punto perfecto dentro de ti.
Córrete conmigo pide su voz quebrada tú sientes el clímax construyéndose de nuevo la tensión en tu bajo vientre explotando en éxtasis compartido. Él se vacía dentro gimiendo ronco chorros calientes llenándote mientras tú convulsionas alrededor suyo. Colapsan juntos piel pegajosa al piel respiraciones entrecortadas el corazón latiendo al unísono como un acorde sostenido.
Después yacen enredados él acariciando tu cabello tú trazando patrones en su pecho. La guitarra yace olvidada en el piso testigo silencioso. ¿Volvemos a practicar acordes triadas mañana? pregunta con picardía tú ríes besándolo suave simón pero la próxima toco yo la guitarra de tu cuerpo. El atardecer se desvanece en noche las luces de la ciudad parpadeando afuera pero aquí dentro solo queda el eco de placer y la promesa de más melodías sensuales.