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Ninfomania Pelicula Lars von Trier en Mi Piel Ardiente

5997 palabras

Ninfomania Pelicula Lars von Trier en Mi Piel Ardiente

Estaba sola en mi depa de la Roma, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como un amante impaciente. El ventilador zumbaba pendejo, moviendo el aire caliente sin refrescar nada. Agarré el control remoto y puse Netflix, buscando algo que me sacara del hastío. Ahí estaba: la película Lars von Trier Ninfomania. La había oído nomás de oídas, decían que era una chingonería sobre una chava adicta al sexo, cruda y sin censura. Pensé "¿por qué no? Algo fuerte para esta noche".

Desde los primeros minutos, la pantalla me jaló como imán. Joe, la protagonista, contando su vida de placeres desbocados, con escenas que te ponían la piel chinita. El sonido de los gemidos bajos, el roce de la piel sudorosa, el olor imaginario a deseo crudo que salía del tele. Me recargué en el sofá, mis piernas se abrieron solas, y sentí un cosquilleo en la concha que subía como fuego.

¿Qué carajos me pasa? Nunca había sentido esto tan intenso con una película
, pensé, mientras mis dedos bajaban despacio por mi panza, rozando el encaje de mis panties.

La peli seguía, Lars von Trier no escatimaba: látigos, pollas duras, orgasmos que parecían eternos. Mi respiración se aceleró, el corazón me latía en el pecho como tamborazo en una fiesta. Me quité la blusa, mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras. El aire caliente las lamía, y yo me pellizcaba, gimiendo bajito. Ninfomania, repetía en mi cabeza la palabra, como un mantra. Me metí los dedos, húmeda ya, chorreando jugos que olían a miel y pecado. Pero no era suficiente. Necesitaba carne de verdad, un hombre que me chingara hasta el alma.

Agarré el teléfono, marqué a Marco, el morro buenorro del gym que siempre me coqueteaba con esa sonrisa pícara. "Órale, carnal, ¿vienes pa'cá ahorita? Tengo algo que te va a volar la cabeza", le dije con voz ronca. "Dame diez minutos, preciosa", contestó él, y colgué, el pulso acelerado. Me paré frente al espejo del baño, mi cuerpo desnudo brillando bajo la luz amarilla. Caderas anchas, culo redondo, piel morena que pedía manos. Me unté crema en las nalgas, oliendo a vainilla, preparándome para lo que venía.

La puerta sonó, y abrí en pelotas, solo con las panties empapadas. Marco entró, ojos como platos, su verga ya marcando en los jeans. "¡Puta madre, estás cañón!", soltó, abrazándome fuerte. Su olor a colonia fresca y sudor me invadió, sus manos grandes en mi cintura, bajando a apretarme el culo. Lo jalé al sofá, la peli todavía corriendo de fondo, Joe gimiendo en la pantalla. "Mira esto, es la película Lars von Trier Ninfomania, me puso como perra en celo", le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo.

Acto dos: la escalada. Nos besamos como hambrientos, lenguas enredadas, saliva dulce mezclándose. Sus manos everywhere: amasando mis tetas, pellizcando pezones hasta que grité de placer. "Eres una ninfómana de verdad, ¿eh?", me dijo riendo, y yo respondí "Sí, pendejo, y tú vas a saciarme". Lo empujé al sofá, le bajé el pantalón de un jalón. Su verga saltó, gruesa, venosa, goteando pre-semen que lamí como helado. Sabía salado, varonil, me llenó la boca mientras él gemía "¡Chíngale, qué chida chupas!".

Lo monté despacio, frotando mi concha mojada en su pija, sintiendo cada vena pulsar contra mis labios hinchados. El calor de su piel contra la mía, sudor perlando nuestros cuerpos, el sonido chapoteante de mis jugos.

Esto es mejor que la peli, más real, más mío
. Marco me agarró las caderas, guiándome, pero yo mandaba: subía y bajaba lento, torturándolo. "¡No mames, métetela ya!", suplicó. Reí, juguetona, y me hundí de golpe. Llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. Grité, uñas en su pecho, cabalgándolo como yegua salvaje.

Pero quería más, como Joe en la película. Lo volteé, de perrito en el sofá, su verga embistiéndome fuerte. Cada choque hacía temblar mis nalgas, palmadas que sonaban como aplausos en antro. Olía a sexo puro: mi concha abierta, su sudor goteando en mi espalda. Me metió dedos en el culo, suave, probando, y yo arqueé la espalda "¡Sí, cabrón, ahí también!". Tension building, mis piernas temblaban, orgasmos pequeños me sacudían como ondas. Él gruñía, conteniéndose, "Estás apretadísima, me vas a hacer venir".

Cambié de posición, lo puse boca arriba, yo encima reversa. Mis tetas rebotando, su vista perfecta de mi culo tragándoselo todo. El espejo del fondo reflejaba todo: mi cara de puta gozando, su pija desapareciendo en mí. Sudor chorreando, bocanadas de aire caliente, gemidos que llenaban el depa. La ninfomania me tenía poseída, pensé, mientras aceleraba, concha contrayéndose alrededor de él. "¡Ven conmigo, Marco, lléname!", ordené, y explotamos juntos. Su leche caliente inundándome, mi squirt mojando sus bolas, gritos ahogados en besos.

Acto tres: el afterglow. Nos quedamos tirados, cuerpos enredados, piel pegajosa brillando. Su mano en mi panza, trazando círculos suaves, mi cabeza en su pecho oyendo su corazón calmarse. El olor a semen y concha flotaba, mezclado con nuestro sudor. La peli terminó de fondo, créditos rodando mudos. "Esa pelicula Lars von Trier Ninfomania fue el detonador, ¿sabes? Despertó algo en mí", murmuré. Él besó mi frente "Pues gracias al danés ese, ahora eres mi ninfómana favorita".

Reímos bajito, Mexican style, con esa calidez que solo pasa después de chingarnos como animales. Me levantó en brazos, me llevó a la cama, donde nos acurrucamos bajo las sábanas frescas. Su verga semi-dura contra mi muslo, promesa de más rondas.

Esto no es el fin, es el principio de mi adicción consentida
. Afuera, la ciudad ronroneaba con cláxones lejanos, pero adentro, paz absoluta. Mi cuerpo zumbaba satisfecho, alma plena. Mañana vería la peli otra vez, solo para encender la chispa de nuevo.

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