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Zoot Tri Suit que Despierta Pasiones

7485 palabras

Zoot Tri Suit que Despierta Pasiones

El sol de Playa del Carmen pegaba como plomo derretido sobre la arena blanca, y el aire traía ese olor salado del mar Caribe mezclado con el sudor fresco de cientos de cuerpos en movimiento. Ana ajustó sus goggles, sintiendo el roce elástico de su traje de triatlón contra la piel, pero sus ojos no podían despegarse de él. Ahí estaba Marco, el carnal que había visto en las rondas clasificatorias, pavoneándose con su Zoot Tri Suit. Ese traje no era cualquier cosa: negro con rayas anchas de neón que brillaban como luces de antro, ajustado como segunda piel, marcando cada músculo de sus piernas fuertes, su abdomen marcado y ese bulto prometedor en la entrepierna. Neta, parecía un pachuco moderno, listo para la guerra del triatlón pero con un toque zoot que lo hacía irresistible.

¿Qué wey se pone eso para nadar, correr y pedalear? pensó Ana, mientras el corazón le latía más rápido que el ritmo de la música electrónica que sonaba de fondo. Ella era una chava de veintiocho, triatleta de fin de semana con curvas que su traje ceñía sin piedad: pechos firmes, caderas anchas y un culo que volteaba cabezas. Pero Marco... ay, Marco con su Zoot Tri Suit era puro fuego.

La sirena sonó, y el agua se llenó de cuerpos chapoteando. Ana nadó con furia, sintiendo el agua fría lamiéndole la piel, el cloro picándole en la nariz, pero en su mente solo veía esas rayas neón cortando las olas. Salió del agua jadeando, el traje chorreando, y ahí lo vio de nuevo, montando su bici como un dios pagano. Pedaleó detrás de él, el viento azotándole el pelo mojado, oliendo su sudor mezclado con el de ella misma, un aroma almizclado que le erizaba la piel.

En la transición, mientras se calzaba las zapatillas de correr, sus miradas se cruzaron. Él le guiñó un ojo, esa sonrisa pícara de mexicano que dice tú y yo, carnala.

"Órale, preciosa, ¿listos pa'l desmadre?"
le gritó, su voz ronca por el esfuerzo. Ana sintió un cosquilleo entre las piernas, el traje frotándose justo ahí con cada paso.

La carrera a pie fue un tormento delicioso. Corrieron parejos, sus respiraciones sincronizándose, el sonido de sus pies golpeando la arena caliente, el calor subiendo por sus cuerpos. Ella lo alcanzaba, rozaba su brazo sin querer-queriendo, sintiendo el calor de su piel a través del Zoot Tri Suit. Neta, ese traje se le pega como si quisiera comérselo vivo, pensó, imaginando cómo se sentiría deslizándolo hacia abajo.

Cruzaron la meta casi juntos, exhaustos, empapados en sudor, con el público aplaudiendo. Marco se acercó, jadeante, y le tendió una botella de electrolitos. Sus dedos se tocaron, un chispazo eléctrico que les recorrió el cuerpo.

"Buena carrera, reina. Ese Zoot Tri Suit mío te diste cuenta que es lo máximo, ¿verdad?"
dijo él, riendo, con los ojos clavados en sus pezones endurecidos bajo el traje húmedo.

Acto dos: la escalada

Después de la premiación, en la zona de recuperación bajo las palapas, con cervezas frías y tacos de pescado humeando, la tensión creció como marea alta. Ana se sentó junto a él, sus muslos rozándose, el olor de su sudor seco mezclándose con el limón y cilantro de la comida. Charlaron de todo: de cómo él mandó hacer ese Zoot Tri Suit custom en Tijuana, con tela transpirable pero tan ceñida que sentía cada vena palpitar.

"Es como estar desnudo, pero mejor, porque te hace sentir cabrón invencible"
, confesó Marco, su voz bajando a un ronroneo.

Ana se mordió el labio, sintiendo el calor subirle por el cuello. Quiero arrancárselo con los dientes. Le contó de sus entrenos en el malecón de Mazatlán, cómo el mar la ponía cachonda con su vaivén constante. Sus manos se encontraron bajo la mesa, dedos entrelazándose, pulgares acariciando palmas húmedas. El sol se ponía, tiñendo todo de naranja, y el aire se llenó de risas y música de cumbia rebajada.

"¿Y si nos vamos a mi cabaña aquí cerca? Necesito quitarme este Zoot Tri Suit antes de que me asfixie... o me lo quitas tú"
, murmuró él al oído, su aliento caliente oliendo a cerveza y deseo. Ana asintió, el pulso acelerado, un nudo de anticipación en el estómago. Caminaron por la playa, arena tibia entre los dedos de los pies, el mar rugiendo suave, olas lamiendo sus tobillos.

En la cabaña, puerta cerrada con llave, la luz tenue de las velas parpadeando. Marco se paró frente a ella, el Zoot Tri Suit aún puesto, brillando bajo la luz. Ana lo tocó primero, manos temblando sobre su pecho, sintiendo los pectorales duros, el corazón galopando. Es real, neta es real. Él la besó entonces, lento al principio, labios suaves probando los suyos, lengua explorando con sabor a sal y lima. Sus manos bajaron por su espalda, desabrochando el traje de ella con maestría.

El Zoot Tri Suit de él cedió al tirón del cierre, revelando piel bronceada, músculos tensos. Ana lo empujó a la cama, king size con sábanas frescas oliendo a lavanda marina. Se quitó su propio traje, quedando en nada, pechos libres balanceándose, el aire fresco erizándole la piel. Marco gimió al verla, su verga ya dura saltando libre del traje, gruesa, venosa, con una gota perlada en la punta que Ana lamió con deleite, sabor salado y almizclado explotando en su lengua.

La intensidad subió. Él la volteó boca abajo, besando su nuca, mordisqueando hombros, manos amasando sus nalgas redondas.

"Qué rico tu culo, mamacita"
, gruñó, mientras su lengua trazaba la curva de su espina, bajando hasta el centro de su deseo. Ana arqueó la espalda, gimiendo, el sonido ahogado en la almohada, oliendo su propia excitación, ese aroma dulce y terroso. Él la penetró con dedos primero, curvándolos justo ahí, el punto G que la hizo gritar
"¡Ay, cabrón, no pares!"
.

Se giraron, ella encima, guiando su verga dentro de sí, centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso, llenura total. Cabalgaron al ritmo del mar afuera, piel contra piel resbaladiza de sudor, pechos rebotando contra su pecho, uñas clavándose en sus hombros. Los gemidos se mezclaron con el viento, olfato inundado de sexo puro: sudor, fluidos, pasión cruda. Él la volteó de nuevo, embistiéndola profundo, bolas golpeando suave, su clítoris frotándose contra él con cada thrust.

El clímax llegó como ola gigante. Ana se deshizo primero, contrayéndose alrededor de él, grito ronco escapando su garganta, estrellas explotando detrás de sus párpados. Marco la siguió, gruñendo

"¡Me vengo, reina!"
, llenándola caliente, pulsos interminables.

Acto tres: el resplandor

Quedaron enredados, respiraciones calmándose, piel pegajosa enfriándose al viento de la ventana. El Zoot Tri Suit tirado en el piso como trofeo conquistado, manchado de arena y sudor. Marco la besó la frente, suave, cariñoso.

"Neta, el mejor triatlón de mi vida. Tú y mi Zoot Tri Suit, imbatibles"
, bromeó.

Ana rio, acurrucándose contra su pecho, escuchando el latido constante. Esto no es solo un polvo, es algo chido, pensó, mientras el mar cantaba su nana. Mañana habría más carreras, más entrenos, pero esta noche, en sus brazos, todo era perfecto. El deseo satisfecho pero con promesa de más, como el horizonte infinito del Caribe.

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