Try En Present Perfect Contigo
Imagina que estás en mi departamento en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas de lino blanco. El aire huele a café de olla recién hecho y a las gardenias que tengo en el balcón. Yo, Sofía, tu maestra de inglés particular, te recibo con una sonrisa pícara, vestida con un huipil ligero que deja ver las curvas de mis pechos y mis caderas anchas. Tú llegas puntual, con esa mirada de güey curioso que me enciende desde la primera clase. "Hoy vamos a practicar el present perfect con el verbo try", te digo, mientras te sirvo un mezcalito fresco, el hielo tintineando en el vaso.
Nos sentamos en el sofá de terciopelo verde, tan cerca que sientes el calor de mi muslo rozando el tuyo. El ventilador del techo gira lento, moviendo el aroma de mi perfume, jazmín y vainilla, que se mezcla con tu colonia amaderada. "Mira, el present perfect se usa para experiencias en el pasado que afectan el presente. Como I have tried...", explico, escribiendo en la pizarra portátil. Tú asientes, pero tus ojos bajan a mi escote, donde el huipil se abre un poquito. Siento tu pulso acelerarse cuando rozo tu mano al pasarte el marcador. "Have you ever tried algo prohibido?", pregunto bajito, mi voz ronca como un susurro en la penumbra.
Te quedas callado un segundo, el corazón latiéndote fuerte en el pecho. Piensas en lo chido que sería probarme a mí, esa morra mexicana con piel canela y labios carnosos que te miran con hambre. "No mucho", respondes, pero tu voz sale entrecortada. Me río suave, un sonido que vibra en tu piel como caricia. "Try en present perfect, amor. Has try en present perfect? ¿Has probado besar a tu maestra?". Me acerco más, mi aliento cálido en tu cuello, oliendo a menta del chicle que mascaba. Tus manos tiemblan un poco cuando las pongo en mis caderas, la tela del huipil suave bajo tus dedos.
¿Y si esto es el comienzo de algo que no puedo parar? Su piel es tan caliente, huele a deseo puro, como tierra mojada después de la lluvia en el DF.
Acto uno termina ahí, con nuestros labios rozándose apenas, un beso tentativo que sabe a mezcal y promesas. Te empujo suave contra el sofá, montándome a horcajadas sobre ti. Sientes mi peso delicioso, mis nalgas firmes presionando tu entrepierna, donde ya sientes la verga endureciéndose, palpitando contra la tela de tus jeans. "Vamos a practicar más", murmuro, desabrochando tu camisa botón por botón, mis uñas pintadas de rojo rozando tu pecho velludo. El sonido de las hebillas es como un latido, y el aire se carga de nuestro sudor incipiente, salado y excitante.
En el medio, la tensión sube como el volcán en erupción. Te quito la camisa, lamiendo tu piel desde el ombligo hasta los pezones, que chupo suave hasta que gimes, un "¡pinche Sofía!" que me hace reír. Tus manos exploran bajo mi huipil, encontrando mis calzones de encaje negro, ya húmedos. "Have you tried tocar una concha tan mojada?", te provoco, guiando tus dedos dentro. El calor es abrasador, mi jugo resbalando por tu mano, oliendo a almizcle femenino, dulce y pecaminoso. Metes un dedo, luego dos, y yo me muevo contra ti, cabalgando tu mano mientras mis tetas rebotan libres, ahora que me quité el huipil.
Te pongo de pie, tambaleante, y te bajo los jeans de un jalón. Tu verga salta libre, gruesa y venosa, con la cabeza brillando de precum. La huelo, ese aroma macho que me hace salivar. " I have tried muchas, pero la tuya me muero por probar", digo, arrodillándome. Mi boca la envuelve caliente, lengua girando alrededor del glande, saboreando la sal de tu esencia. Chupas aire entre dientes, tus manos enredándose en mi pelo negro largo, oliendo a coco de mi shampoo. El sonido es obsceno: succiones húmedas, tus gemidos roncos mezclados con el zumbido del ventilador.
¡Qué rico su boca, cabrón! Es como terciopelo caliente, succionando mi alma por la verga. No aguanto, pero quiero que dure.
Te levanto, te llevo a la cama king size con sábanas de algodón egipcio, frescas contra nuestra piel ardiente. Me acuesto bocarriba, abriendo las piernas, mi concha depilada reluciendo, hinchada y lista. "Ven, try en present perfect conmigo. Has probado follar así?", te reto. Te pones encima, tu cuerpo pesado y protector, el vello de tu pecho rozando mis tetas. Empujas despacio, centímetro a centímetro, mi carne abriéndose para ti con un sonido chorreante. Grito de placer, "¡Ay, qué chingón!", uñas clavándose en tu espalda.
El ritmo crece, gradual, como una cumbia que acelera. Primero lento, sintiendo cada vena de tu verga estirándome, mi clítoris frotándose contra tu pubis. Sudamos juntos, gotas cayendo de tu frente a mi boca, saladas. Hueles a hombre en celo, a mezcal y sexo. Cambiamos: yo arriba, cabalgándote salvaje, mis nalgas chocando contra tus muslos con palmadas resonantes. Tus manos aprietan mis tetas, pellizcando pezones duros como piedras. "We have tried todo", jadeo, mi voz quebrada. Tú respondes con embestidas desde abajo, golpeando mi punto G hasta que veo estrellas.
La intensidad psicológica explota: en tu mente, esto es más que una clase, es liberación de semanas fantaseando conmigo en el metro, oliendo mi perfume de lejos. Yo pienso en lo empoderador que es guiarte, esta morenita mexicana tomando control. Pequeños clímax nos sacuden: yo vengo primero, mi concha contrayéndose alrededor de tu verga como un puño, chorros calientes mojando tus bolas. Gritas "¡Sí, güey, así!", y sigues, prolongando mi éxtasis con roces en mi botoncito sensible.
Finalmente, el acto tres: tu liberación. Me volteas a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo nosotros. El espejo del clóset refleja mi culo redondo, tus caderas chocando, piel contra piel en un ballet sudoroso. El olor es intenso: sexo crudo, almizcle, nuestro jugo mezclado. "Try en present perfect, córrete dentro", te ordeno, y obedeces. Tu verga se hincha, palpita, y explota en chorros calientes que llenan mi útero, desbordando por mis muslos. Gimes largo, colapsando sobre mí, nuestros cuerpos pegajosos, pulsos latiendo al unísono.
En el afterglow, yacemos enredados, el ventilador secando nuestro sudor. Afuera, el bullicio de la Condesa: risas, mariachis lejanos, cláxones. Te beso la frente, saboreando la sal. "We have tried y fue perfecto", susurro. Tú piensas en lo transformador: ya no eres el mismo, has probado el paraíso en carne mexicana. Me acurruco en tu pecho, escuchando tu corazón calmarse, con la promesa de más clases, más tries. El sol se pone, tiñendo la habitación de naranja, y todo es paz, deseo satisfecho, conexión profunda.