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Un Error Ocurrió Por Favor Intenta de Nuevo Más Tarde YouTube

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Un Error Ocurrió Por Favor Intenta de Nuevo Más Tarde YouTube

Estábamos en el sofá de mi depa en Polanco, Sofia y yo, con las luces bajas y el aire cargado de ese calorcito que sube cuando sabes que la noche va pa'l largo. Era viernes, acabábamos de cenar unos tacos de suadero de la esquina, bien jugosos, con cilantro fresco y cebolla crujiente que todavía me sabía en la boca. Sofia, mi morra desde hace un año, se acurrucaba contra mí, su piel morena oliendo a vainilla de su crema y un toque de sudor del día caluroso de la Ciudad. Llevaba un shortcito de algodón que se le subía por los muslos gorditos y una blusita suelta que dejaba ver el encaje negro de su brasier.

Qué chingón estar así, wey, pensé, mientras mi mano ya le rozaba la nalga suave, sintiendo cómo se ponía tiesa de anticipación. Ella rio bajito, ese sonido ronco que me eriza los vellos, y me dio un codazo juguetón. "Oye, pendejo, ¿no íbamos a ver ese video que me mandaste? El de YouTube que dices que es bien caliente".

Saqué el teléfono, grande, con la pantalla que ilumina nuestras caras en la penumbra. Busqué el link que le había pasado, un tutorial de masajes sensuales que en realidad era pa' ponerla cachonda sin decirlo directo. "Ya verás, mi reina, te va a gustar". Le di play, pero de repente, la pantalla se congeló. Letras blancas sobre rojo: an error occurred please try again later youtube. "

¡No mames!
", gruñí, refrescando como loco. Nada. Otra vez el mismo pinche mensaje: an error occurred please try again later youtube. El corazón me latía fuerte, no solo de bronca, sino porque el deseo ya estaba ahí, latiendo en mi verga que se endurecía contra el pantalón.

Sofia se incorporó, sus tetas rebotando un poquito bajo la blusa, y me quitó el teléfono. "Déjame a mí, carnal". Intentó lo mismo, pero el error seguía burlándose. Su frustración era sexy, el ceño fruncidito, los labios carnosos apretados. Olía su aliento a menta del chicle que masticaba, y cuando se inclinó, su pelo negro me rozó la cara, suave como seda. "Pinche YouTube de la chingada", murmuró, tirando el teléfono al cojín. Sus ojos cafés se clavaron en los míos, brillantes de malicia. "Bueno, si no se puede ver, ¿por qué no lo hacemos nosotro'?"

Acto primero hecho. El deseo inicial era como una chispa, pero el error ese lo avivó como gasolina. La jalé por la cintura, sintiendo su calor a través de la tela delgada. Nuestros labios se chocaron, su lengua juguetona entrando en mi boca, saboreando la sal de mi piel. Gemí bajito, mis manos bajando por su espalda, apretando esas nalgas firmes que tanto me volvían loco. Ella se montó en mis piernas, frotándose contra mi erección dura como piedra. El sonido de su respiración agitada llenaba la sala, mezclado con el zumbido lejano del tráfico en Reforma.

La tensión subía despacio, como buena fiesta que empieza con chelas frías. Le quité la blusa, revelando esas chichotas perfectas, pezones oscuros ya tiesos, pidiendo atención. Los lamí, sintiendo su sabor salado, el olor almizclado de su excitación empezando a flotar en el aire. "Qué rico, Alex, no pares", susurró en mi oído, su voz temblorosa. Mi mente era un remolino:

La quiero ya, pero hay que alargar esto, hacerla suplicar
. Le bajé el short, dedos rozando su panocha húmeda, resbalosa, caliente. Ella jadeó, arqueando la espalda, uñas clavándose en mis hombros.

Nos movimos al piso, alfombra persa suave bajo nosotros, cuerpos enredados. Yo de rodillas, ella abierta de piernas, el olor intenso de su humedad me golpeó como un trago de mezcal. Lamí su clítoris hinchado, lengua girando lento, probando ese néctar dulce y salado que me volvía animal. Sus gemidos subían de volumen, "¡Ay, cabrón, sí ahí!", piernas temblando, muslos apretándome la cabeza. Mi verga palpitaba, goteando pre-semen en mis boxers, el tacto pegajoso contra la tela.

Pero no la dejé acabar aún. Quería esa intensidad psicológica, esa lucha interna donde ambos nos devoramos con la mirada. Me paré, quitándome la ropa rápido, mi verga saltando libre, venosa, gruesa, apuntando a ella como imán. Sofia la miró con hambre, lamiéndose los labios. "Ven pa'cá, mi amor, te necesito dentro". La cargué al sillón, su peso delicioso en mis brazos, piel sudada pegándose a la mía. La penetré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes calientes apretándome, succionándome. El sonido húmedo de la unión, chapoteo rítmico, era música pura.

Escalada en el medio acto. Empecé moviéndome lento, profundo, cada embestida sacándole un "¡Órale!" que resonaba en mi pecho. Sus tetas rebotaban, yo las chupaba, mordisqueando suave, dejando marcas rojas. Sudor nos cubría, gotas resbalando por su cuello, por mi espalda, olor a sexo crudo, a pasión mexicana desatada. Internamente, yo batallaba:

Quiero durar, pero esta panocha me aprieta tanto, neta voy a explotar
. Ella clavaba uñas en mi culo, empujándome más adentro, "Más fuerte, pendejo, chingame duro". Aumenté el ritmo, pelvis chocando contra la suya, piel contra piel en palmadas sonoras, el sofá crujiendo bajo nosotros.

Cambiamos posiciones, ella encima, cabalgándome como reina. Sus caderas girando, verga enterrada hasta el fondo, clítoris frotándose en mi pubis. La vista era de ensueño: sudor brillando en su piel canela, pelo revuelto, boca abierta en éxtasis. Agarré sus nalgas, guiándola, sintiendo contracciones en su interior. "¡Me vengo, Alex!", gritó, cuerpo convulsionando, jugos calientes empapándome. Ese apretón me llevó al borde, pero aguanté, volteándola a cuatro patas.

Desde atrás, la vista brutal: panocha abierta, hinchada, invitándome. Empujé fuerte, bolas golpeando su clítoris, manos en su cintura. El olor de nuestros fluidos, espeso, embriagador. Gemidos se volvieron gritos, "¡Sí, así, no pares, wey!". Mi mente en blanco, solo instinto, embestidas feroces, piel ardiendo. Sentí el orgasmo subir, bolas tensas, "Me vengo, mi vida". Explote dentro, chorros calientes llenándola, su segundo clímax ordeñándome hasta la última gota.

Fin del acto tres. Colapsamos, jadeantes, enredados en el sofá. Su cabeza en mi pecho, corazón latiendo desbocado contra el mío. Sudor enfriándose, piel pegajosa, olor a sexo persistiendo como recuerdo. La besé la frente, suave, salada. "Pinche error de YouTube nos salvó la noche", murmuré riendo. Ella alzó la cara, ojos soñolientos, sonrisa pícara. "Neta, mejor en vivo. Te amo, cabrón".

Nos quedamos así, respiraciones calmándose, el mundo afuera olvidado. Mañana probaríamos de nuevo el video, pero nada superaría esto: nosotros, crudos, conectados. El afterglow era paz profunda, cuerpos satisfechos, almas en sintonía. En la Ciudad de México, con sus luces titilando por la ventana, supe que estas noches eran lo que valía la pena.

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