Anime Hentai Trio Desnudo y Salvaje
Era una noche calurosa en el DF, de esas que te pegan el cuerpo al colchón con el sudor, pero en mi depa de la Condesa todo olía a promesa. Yo, carnal, soy fanático del anime hentai desde chavo, y mis cuates Ana y Bea también. Las tres éramos un trío inseparable: yo el wey alto y moreno que siempre anda con la verga en mente, Ana la morra de curvas explosivas con tetas que rebotan como en un doujinshi, y Bea la flaca tetona con ojos de anime que te miran como si te fueran a chupar el alma. Habíamos quedado de vernos para una maratón de hentai, pero neta, el aire ya estaba cargado de tensión sexual desde que pusimos play al anime hentai trio que tanto nos ponía.
El cuarto estaba iluminado por la tele, con ese glow azul neón que hacía que las pieles brillaran. Olía a popotes de chela y a las velitas de vainilla que Ana había encendido pa' ambientar.
¿Y si lo hacemos de verdad, wey? Como en ese anime hentai trio que estamos viendo, soltó Bea de repente, con la voz ronca y las mejillas sonrojadas. Su mano ya rozaba mi muslo, y yo sentía el calor subiendo por mi entrepierna. Ana se rio bajito, ese sonido gutural que me eriza la piel, y se acercó gateando por la cama king size que teníamos pa' estos planes. Órale, pendejo, no seas rajón, me dijo ella, mientras su aliento caliente me llegaba al cuello, oliendo a tequila y deseo puro.
Mi corazón latía como tamborazo en una fiesta, pum pum pum, y el roce de sus dedos en mi playera me hacía sudar más que el pinche calor. No pude resistir; las jalé a las dos, besando primero a Ana, cuya lengua sabía a fresas y pecado, suave y jugosa como en esas escenas hentai donde las morras gimen sin control. Bea no se quedó atrás, mordisqueándome el lóbulo de la oreja, sus uñas arañando mi espalda con esa delicadeza que duele rico. Esto es mejor que cualquier anime hentai trio, pensé, mientras mis manos exploraban sus cuerpos: la carne firme de Ana en las nalgas, el aroma almizclado de Bea entre sus piernas ya húmedas.
Nos quitamos la ropa como si fuera una carrera, risas nerviosas mezcladas con jadeos. Mi verga saltó libre, dura como fierro, palpitando al verlas desnudas. Ana tenía esas tetotas perfectas, pezones oscuros y erectos que pedían ser chupados; Bea, con su coñito depilado brillando de jugos, me miró con ojos de shippuden en éxtasis. El sonido de la tele seguía de fondo, gemidos animados que se fundían con los nuestros reales. Toqué a Ana primero, metiendo dos dedos en su concha resbalosa, sintiendo cómo se contraía alrededor mío, caliente y pegajosa. ¡Ay, wey, qué chingón! gritó ella, arqueando la espalda, su sudor goteando en mi pecho.
Bea se unió, lamiendo mi verga desde la base hasta la punta, su lengua áspera y húmeda trazando venas que latían como locas. Sabía a sal y pre-semen, y el pop de sus labios al succionar me volvía loco.
Quiero que me cojas mientras Ana te mama las bolas, murmuró Bea, su voz temblorosa de pura lujuria mexicana. Cambiamos posiciones en la cama deshecha, sábanas revueltas oliendo a sexo incipiente. Yo me recosté, Ana a horcajadas en mi cara, su coño chorreando en mi boca. La probé: dulce, salada, con ese sabor terroso de hembra en celo. Lamí su clítoris hinchado, succionándolo fuerte mientras ella se mecía, gimiendo ¡Más, cabrón, no pares! Sus jugos me empapaban la barba, resbalosos y calientes.
Bea montó mi verga despacio, centímetro a centímetro, su interior apretado como guante de látex caliente. Sentí cada pliegue envolviéndome, pulsando, mientras ella rebotaba con ritmo de cumbia cachonda. El slap slap de carne contra carne llenaba el cuarto, mezclado con sus alaridos y los míos ahogados bajo Ana. Mis manos amasaban las nalgas de Bea, dedos hundiéndose en la carne suave, oliendo su sudor mezclado con perfume barato de tianguis. Ana se corrió primero, convulsionando sobre mi lengua, chorros de squirt mojándome la cara, gritando ¡Me vengo, pinche anime hentai trio en vivo! Su cuerpo temblaba, pechos agitándose como olas en el mar de la Condesa.
La tensión subía como volcán, mi verga hinchada al límite dentro de Bea, que cabalgaba más rápido, sus tetas saltando hipnóticas. Esto es lo que soñábamos viendo ese anime hentai trio, se me cruzó por la mente mientras la volteaba, poniéndola a cuatro patas. Ana se acurrucó debajo, lamiendo donde mi verga entraba y salía de Bea, su lengua rozando mis bolas pesadas. El calor era infernal, pieles pegajosas chocando, olores de coños calientes y semen a punto de explotar. Bea empujaba hacia atrás, ¡Cógeme duro, wey, rómpeme!, y yo obedecí, embistiéndola con fuerza primitiva, mis caderas dándole nalgadas que sonaban como latigazos.
Ana se masturbaba viéndonos, dedos volando en su clítoris, ojos vidriosos de placer compartido. La jalé hacia mí, metiendo mi verga alternando: un par de estocadas en Bea, luego en Ana, sus conchas iguales en calor pero distintas en textura – Ana más carnosa, Bea más apretada. Gemían en dúo, voces entremezcladas como en el hentai que nos inspiró. Mi clímax se acercaba, bolas tensas, verga latiendo furiosa.
¡Córrete adentro, carnal, lléname!suplicó Bea, y Ana asintió, chupando mis huevos. No aguanté más; exploté en Bea, chorros calientes inundándola, semen goteando por sus muslos mientras ella se corría conmigo, gritando en éxtasis.
Ana no se conformó; me volteó y montó mi verga aún sensible, cabalgando hasta su segundo orgasmo, ordeñándome las últimas gotas. Colapsamos los tres en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El anime seguía en la tele, pero ya no importaba; nuestro anime hentai trio real había sido mil veces mejor. Olía a sexo puro, semen y jugos mezclados en las sábanas. Bea me besó perezosa, Qué chido estuvo, pendejos, y Ana rio, acurrucándose en mi pecho. Sentí sus corazones latiendo contra el mío, pieles calientes enfriándose en la brisa del ventilador.
Después, fumamos un cigarro en la terraza, naked bajo las estrellas del DF, charlando de más noches así. No había arrepentimientos, solo esa conexión profunda, empoderada, de tres adultos viviendo sus fantasías sin tabúes. Ese anime hentai trio nos había unido más, y supe que esto era solo el principio de muchas folladas épicas. La noche terminó con promesas susurradas, cuerpos entrelazados de nuevo en la cama, exhaustos pero felices, el sabor del placer lingering en la boca.