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El Día Que Intenté Vivir Las Letras de Soundgarden

6169 palabras

El Día Que Intenté Vivir Las Letras de Soundgarden

Estaba en un rooftop en Polanco, con el skyline de la CDMX brillando como un mar de luces al fondo. El aire fresco de la noche traía olor a jazmín de los maceteros y un toque ahumado de los tacos que pasaban los meseros. La música rock retumbaba suave, un playlist chido de los noventa que me hacía sentir vivo por primera vez en meses. Yo, Andrés, llevaba una racha de pinche rutina: chamba en la agencia, gym, Netflix y a dormir. Neta, necesitaba algo que me sacara del hoyo.

Entonces sonó ella. Soundgarden, "The Day I Tried to Live". Las letras me pegaron directo en el pecho: "One more time around might do it... Rest in the fire". Me quedé clavado en la barra, con el vaso de mezcal en la mano, sintiendo el hielo derretirse y el líquido quemándome la garganta. Ahí la vi. Morena, curvas que se marcaban bajo un vestido negro ajustado, cabello suelto ondeando con la brisa. Sus ojos cafés me escanearon como si supiera exactamente qué pensaba. Se acercó, moviendo las caderas al ritmo de Chris Cornell.

"¿Te late Soundgarden wey? Esas letras de 'the day i tried to live lyrics' son como un grito pa' romper la cadena"
, me dijo con una sonrisa pícara, su voz ronca por el humo del cigarro que acababa de apagar.

Me quedé pasmado. Órale, pensé, esta chava es de las mías. "Simón, neta me hacen querer vivir de una vez, sin pendejadas", le contesté, sintiendo ya el cosquilleo en la piel. Se llamaba Sofia, publicista como yo, pero con un vibe libre que me volvía loco. Hablamos de la rola, de cómo esas soundgarden the day i tried to live lyrics hablaban de soltar el control, de meterse al fuego sin miedo. El mezcal fluía, sus risas olían a menta y tequila, y su mano rozó la mía accidentalmente —o no— enviando chispas por mi brazo.

La tensión crecía como la batería de la canción. Sus ojos se clavaban en los míos, labios carnosos entreabiertos, y yo sentía mi verga endureciéndose bajo los jeans. "Ven, bailemos", murmuró, jalándome a la pista improvisada. Su cuerpo se pegó al mío, caderas girando lento, pechos rozando mi torso. Olía a vainilla y deseo, sudor ligero mezclándose con el perfume. Mis manos bajaron a su cintura, sintiendo la curva perfecta, la tela delgada que apenas separaba mi piel de la suya. Esto es lo que necesitaba, pensé, el corazón latiéndome como un tambor.

El beso llegó natural, como si las letras lo hubieran predicho. Sus labios suaves, lengua juguetona probando el mezcal en mi boca. Gemí bajito, manos subiendo por su espalda, arqueándola contra mí. "Vamos a mi depa, está cerca", susurró al oído, mordisqueándome el lóbulo. No lo pensé dos veces. Bajamos en su coche, un Jetta negro, con la rola todavía sonando en mi cabeza: "It's out of my hands".

Acto dos, el pinche clímax de la build-up. Su depa en una torre de Reforma, minimalista con velas aromáticas y posters de conciertos. Apenas cerramos la puerta, se lanzó sobre mí, quitándome la playera con urgencia. Sus uñas arañaron mi pecho, dejando rastros rojos que ardían delicioso. "Quítame el vestido, Andrés", ordenó juguetona, empoderada como reina. Lo hice despacio, revelando piel morena suave como seda, brassier de encaje negro y tanga diminuta. La besé del cuello a los senos, lamiendo el sudor salado, oyendo sus jadeos que ahogaban la ciudad allá afuera.

Las soundgarden the day i tried to live lyrics me guiaban: rest in the fire, pensé mientras la cargaba al sillón. Se sentó a horcajadas, frotándose contra mi erección dura como piedra. "Te sientes chingón, carnal", murmuró, desabrochándome el cinturón. Mi verga saltó libre, palpitando al aire fresco. Ella la tomó con mano experta, masturbándome lento, pulgar en la punta húmeda de precum. Gemí fuerte, oliendo su excitación, ese aroma almizclado que me volvía loco.

La recosté, besando su ombligo, bajando a la panocha empapada. La tanga voló, revelando labios hinchados, clítoris rosado asomando. Lamí despacio, saboreando su jugo dulce y salado, lengua girando mientras ella arqueaba la espalda, manos en mi pelo. "¡Sí, wey, así! ¡No pares!", gritó, caderas moviéndose al ritmo. Sus muslos temblaban contra mis mejillas, piel caliente y suave. Introduje dos dedos, curvándolos en su punto G, sintiendo contracciones que me decían que estaba cerca.

Pero quería más. La volteé, de rodillas en el sillón, nalgas perfectas alzadas. Mi verga rozó su entrada resbalosa, pidiendo permiso con la mirada. "Métemela ya, pendejo, hazme tuya", rogó con ojos vidriosos. Empujé lento, centímetro a centímetro, sintiendo su calor apretado envolviéndome. Chingado, qué delicia. Empecé a bombear, manos en sus caderas, piel chocando con palmadas húmedas. Ella empujaba hacia atrás, gimiendo las letras: "One more time... around... ¡ahhh!". El sudor nos unía, olor a sexo llenando el aire, venas de mi polla pulsando dentro de ella.

La intensidad subía, como la rola en su solo de guitarra. La puse de misionero, piernas en mis hombros, penetrándola profundo. Sus tetas rebotaban, pezones duros que chupé voraz. "Me vengo, Andrés, ¡córrete conmigo!", jadeó. Aceleré, bolas golpeando su culo, el placer acumulándose en mi espina. Explosión: ella convulsionó, panocha ordeñándome, yo eyaculando chorros calientes dentro, gritando su nombre. El mundo se disolvió en fuego, pulsos latiendo juntos, semen goteando entre sus muslos.

Acto tres, el afterglow perfecto. Colapsamos enredados, piel pegajosa y jadeos calmándose. La abracé, besando su frente sudada, oliendo nuestro amor mezclado con el jazmín de su vela. "Gracias por hacerme vivir ese día", murmuré, acariciando su cabello. Ella sonrió, trazando círculos en mi pecho.

"Las soundgarden the day i tried to live lyrics se hicieron reales contigo, wey. Mañana repetimos"
.

Nos quedamos así, con la ciudad zumbando afuera, pero nosotros en nuestra burbuja. Por primera vez, sentí que solté las cadenas. Ese día intenté vivir, y neta, lo logré en sus brazos.

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