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El Aminoacido Try que Despertó Nuestras Pasiones

7378 palabras

El Aminoacido Try que Despertó Nuestras Pasiones

Imagina el sol de la tarde cayendo sobre la playa de Cancún, el aire salado pegándose a tu piel morena mientras caminas de la mano con él. Tú, Karla, una chava de veintiocho años con curvas que vuelven locos a los vatos en el gym, y tu carnal, Diego, el tipo atlético de treinta que te hace vibrar con solo una mirada. Han pasado tres meses desde que empezaron a salir, y hoy decidieron probar algo nuevo: el Aminoacido Try, ese suplemento que prometía potenciar los workouts como ningún otro. Lo compraron en la tiendita de nutrición cerca del hotel, un frasco brillante con etiquetas que hablaban de energía explosiva y recuperación rápida. "Neta, Karla, esto nos va a poner como toros", te dijo Diego con esa sonrisa pícara, sus ojos cafés clavados en tus labios.

El gym al aire libre en la playa estaba casi vacío, solo el rumor de las olas rompiendo y el viento tropical revolviendo tu coleta. Te pones el legging negro que abraza tus nalgas firmes y el top deportivo que deja ver el piercing en tu ombligo. Diego ya está ahí, sin camisa, mostrando esos abdominales marcados por horas de pesas. Mezclan el polvo del Aminoacido Try en sus shaker, el sabor cítrico invadiendo tu nariz, dulce y ácido como un tamarindo maduro. Lo tomas de un trago, sientes el líquido fresco bajando por tu garganta, un cosquilleo inmediato que se expande por tu pecho. ¿Qué carajos es esto? piensas, mientras tu pulso se acelera un poquito.

Empiezan con cardio, corriendo por la arena húmeda. Tus pies hunden en la playa tibia, el sol besa tu espalda sudada. Diego va delante, sus músculos de la espalda flexionándose con cada zancada. Sientes una calidez extraña subiendo desde tu vientre, no solo del ejercicio, sino algo más profundo, como si el Aminoacido Try estuviera despertando fibras dormidas en tu cuerpo. El sudor perla en tu escote, goteando entre tus senos, y cada respiración trae el olor salino mezclado con el aroma masculino de Diego, ese mix de colonia y esfuerzo que te moja las bragas sin querer.

¡Pinche Diego, mírate! Esos glúteos duros moviéndose... neta quiero morderlos ya.

Pasan a las pesas. Él te ayuda con las sentadillas, sus manos grandes en tus caderas, guiándote. "Baja más, mi reina, siente el fuego en las piernas", murmura cerca de tu oreja, su aliento caliente rozando tu cuello. El Aminoacido Try hace su magia: tus músculos responden con una fuerza brutal, pero también un calor líquido se acumula entre tus muslos. Cada repetición es un pulso en tu clítoris, la fricción del legging contra tu piel sensible. Lo miras, sudado, el pecho subiendo y bajando, venas marcadas en sus brazos. Tu mente divaga: Quiero que me levante así en la cama, que me abra como a un gym privado.

El sol se pone, tiñendo el cielo de naranjas y rosas, mientras hacen planks lado a lado. Tus abdominales queman deliciosamente, el Aminoacido Try amplificando cada contracción. Diego gime bajito, un sonido gutural que vibra en tu centro. Te volteas, vuestras miradas chocan, cargadas de electricidad. "Karla, esto está cañón... me siento invencible", dice él, su voz ronca. Tú asientes, mordiéndote el labio, el corazón latiéndote en la garganta. El olor a sudor fresco, arena y mar se mezcla con el leve dulzor de tu propia excitación, que sientes empapando la tela.

Terminan el workout exhaustos pero eufóricos. Caminan de regreso al hotel, el viento secando el sudor de sus cuerpos. En el elevador, solos, Diego te acorrala contra la pared. "No aguanto más, wey", gruñe, besándote con hambre. Sus labios salados saben a Aminoacido Try y deseo puro, su lengua invadiendo tu boca como una ola. Tus manos recorren su pecho húmedo, sintiendo el latido acelerado bajo la piel tensa. El ding del elevador los separa, pero el fuego ya arde.

En la habitación, con vista al mar, cierran la puerta y se devoran. Diego te quita el top de un tirón, sus ojos devorando tus pechos libres, pezones duros como piedras bajo su mirada. "Estás preciosa, Karla, todo gracias a ese Aminoacido Try que nos puso como fieras". Tú ríes, juguetona: "Pendejo, ni lo dudes, pero ahora demuéstrame". Lo empujas a la cama king size, el colchón hundiéndose bajo su peso. Te subes a horcajadas, sintiendo su verga dura presionando contra tu entrepierna a través de la ropa. El roce es eléctrico, tu humedad lo empapa todo.

Te inclinas, besando su cuello salado, lamiendo el sudor que sabe a sal y hombre. Tus uñas arañan su pecho, dejando marcas rojas que lo hacen gemir. "¡Ay, cabrón, sí!", exhala él, manos en tus nalgas, amasándolas fuerte. Bajas despacio, desabrochando su short, liberando su miembro grueso, palpitante, con una gota de precum brillando en la punta. El olor almizclado de su excitación te marea, delicioso. Lo tomas en tu mano, piel suave sobre acero, y lo chupas lento, saboreando el gusto salado y ligeramente dulce, como el suplemento que los llevó aquí.

Esto es lo que necesitaba, su verga llenándome la boca, el pulso en mi lengua... el Aminoacido Try nos volvió animales.

Diego no se queda atrás. Te voltea, arrancándote el legging con urgencia. Su boca ataca tu coño depilado, lengua experta lamiendo tus labios hinchados, chupando el clítoris con succión perfecta. Gritas, arqueándote, el placer como rayos desde tu centro. "¡Diego, no pares, pendejo divino!", suplicas, piernas temblando. Él introduce dos dedos, curvándolos contra tu punto G, mientras su nariz roza tu monte de Venus. El sonido húmedo de su festín llena la habitación, mezclado con tus jadeos y el lejano romper de olas.

La tensión crece, tu cuerpo vibra con la energía del Aminoacido Try, cada nervio encendido. Lo montas, guiando su polla gruesa a tu entrada resbaladiza. Bajas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, llena, el placer quemando. "¡Qué chingón te sientes!", gime él, caderas subiendo para embestirte más hondo. Cabalgas fuerte, senos rebotando, sudor goteando de tu frente al suyo. Sus manos en tus caderas marcan el ritmo, piel contra piel chapoteando, olores de sexo crudo invadiendo el aire.

Cambian posiciones, él encima, misionero profundo. Tus piernas en su cintura, talones clavándose en su culo firme. Cada embestida es un golpe al cielo, su pubis frotando tu clítoris. "Te amo, Karla, neta eres mi todo", confiesa entre gruñidos, ojos en los tuyos. Tú respondes con uñas en su espalda: "Fóllame más duro, mi rey, dame todo". El clímax se acerca, tu vientre contrayéndose, pulsos en tu coño ordeñando su verga.

Explota primero él, rugiendo, caliente semen inundándote en chorros potentes, el calor disparando tu orgasmo. Gritas, olas de placer rompiendo, visión borrosa, cuerpo convulsionando. Se derrumban juntos, jadeando, pieles pegajosas unidas. El afterglow es puro: su peso sobre ti reconfortante, besos suaves en tu sien, el mar susurrando afuera.

Más tarde, recostados, comparten el último sorbo de agua con sabor a Aminoacido Try. "Esto fue épico, carnal. ¿Repetimos mañana?", pregunta él, riendo. Tú sonríes, trazando sus músculos: "Órale, pero solo si prometes follarme así de nuevo". El deseo lingera, prometiendo más noches caribeñas, el suplemento solo el catalizador de su fuego eterno.

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