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Oops algo salió mal por favor inténtalo de nuevo

6804 palabras

Oops algo salió mal por favor inténtalo de nuevo

Tú estás recostado en el sofá de tu depa en la Condesa, con el celular en la mano, swipando en esa app de citas que todos usan en la CDMX. La noche huele a tacos de la esquina y a la lluvia que acaba de caer, dejando el aire fresco y cargado de jazmín de los vecinos. Neta, piensas, hoy sí cae algo chido. Deslizas el dedo hacia la derecha en la foto de ella: morena, ojos grandes, sonrisa pícara, con un vestido rojo que deja poco a la imaginación. Pero de repente, la pantalla parpadea. Letras blancas sobre fondo negro: oops something went wrong please try again.

¿Qué chingados?
murmuras, frunciendo el ceño. Intentas de nuevo, pero el match aparece igual. Ana, 28 años, abogada en Polanco. Su bio dice: "Buscando aventuras sin complicaciones, ¿te animas wey?"

Le mandas un mensaje: "Oops algo salió mal pero aquí estamos. ¿Coincidencia o destino?" Ella responde al instante: "Jaja órale, el universo nos juntó a pesar del error. ¿Qué onda? ¿Cerveza en La Roma esta noche?" El corazón te late más rápido, sientes el calor subiendo por el pecho. Imaginas su voz, suave como el tequila reposado. Aceptas, te pones una camisa guapa, sales al bullicio de la calle. Los cláxones, las risas de los transeúntes, el olor a elotes asados. Caminas con paso firme, la anticipación picándote en la piel como electricidad estática.

Llegas al bar, un lugar con luces tenues, música de Natalia Lafourcade de fondo, mesas de madera pulida. La ves de inmediato, sentada en la barra, piernas cruzadas, el vestido rojo abrazando sus curvas. Su perfume llega antes que ella: vainilla y algo picante, como chile en nogada. Híjole, piensas, es más rica en persona. Se gira, te ve, sonríe con dientes blancos perfectos. "Tú debes ser el wey del error técnico", dice, extendiendo la mano. Su piel es suave, cálida, el toque envía una chispa directo a tu entrepierna.

Se sientan, piden chelas frías que sudan gotitas en el vidrio. Hablan de todo: el tráfico infernal, lo padre que es salir a bailar salsa en Garibaldi, cómo odian las apps pero funcionan. Sus risas son contagiosas, profundas, vibrando en tu pecho. Sientes su rodilla rozar la tuya bajo la mesa, casual al principio, luego intencional. "Sabes", dice ella inclinándose, su aliento a menta y cerveza rozando tu oreja, "neta me prendiste con ese mensaje del oops. Me hace pensar en segundas oportunidades... en todo." Tus pulsos se aceleran, el calor entre tus piernas crece. La miras a los ojos, oscuros como chocolate fundido, y respondes: "Entonces, ¿intentamos de nuevo?" Ella asiente, muerde su labio inferior, y pide la cuenta.

Salen tomados de la mano, el aire nocturno fresco contra la piel ardiente. Caminan unas cuadras hasta su depa, un loft moderno con vistas al skyline. La puerta se cierra con un clic suave, y de pronto están solos. Ella te empuja contra la pared, sus labios chocan con los tuyos: suaves, húmedos, saboreando a sal y deseo. Gimes bajito, tus manos recorren su espalda, bajando a sus nalgas firmes bajo el vestido. Huele a su excitación, almizcle dulce mezclado con su perfume.

Esto es lo que necesitaba, carajo
, piensas mientras le quitas el vestido, revelando lencería negra que contrasta con su piel canela.

La llevas a la cama, king size con sábanas de algodón egipcio que crujen bajo su peso. Se tumba, arqueando la espalda, invitándote. Tus labios bajan por su cuello, lamiendo la sal de su piel, mordisqueando el lóbulo de su oreja. Ella suspira, un sonido ronco y animal que te endurece más. "Tócame wey", murmura, guiando tu mano entre sus muslos. Está mojada, resbaladiza como miel caliente, el calor de su panocha palpitando contra tus dedos. La acaricias despacio, círculos lentos en su clítoris hinchado, escuchando sus jadeos acelerados, el sonido húmedo de tu roce.

Se incorpora, te quita la camisa con urgencia, arañando levemente tu pecho con uñas pintadas de rojo. Baja la cremallera de tus jeans, libera tu verga tiesa, palpitante. La mira con hambre: "Qué chida", dice antes de tomarla en su boca. El calor húmedo te envuelve, su lengua girando alrededor del glande, chupando con succiones que te hacen arquear las caderas. Saboreas el sudor en tu labio superior, oyes sus slurps obscenos, sientes sus manos apretando tus bolas. No aguanto, piensas, pero te contienes, disfrutando el build-up, el tension que late en cada vena.

La volteas, boca abajo, besas su espinazo hasta llegar a sus nalgas redondas. Separas sus piernas, inhalas su aroma íntimo, embriagador. Tu lengua explora su raja, lamiendo desde el clítoris hasta su ano, saboreando su jugo salado-dulce. Ella gime fuerte, "¡Ay cabrón, sí así!", empujando contra tu cara. El cuarto se llena de sus gemidos, el slap de tu boca contra su carne, el crujir de la cama. La pones de rodillas, te colocas detrás, frotas tu punta contra su entrada resbalosa. "Métemela ya", suplica ella, volteando con ojos vidriosos de lujuria.

Empujas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo sus paredes te aprietan como un guante caliente y aterciopelado. Puta madre, qué apretada, piensas, el placer subiendo por tu espina. Comienzas a bombear, lento al principio, sintiendo cada roce, el choque de tus pelvis contra sus nalgas suaves. Ella responde, moviendo las caderas en círculos, clavando las uñas en las sábanas. El ritmo acelera: slap-slap-slap de piel contra piel, sudor goteando, mezclándose. Cambian posiciones, ella encima, cabalgándote con furia, sus tetas rebotando, pezones duros como piedras. Agarras sus caderas, embistiéndola desde abajo, oliendo su cabello revuelto, saboreando sus besos salvajes.

La tensión crece, un nudo en tu bajo vientre, sus contracciones internas ordeñándote. "Me vengo, pendejo, ¡vente conmigo!", grita ella, su voz quebrada. Explota primero, su cuerpo temblando, chorros calientes empapando tus muslos, un grito gutural que reverbera. Tú la sigues, corriéndote dentro con espasmos violentos, el placer cegador como un rayo, llenándola hasta desbordar. Colapsan juntos, jadeando, piel pegajosa de sudor, corazones martilleando al unísono.

Después, yacen enredados, el silencio roto solo por sus respiraciones calmándose. Ella acaricia tu pecho, trazando círculos perezosos. "Oops algo salió mal en la app, pero esto... qué chingón", susurra riendo bajito. Tú sonríes, besas su frente, oliendo el sexo residual en el aire, sintiendo la paz profunda.

Segundas oportunidades valen la pena
, piensas mientras el sueño los envuelve, prometiendo más intentos en la mañana.

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